Literatura

La emoción del libro impreso

Diógenes Armando Pino Ávila

16/04/2021 - 04:50

 

La emoción del libro impreso
El escritor Diógenes Armando Pino Ávila ojea su último libro / Foto: archivo particular del autor

 

Escribir un libro demanda mucho esfuerzo, trabajo, concentración, mucha lectura, aislamiento, investigación, desprendimiento de aficiones y costumbres rutinarias y otra cantidad de cosas que el escritor se ve precisado hacer para lograr su objetivo. Pareciera que la labor de escribir el libro parara ahí, pero no. Abandonar algunas rutinas para adquirir o practicar otras no es fácil, en estos tiempos de redes y tecnologías, abandonar el tuit, el whatsapp, el Instagram, el Facebook es una de las cosas que requieren férrea voluntad para que el escritor se aísle; claro está que, en los recesos de la escritura, devora las redes en forma compulsiva y como un loco dispara tuits, publica estados y opina en todas sus redes. Apagar el celular, decirle a la familia que nieguen su presencia a cualquier visita en las horas de su rutina de escritura, es también, parte de los sacrificios que encierra el arte de escribir.

Ahora, si debes escribir y atender tus asuntos laborales, la cosa se complica más, pero ello se resuelve afincando las rutinas de escritura, fijando horarios para tal fin y como decía, Atahualpa Yupanqui, apagando la lámpara mucho más tarde. Terminado el texto borrador, viene la reescritura, la corrección, eliminar, adicionar, suprimir, adaptar, replantear, el inconformismo con lo realizado, las ganas de destruir lo escrito y comenzar de nuevo. La lectura y relectura en horas interminables antes de dar a leer el texto a algún amigo o familiar con criterio formado y que sea capaz de criticar sin piedad lo producido y que esa crítica sitúe al escritor y le baje los humos de genialidad que se ha creado al momento de escribir.

Pasar a otros lectores externos, generalmente amigos que, bondadosamente, acceden a dedicar unas horas a leer el texto, la espera impaciente por escuchar o leer el comentario de ese o esos amigos, luego de lo cual, nuevas lecturas, correcciones, cortes, agregados, en fin, repetir procesos ya realizados, hasta que llega el momento de sentimientos ambivalente de pavor y al mismo tiempo alegría de poner el punto final y, si tienes los recursos suficientes para pasar ese texto a un corrector de estilo, y si no jugártela como esté y mandarlo a imprimir, no sin antes enfrentar el dilema de la carátula.

Ya en la imprenta, te llega el primer machote, es decir un borrador impreso y encuadernado de tu libro, el cual debes leer con mucho más cuidado y volver a corregir para devolver a la imprenta, luego el segundo machote, y encuentras con sorpresa que sigue habiendo errores, bien de estilos u ortográficos y debes de nuevo corregir frases, sintaxis, párrafos, palabras en fin de todo. Días después, te llega el tercer machote, el cual debes leer cuidadosamente y corregir errores que no habías visto y devolver el machote corregido para la impresión. A partir de ahí corren los tiempos de la Cámara del libro para asignarte el código de barra de ISBN y, finalmente, por fin, puedes abrazar tu libro como si fuera tu primer hijo recién nacido.

Con el libro en las manos sufres una exaltación jamás sentida, una alegría inmensa, un júbilo que inunda tu alma y te llena a plenitud, te sientes realizado. No sabes aún que el proceso continúa, buscar lectores, buscar quien te compre el libro, buscar quien lo quiera vender. En tanto, los amigos llegan a pedirte regalado el producto de tu numen, otros más recatados y considerados lo comprarán, pero tu alegría sigue intacta, tu exaltación perdura y tu ego inflado sigue ahí, diciéndote ¡Lo lograste!

Pensé que eso se sufría en el primer libro, yo lo sufrí, pero a resumidas cuentas se sufre en todos, en el segundo, en el tercero, en el cuarto, hoy lo estoy sufriendo con mi quinto libro, he pasado por todo el proceso narrado anteriormente, lo he sufrido casi que en forma similar con todos mis libros, muy a pesar de que estoy más maduro y que bajo el puente de mi edad han pasado muchos años, pues peino canas y mis hirsutas barbas se han encanecido también.

Este quinto libro lo dedico a todos ustedes mis queridos lectores, pues con sus lecturas hicieron posible el milagro de que siguiera escribiendo. Lo dedico a PanoramaCultural.com.co y al Nuevo Sur que le dieron hospitalidad a mis escritos. A los amigos que me pidieron que reuniera esos textos en un libro para facilitar su lectura y preservar el anecdotario de mi pueblo. Gracias a todos.

 

Diógenes Armando Pino Ávila

@Tagoto

Sobre el autor

Diógenes Armando Pino Ávila

Diógenes Armando Pino Ávila

Caletreando

Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).

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2 Comentarios


Myriam Esther Vega Lopez 16-04-2021 09:59 AM

Felicitaciones Diógenes, excelente tu reflexion como escritor Me gustó

Álvaro Maestre García 16-04-2021 11:32 AM

!Y pensar, con cierta tristeza, que se encuentra uno un cuaderno de cien hojas, vacíos, con una portada de una mujer escasa de ropaje o de un rapero con exceso de ropa por $50.000 en los supermercados y la gente duda en pagar por un libro mayor con todo el esfuerzo descrito maravillosamente por ti, ese monto hermano. El esfuerzo intelectual cada dia más devaluado y la esperanza es aún peor de lo que se pueda suponer!

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