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Cuentos breves publicados en mi libro “La noche de los mil arcoíris” en el capítulo Textículos para el seso.
CERRANDO EL ALMA
Desde hace cincuenta años, todas las noches repite como un ritual religioso la rutina de asegurar las puertas y ventanas de su casa, corre cerrojos, aldabas, pestillos, cierra candados, y atraviesa trancas por toda la casa, luego sella con amasijos de papel periódico mojado todas las grietas y junturas desde la que el ojo ajeno pude espiar sus aposentos.
Comenzó su historia a los dieciocho años cuando tomó la decisión de cerrar su alma a los hombres, después del fracaso que tuvo al abrir el corazón y las piernas a su primer amor.
EL COMIENZO
Restregó contra la pernera de su pantalón la sudorosa mano que sostenía la pistola. Se concentró en la espera.
—Ya debería haber pasado por aquí; de todas maneras, le quedan pocos minutos de vida —se dijo.
Miró el arma que esgrimía y comprobó que, efectivamente, estaba cargada con el agua de la pileta y siguió esperando a su vecinito.
ECLIPSE
En la infinidad del espacio sideral, El Sol y La Luna, viajeros del universo, sufrieron el síndrome humano de la mutua atracción que nada tiene que ver con el ordenamiento gravitacional del cosmos. Él, galante, le declara amor eterno, y ella, bajando los ojos con infinita ternura, le acepta sus pretensiones.
Entre caricias y besos, les llega el deseo. Él, tomando siempre la iniciativa, la cita a un discreto lugar interestelar. Ella, con sumisión de quinceañera, asiste enamorada al encuentro. Ya en su nido de amor, él la desviste presuroso, cubriéndola de besos, venciendo su tímida resistencia. Ella, ingenua, le abraza con pudor y devuelve uno a uno todos los besos. Al rato, para coitar libremente, apagaron la luz.
DAVID Y GOLIAT
Cuarenta días. La escena se repetía exactamente igual: un gigantón de los filisteos, bocazas mejor, bajaba de la pequeña montaña al valle y desafiaba a los israelitas de las huestes del Rey Saúl, insultándoles y retándoles a que escogieran a su mejor hombre para que peleara con él, y el que ganara sería el señor de los perdedores y tendrían que servirle.
Ese día, David, el hijo de Isaí de Belén, visitaba a sus tres hermanos mayores, soldados del ejército de Saúl. Estando ahí escuchó al tal Goliat desafiante que insultaba a los soldados de Israel y, no pudiendo aguantar la rabia, corrió hacia donde estaba el gigante. Solo llevaba su cayado, una honda y cinco guijarros tomados del río. El pequeño David en nombre de Jehová desafió a Goliat. A prudente distancia y con precaución sacó la honda y la cargó con un guijarro filudo y lo lanzó con todas sus fuerzas contra Goliat, atinando darle un fuerte golpe en la frente que derrumbó sin conocimiento al gigante. Entonces, por precaución corrió sobre el caído, le quitó la espada y, otra vez por precaución, siempre le cortó la cabeza.
Diógenes Armando Pino Ávila
@tagoto
Sobre el autor
Diógenes Armando Pino Ávila
Caletreando
Diógenes Armando Pino Ávila (San Miguel de las Palmas de Tamalameque, Colombia. 1953). Lic. Comercio y contaduría U. Mariana de Pasto convenio con Universidad San Buenaventura de Medellín. Especialista en Administración del Sistema escolar Universidad de Santander orgullosamente egresado de la Normal Piloto de Bolívar de Cartagena. Publicaciones: La Tambora, Universo mágico (folclor), Agua de tinaja (cuentos), Tamalameque Historia y leyenda (Historia, oralidad y tradición).
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