Literatura
Azul y amarillo

“Nada, nada morirá jamás. La corriente sigue su curso, el viento sopla,
la nube vuela ligera, el corazón palpita. Nada morirá”.
Joseph Merrick
La noche fría. Él. Ella. Los trozos de madera encendidos. La llamarada y sus formas cambiantes: las miradas puestas en éstas, fijas, hacía cincuenta y ocho minutos. La respiración profunda, sin apuros, casi sincronizada entre ambos. El pestañeo lento, pesado. Ninguna palabra en los mismos minutos. El sillón marrón, grande, viejo, cómodo. Los cuerpos distendidos. El perro imperturbable, eterno. El gato hermoso, impávido. El otro gato, ausente. El tiempo en la pared: 11:58. El fuego, azul y amarillo, vivo, sonoro, bello… Aun así, él sintió frío: un frío cálido, incómodo. Y de modo repentino, sintió miedo: su mirada viajó, su respiración cambió. Ella lo sintió. El silencio cesó.
––Ya faltan dos minutos ––dijo ella.
––Creo que voy a morir temprano ––razonó él.
––¿Por qué dices eso? ––preguntó ella con disgusto y ternura.
––No sé. Supongo que es lo que merezco ¿no?
Siguió hablando, pausado, apesadumbrado, mientras la pierna izquierda se le llenaba por dentro de hormigas invisibles.
––Sería apenas lógico, natural, con la vida que he llevado. He hecho todo mal: no he cuidado de mí ––remató, sintiendo compasión por sí mismo––.
––No, ¿quién dijo? De pronto yo me voy primero. No se sabe. Con ese tema nunca se sabe. Lo mejor es no pensar, y seguir ––se acercó un poco y, con su mano, suave, le rozó la parte lateral derecha de la cabeza––. No pienses más en eso.
Una astilla se quebró. La mirada regresó.
––No me quiero morir ––dijo, abrazándose a ella––. Y lloró, tímido, sin hacer ruido.
––¿De qué hablas? Calla esos ojos, por favor. Aquí nadie se va morir: ni hoy ni mañana ni nunca ––dijo ella, con absoluta seguridad, aterrada de miedo.
Él se acercó aún más y se acomodó al lado de ella, entre su cuello y su pecho. Ella le dio un beso en la cara, cerca del ojo izquierdo. Él pasó las manos por su espalda, y la apretó en un abrazo confuso. La fogata toda crujió. El azul y el amarillo crecieron. El perro roncó. El gato bostezó. El otro gato apareció.
––Deja de preocuparte, que la muerte no sé hizo para nosotros ––le dio otros dos besos en la cicatriz de la frente, arriba del ojo derecho––. Alégrate. Mañana, hoy, vamos a celebrar tu cumpleaños, como a ti te gusta: haciendo nada.
La sonrisa triste, leve, en ambos. Las manos, calientes la de él, frías las de ella, se unieron. El silencio regresó.
Giancarlo Calderón
Sobre el autor
Giancarlo Calderón Morón
Perro en misa
Comunicador Social de la Pontificia Universidad Javeriana, de Bogotá (2003). Ha sido colaborador en temas relacionados con cultura y entretenimiento: pintura, música, cine y televisión, entre otros, del periódico El Espectador (2012-2021). Director de trabajos audiovisuales de corte institucional (Convenio Secretaría de Salud de Bogotá - Fondo de Población de las Naciones Unidas -UNFPA- 2007-2011). Guionista y director de la serie documental “II Laboratorio de Paz” (Acción Social - Unión Europea 2008). Realizador y asistente de dirección del programa del Ministerio de Cultura “La Cultura Viva” (Virtual T.V. - Señal Colombia 2005-2006).
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