Literatura

El alma salvaje de nuestra sociedad

Redacción

11/06/2020 - 04:40

 

El alma salvaje de nuestra sociedad
El escritor Miguel Barrios Payares y la portada del libro de cuentos que publica Terrear Ediciones

El poeta y fundador de Terrear Ediciones, William Jiménez, conversa con el escritor Miguel Barrios Payares en torno a la lectura, el quehacer literario, la pandemia que nos mantiene encerrados y sobre “¿Dónde están los salvajes?“, el libro de cuentos de Barrios Payares que será publicado a finales del mes de junio.

William Jiménez: Miguel, en primer lugar ¿podrías contarnos cómo fue ese primer encuentro con la literatura, describirnos cómo fue esa “epifanía estética”?

Miguel Barrios Payares: Quien diga que la infancia es una época feliz, necesita que le cuente unas cuantas cosas. Nací en un pueblo pequeño que estuvo a merced de la violencia por muchos años, así que en lo único en que podía concentrarme sin que mi mamá se descorazonara era ver televisión y leer los pocos libros que había en la casa y en la biblioteca municipal. Aunque la verdad me gustaba mucho más ver televisión. Sin embargo, la experiencia de estar entre los libros era diferente e íntima. De alguna forma sentía, o creía, que al leer esos libros viejos yo tenía acceso a cosas que nadie más conocía. Era como una suerte de cofradía muy personal. Así hasta que me encontré con una bella edición ilustrada de Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne. Allí hubo un deslumbramiento. No había visto en televisión ni leído en ninguna parte de alguien tan inteligente como el Capitán Nemo, ni de nadie más osado e impetuoso que Ned Land.

W.J.: ¿Cómo fueron tus inicios como lector del género cuento? (Primeras lecturas, autores, lecturas que recuerdes como determinantes en tu formación etc.)

M.B.P.: Es curioso, pues de pequeño no leí cuentos y sí muchísimas novelas, sobre todo novelas de aventura y de ciencia ficción. Al cuento llegué ya saliendo de la adolescencia y me di de frente con Horacio Quiroga, Andrés Caicedo, Julio Cortázar y Charles Bukowski, entre otros. Luego, en talleres, conocí autores que aún son determinantes por el modo que afronto mi propia escritura. Recuerdo que, por ejemplo, cuando leí “Los confidentes de Bret Easton Ellis” algo por dentro se movió en mí, y aunque no sabía qué era, luego tuve esa misma sensación cuando me topé con esa preciosa colección de cuentos de Raymond Carver titulada “De qué hablamos cuando hablamos de amor”. Allí hay un cuento, titulado “Diles a las mujeres que nos vamos”, que al terminar de leerlo me hizo voltear la página como buscando algo más que parecía habérseme escapado y que me hizo darle una relectura inmediata. Entonces entendí que esa desazón que me quedaba al leer este tipo cuentos tenía mucho que ver con lo que se contaba entre líneas, con todo lo dicho, pero más con lo que no se decía. Eso me llevó a otro estadio del proceso. Gasté mucho tiempo preguntándome qué diablos pasaba por la cabeza de quien escribía algo como eso. Eso de seguro ayudó a moldear la forma en que veo los procesos creativos.

W.J.: Muchas de las llamadas “teorías del cuento” han generado ideas y formas preconcebidas sobre cómo narrar una historia, cómo contar un cuento. ¿Crees que hay un canon de lo que es una historia, de lo que es narrar desde una óptica breve, o de más aliento? ¿Qué piensas de esta escolástica de las formas técnicas?

M.B.P.: En los talleres literarios, a los que asistí religiosamente por años y a los que vuelvo de vez en cuando, se repasan todos los decálogos del cuento, las conferencias y consejos sobre el arte de la escritura, y eso está bien, pero al final entendí que todas esas buenas intenciones no son más que la forma cómo esos escritores, ya consagrados, sortearon sus propios dilemas y preocupaciones estéticas. Sobre esto hay una anécdota muy divertida y a la vez aleccionadora que cuenta Neil Gaiman en la introducción de la edición del décimo aniversario de American Gods. Gaiman cuenta que en tanto terminó de escribir el primer borrador de ese pedazo de libro, le comentó a un amigo escritor que ya sabía cómo escribir novelas. Su amigo lo miró, sonrió y le contestó que no se aprendía a escribir novelas, que a lo sumo se aprendía a escribir la que se estuviese escribiendo en ese momento. Pasa exactamente igual con la escritura de cuentos o al menos con la escritura de cada libro de cuentos. Es un constante aprendizaje que no puede encasillarse en fórmulas o teorías. Lo demás es pura tertulia.

W.J.: Hablar de una tradición narrativa en el departamento del Cesar es muy confuso, donde podríamos decir que existe una tradición más lírica, oral. ¿Cuál es tu visión de este contexto donde los referentes de la narrativa son escasos? ¿Te sientes dentro de una tradición de una narrativa más contemporánea?

M.B.P.: Lo que dices es cierto. Hay suficientes vestigios rastreables que nos llevarían hasta tiempos de la Colonia y que permearon el folclor de todo el Caribe y que aquí ahora tenemos en forma de Vallenato. Ya mucho después, en los ochentas y noventas, en el Cesar proliferaron grupos literarios pero sus miembros se dedicaron, en su mayoría y con mucho acierto, a la escritura de poemas. Así que no creo que haya una tradición narrativa en la región. Los resultados de la producción narrativa, en algunos casos de muy buena calidad, han sido aislados y muy dispares en el tiempo como para formar una tradición. Por otra parte, y dando respuesta a la pregunta, de sentirme dentro de una tradición literaria o movimiento, esta debería ser algo más fluctuante y poco armoniosa, algo más parecido a los tiempos en que vivimos, por lo que también tendría que ser novísimo y lo único que se acerca a ese concepto es esta escritura del fin del mundo que solo se concibe a través de la internet, algo así como el AvantPop. Una literatura hecha en tiempos de internet destinada al internet.

W.J.: Rulfo contaba que no volvería a leer un cuento si no encontraba lo que la poesía le ofrecía: revelación, estremecimiento. ¿Qué piensas de la relación del cuento con la poesía, la música, el cine y otras disciplinas? El cuento como territorio anfibio.

M.B.P.: El sustrato de todo cuento debe ser, necesariamente, la poesía. Esto no es excluyente de otras formas de arte. Arriba te conté que una de mis pasiones de infancia fue la televisión (no el cine, en el pueblo donde pasé la infancia no había salas, así que esa experiencia fue posterior). Pues bien, muchas de las formas de la narrativa las aprendí sentado frente a un televisor. Ese fue un extraño trabajo de ingeniería inversa que me funcionó por un buen tiempo. Cuando veía estas técnicas narrativas plasmadas en los libros, me decía algo así como “eso lo vi en la película del domingo pasado”. Más tarde, cuando comencé a escribir de forma más disciplinada, debí reaprenderlo todo, pero al menos ya tenía una idea clara de lo que quería. Por otra parte, y conjugado a todo esto, al menos para mí la música es fundamental a la hora de escribir. Cada cuento lleva un tiempo y una musicalidad que a mí me la da la lista de reproducción que tenga en el momento. Por ejemplo, a la hora de escribir Canto de sirenas, uno de los cuentos de ¿Dónde están los salvajes?, escuchaba todo el tiempo el álbum Hysteria de Def Leppard, pues sentía que así debía ser la musicalidad del texto. Quizá sean mañas o que simplemente no soporto el silencio.

W.J: Hablemos de ¿Dónde están los salvajes?, que es tu primer libro y que será publicado a finales de junio, pero sabemos tu dedicación al oficio de muchos años. Varios de estos cuentos han ganado concursos literarios nacionales y regionales. ¿Cómo ves la dinámica cultural de la narrativa en el ámbito editorial?, ¿cómo ves la relación con los escritores y escritoras de tu generación y ese debate conflictivo entre centro y periferia?

M.B.P.: Este libro está conformado por cuentos de los cuales varios han sido publicados en antologías y revistas y otros han recibido reconocimientos en concursos. En cuanto a la dinámica editorial, he notado que, desde un tiempo para acá, las grandes editoriales, quizá impulsadas por los múltiples concursos que se ofertan en el año, se han enfocado en la publicación de libros de cuentos, aunque mucha de la literatura que me gusta actualmente ha sido publicada desde la periferia, esto entendido como producciones de editoriales independientes y en muchos casos desde regiones apartadas del país. Ten en cuenta que hay una velada invisibilización de productos culturales no producidos desde lo que bien podemos llamar centro. Sin embargo, eso no es necesariamente malo. Esto te exime de la corrección política y los trabajos resultantes son ciertamente más auténticos. En cuanto a los escritores de mi generación, siento que lo que ahí se cocina es muy bueno. Descubro a cada momento piezas de altísima calidad literaria entre lo que se publica hoy y eso es algo que me llena de alegría.

W.J.: Podemos decir que dentro de los muchos hilos con que están cosidos los catorce cuentos de éste libro, la violencia (política, rural, urbana, sexual, de género, criminal, marginal) es una de las facetas más relevantes, y el paisaje de fondo, como reflejo de esas violencias, obliga a los personajes a una desesperanza, a escapar o abortar todo proyecto, toda tarea, todo plan en una especie de técnica de escapismo en búsqueda de una libertad interior...

M.B.P: Sí, tienes toda la razón. Es que creo que ese paisaje de fondo que mencionas construye y moldea a los personajes y pues, de esos paisajes no puede salir nada más que violencia. Aunque algunos de estos cuentos se llevan años de distancia, sí hay unas marcas comunes en todos ellos. Quizá la violencia nos ha definido como nación y libros como este son el reflejo de eso. Por otra parte, siempre he visto la libertad y el fracaso como opuestos pero solo separados por un paso. Es por ello que los personajes de los cuentos que conforman este libro siempre están al borde, en un punto crucial en que una sola decisión puede cambiar el rumbo de sus vidas y en ese punto, fallar, caer, es una posibilidad más que aceptable. A veces quisiera escribir cuentos más amables, pero simplemente no me salen.

W.J.: Llaman la atención en particular los cuentos “Manual para armar a Cecilia” y “Canto de sirenas”, que plantean ámbitos tecnológicos, buceando espacios desconocidos, distópicos, deshumanizados, y es inevitable no preguntarte por la coyuntura pandémica que vivimos, ¿ofrecerá nuevas formas de ver la vida, la muerte, las relaciones sociales y el desastre ambiental que hemos generado?, ¿cómo ver esto desde la literatura? ¿Somos los salvajes, seguiremos siéndolo?

M.B.P.: Lo primero, es que estos cuentos no son aspiracionales, sino más bien, señales de advertencia. Lamentablemente, estamos en un punto, al borde de la cornisa, en que podríamos caer en una distopía como las que muchas veces hemos leído en la ficción. Varias cosas podrían llevarnos allí. Por un lado, la tecnología que avanza más rápido que los sistemas de valores colectivos. Piensa en las personas que se someten a cirugías estéticas en garajes y en aquellos quienes son capaces de realizarlas. Por otra parte, la inequidad rampante que crea divisiones sociales, que van desde el lugar en que vivimos, casitas minúsculas como cubículos, que cruza la formación académica que recibimos y que se asienta en los trabajos mal pagos que te consumen y te convierten en un engranaje más del sistema. Y, por último, el uso que le damos al planeta, nosotros de forma indirecta al consumir sin siquiera preguntar y las grandes compañías que nos dan una catarata de productos de consumo. Todo ello es un caldo de cultivo para un mundo distópico. Y lo peor es que esta pandemia nos ha mostrado que esa posibilidad es más cercana de lo que creíamos. Me gustaría creer que esto nos enseñará y nos dará una nueva perspectiva sobre la vida, la muerte, las relaciones sociales, pero soy muy poco optimista. Esta pandemia ha desnudado el alma salvaje de nuestra sociedad. Ahí es donde entra la ciencia ficción como laboratorio de las posibilidades humanas y ha sido así desde siempre, desde el Frankenstein de Mary Shelley hasta las más rocambolescas historias de cyberpunk. Las señales han estado a la vista de todos nosotros, solo que no hemos querida verlas.

W.J.: Si hacemos una lectura amplia de lo que se publica actualmente en la narrativa colombiana, notamos un encorsetamiento de la escritura, bajo formas y temas desgastados, inducidos por el mercado, por la obediencia de ciertos narradores en busca de las prebendas del poder. ¿Qué piensas de esta dinámica del mutuo elogio mercantil, de este colonialismo mental?

M.B.P.: Es lamentable. Si sigues las líneas editoriales en las librerías, te encuentras libros muy parecidos que obedecen a las mismas leyes. Por ejemplo, en estos últimos años en Colombia se han publicado montones de novelas llenas de melancolía, con un regusto de nostalgia, que apelan a la lágrima fácil, muy ‘intelectuales’ y que se venden como literatura mayúscula. Algunos, para poder estar en un rango de aceptación de público, acomodan lo escrito y hasta se comprometen a horribles estándares de lo políticamente correcto y el resultado termina siendo, ya lo dije, lamentable. Sin embargo, el asunto me tiene totalmente sin cuidado. La corrección política es un perro del infierno.

8 Comentarios


Alvaro Maestre García 11-06-2020 06:30 PM

Habría sido muy interesante que esta magnífica entrevista con tan magnificas respuestas vinieran publicadas en el libro.. Álvaro Maestre Garcìa.

Limedis Castillo Mendoza 11-06-2020 07:16 PM

Un gran aporte a la literatura ....

Naiver Urango 11-06-2020 10:00 PM

Excelente entrevista y aún más las respuestas.

Candy Barrios 11-06-2020 10:41 PM

Excelente Migue, más que una entrevista veo rasgos muy marcados de la profundidad de tus escritos. La descripción de tu génesis en las letras, le da paso a las nostalgia de un ayer lleno de recuerdos que msrcsn tu estilo. Felicitaciones.

Hilda mier payares 12-06-2020 09:23 AM

Excelente . Miguel felicitaciones un abrazo sigue con tus sueños

Luis Barros Pavajeau 12-06-2020 12:03 PM

Excelente ambos. Una prueba maestra de todo lo que puede ofrecer la región, la provincia , la periferia a la corriente universal del arte. Enhorabuena.

Amilvega 15-06-2020 10:42 PM

Muy interesenate, por un momento me extrapole a las fantásticas y reales narrativa del escritor...su singular gusto por el arte, hace un gran ímpetu en cada uno de sus escritos. Felicitaciones!!!!

MUCHA 21-06-2020 02:12 PM

Sos fascinante Me alegro que te esté yendo bien Escribir un libro como el tuyo No es fácil Se necesita intensidad y ganas de la soledad que es escribir para mi A veces Un abrazo muchacho de los ojos color papel

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