Literatura

“No me comparen con Cervantes”

Eddie José Dániels García

26/01/2021 - 05:20

 

“No me comparen con Cervantes”
El Premio Nobel García Márquez junto al Rey Vallenato 1983, Julio Rojas / Foto: FFLV

 

La celebración del Festival de la Leyenda Vallenata de 1983, aparte de la fama y el renombre que tiene en todo el país la realización de “esta tremenda parranda”, este año pintaba que sería superior a todos las anteriores y la junta organizadora había dispuesto el máximo empeño para que su desarrollo fuera milimétrico y no presentara ninguna falla que pudiera ser objeto de críticas o reproches. Era nada menos que la realización de la XV versión del sonado festival, que este año, por razones de fuerza mayor, que se dieron a conocer en su momento, alteró la fecha de su ejecución, acostumbrada a finales de abril, y se realizó entre el 8 y 12 de junio, cinco días que fueron esperados afanosamente por la monumental fanaticada de la música vallenata. Y era lógico el afán de la gente, porque este año el jurado contaría con la presencia de Gabriel García Márquez, recién laureado  Premio Nobel de Literatura, Enrique Santos Calderón, Rafael Rivas Posada, Miguel López Gutierrez y Leandro Díaz Duarte, destacados personajes del periodismo, la política y el folclor vallenato.

En Colombia, la familiaridad de García Márquez con la Villa del Santo Ecce Homo era más que conocida. Sus abuelos maternos, Nicolás Ricardo Márquez Mejía y Tranquilina Iguarán Cotes, eran naturales de Riohacha y tenían raíces repartidas en todos los pueblos que conformaban, en ese entonces, las vastas provincias de Padilla, Santa Marta y Valledupar. Por esta razón, Luisa Santiaga, su progenitora, quien había nacido en Barrancas, siendo joven, solía frecuentar la profusa parentela que tenía en todos los pueblos que habitaban estas regiones. El escritor, por supuesto, conocía, como las palmas de sus manos, los ancestros que lo rodeaban en la costa Caribe. Además, en Valledupar, desde muchísimos años atrás, cuando había sido vendedor de enciclopedias en esos lares, había cimentado una profunda amistad con el célebre compositor Rafael Escalona Martínez y con otros geniales cultivadores del folclor como Tobías Enrique Pumarejo, Leandro Díaz Duarte, Armando Zabaleta Guevara, Luis Enrique Martínez, Colacho Mendoza y los hermanos Pablo y Miguel López Gutiérrez, nativos de La Paz, Cesar.

Asimismo, García Márquez cargaba en sus espaldas el mérito de haber sido el primer costeño que en marzo de 1966, cuando aún no había publicado su novela cumbre, tuvo la idea de realizar un festival vallenato para ver y apreciar cómo había evolucionado la música de Francisco “el hombre” en los últimos años. Había llegado de México y tras asistir como jurado al festival de cine de Cartagena, se trasladó a Barranquilla con el propósito de contactar a sus antiguos amigos del “grupo” para gozarse una buena parranda con música de acordeón. Allí mismo le nació la idea de realizar un festival vallenato en Aracataca, el pueblo magdalenense donde había nacido el 6 de marzo de 1927, había abandonado en 1937, año que murió su abuelo, y no visitaba desde comienzos de 1952, cuando había ido con Luisa Santiaga, su madre, a vender la casa de la familia. Entonces, llamó a Valledupar y se comunicó con su viejo amigo Rafael Escalona y, después de acordar detalles referentes al hospedaje, al trago y a la comida, acordaron encontrarse en la tierra del telegrafista, al día siguiente en las horas de la tarde.

La rosca currambera, además de García Márquez, estuvo integrada por los periodistas Daniel Samper Pizano y Olga Pachón de Galán, los fotógrafos Kike Scopell y Guillermo Angulo, los cronistas German Vargas Cantillo y Alfonso Fuenmayor y el promisorio novelista Alvaro Cepeda Samudio, quien dispuso varias canastas de cerveza, gracias al alto cargo que desempeñaba en Cervecería Aguila. De Valledupar salieron en dos carros, con el mismo destino, Rafael Escalona, Darío Pavajeau, Colacho Mendoza, el cajero Simón Herrera, el guacharaquero Adán Montero y el pintor Jaime Molina, quien decidió quedarse en el Copey, fastidiado por la largueza e incomodidad del viaje. El festival, convertido en una parranda singular, se realizó con buenos sancochos de gallina criolla, abundante cerveza, whiskies Robertico y Caballo Blanco, y el popular Ron Caña, de la licorera del Magdalena. Ejecutaron sus acordeones, sin ánimo de competencia, Luis Enrique Martínez, Colacho Mendoza, Ramón Vargas y Chelo Rojano. García Márquez bebió hasta el cansancio, pero se mantuvo sereno observando el desarrollo del encuentro.   

Por esta razón, la escogencia de García Márquez como jurado estrella del Festival Vallenato de 1983 no generó ningún reparo en los miembros de la junta organizadora, y fue vista como un verdadero acierto por la opinión colombiana y, en particular por los amantes del vallenato, que sabían de sobra los profundos conocimientos y los sinceros afectos que sentía el escritor por esta música, de la cual había hecho una gran apología en Cien años de soledad, su novela estelar. Afecto que quedó demostrado en diciembre de 1982, cuando viajó a Estocolmo a recibir el Premio Nobel e incluyó entre sus acompañantes a Rafael Escalona Martínez, Pablo López Gutiérrez y los hermanos Emilianito y Poncho Zuleta, quienes, posterior a la ceremonia, se lucieron e hicieron una presentación sin antecedentes en el Palacio Real de Estocolmo. Según la estimación de la junta organizadora, este jurado, sin duda alguna, le daría mucha trascendencia al evento de este año, el cual traspasaría las fronteras patrias para entronizarse en el exterior como un espectáculo prestigioso de connotación universal.

Por sus múltiples ocupaciones en el ambiente literario, García Márquez le comentó a la Junta Organizadora que no podía estar presente en la fecha establecida para realizar el Festival, y le sugirió la posibilidad de postergarlo para el mes de junio, cuando él, habiendo despejado un poco su agenda, tenía disponibilidad temporal. La sugerencia fue aceptada con agrado. Enseguida se escogió la nueva fecha y se iniciaron los preparativos del certamen, que, aparte de exhibir su presencia en la mesa del jurado, lo incluyó otras programaciones académicas y culturales. Toda la actividad festivalera sazonada con la invitación a dos o tres parrandas, a las que asistiría también la aristocracia bogotana, representada por su pariente lejano Alfonso López Michelsen, eran primos hermanos en segundo grado, amante de la música vallenata y quien había sido uno de los fundadores del renombrado Festival Vallenato en 1968. Vendrían, también, los hermanos Daniel y Ernesto Samper Pizano y otros colados, cuyos apellidos hegemónicos, han dado al traste con el país en sus en sus doscientos años de vida republicana.

García Márquez llegó a la Ciudad de los Santos Reyes con dos días de anticipación, y dentro de las actividades culturales que contenía la programación se había incluido una visita al prestigioso Colegio Nacional Loperena, para que “el Premio Nobel” fuera conocido por la comunidad estudiantil. La organización del acto estuvo a cargo de los profesores de español y Literatura, quienes pusieron el mayor cuidado para que todo resultara a las mil maravillas. Empezaría a las 9 de la mañana y culminaría a las 11. Incluía recitales, cantos vallenatos, dramatizados, discursos y, lógicamente, las palabras del homenajeado. A su llegada, los estudiantes le harían calle de honor con pompones amarillos y se lanzarían al aire muchísimas mariposas del mismo color. Sobre las 9 de la mañana se presentó el invitado, y después de saludar al rector y los profesores que lo abordaron, preguntó con cierto disimulo: “¿Quién va a hablar en el programa?”. El profesor Jairo Tapia Tietjen, mi compadre, q.e.p.d., escogido para tal fin, se le presentó. El escritor lo llamó aparte y en secreto le dijo: “Ahora… no quiero que me vaya a comparar con Jorge Isaac, con José Eustasio Rivera y mucho menos con Cervantes”.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario Autorizo el tratamiento de mis datos según el siguiente Aviso de Privacidad.

Le puede interesar

Los pasillos secretos en el mundo despreciable de Álvaro Mutis

Los pasillos secretos en el mundo despreciable de Álvaro Mutis

"El último hombre sobre la tierra lo que hará antes de morir es escribir poesía. Será un lamento, un decir, qué hice, qué es esto...

¿Cómo escribir la vida de otra persona?

¿Cómo escribir la vida de otra persona?

  «Abuela, cuéntanos cosas de cuando tú eras pequeña», nos pide una vocecilla que, a veces, no es más que el eco de nuestros pr...

No te rindas, el poema de Mario Benedetti

No te rindas, el poema de Mario Benedetti

El poeta uruguyo Mario Benedetti es conocido por sus poemas que cantan al amor y la amistad, pero también debe resaltarse su poesía q...

Euparí Roll

Euparí Roll

Lejos de Valledupar, alejado del valle de Euparí, en la fría e impersonal Bogotrash, donde el cachaco es un gato y un perro a la vez,...

Melba Escobar: “Una historia es un cambio de estado”

Melba Escobar: “Una historia es un cambio de estado”

Cada escrito es un nuevo comienzo. Un nuevo proceso de aprendizaje. Las reglas y las experiencias cambian de repente, como si el entorn...

Lo más leído

Las capillas doctrineras: huellas de los tiempos coloniales

Paula Andrea Grisales Naranjo | Patrimonio

Una corta charla con Raúl Gómez Jattin

Wladimir Pino Sanjur  | Literatura

Alicias adoradas y olvidadas

Henry Vergara Sagbini | Opinión

Los trofeos del profesor Armenta

Álvaro Yaguna Nuñez | Opinión

Una raíz y dos piedras

Giancarlo Calderón Morón | Artes plásticas

Síguenos

facebook twitter youtube

Enlaces recomendados