Literatura

La lectura, según Roland Barthes

Elsa M. Ramírez Leyva

16/06/2021 - 04:45

 

La lectura, según Roland Barthes
El escritor y ensayista francés Roland Barthes / Foto: crédito a su autor

 

Roland Barthes señaló en sus reflexiones que los estudios sobre la lectura habían orientado su atención hacia el autor y casi nunca al lector. En ese marco, el autor es considerado la autoridad y el lector poco menos que un usufructuador compelido a captar el sentido de la obra o a forzarlo en aras de una conclusión de acuerdo a un modelo deductivo, racional.

Para Barthes, al contrario de la escritura, la lectura disemina, dispersa. La lógica de la lectura no es deductiva sino asociativa, porque vincula el texto material con otras ideas, otras imágenes, otras significaciones, como una lógica que difiere de las reglas de la composición. El texto que se escribe debería denominarse textolectura, en tanto que la lectura reconstituye y trasciende al individuo lector o escritor, debido a las asociaciones engendradas por el texto, asociaciones que lo preceden y se entresacan e insertan en determinados códigos, determinadas lenguas, determinadas listas de estereotipos. Asimismo, la lectura está sujeta a ciertas reglas que no proceden del autor sino de una lógica milenaria de la narración, de una forma simbólica que nos constituye antes de nuestro nacimiento; en otras palabras, de un espacio cultural del que nuestra persona, lector o autor, no es más que un episodio. En la lectura —apunta Barthes—no hay verdad objetiva o subjetiva: hay verdad lúdica en el trazo del texto, porque las normas que proporcionan a la lectura sus confines, al mismo tiempo le otorgarán su libertad. El juego no es distracción, es trabajo del que se evapora todo esfuerzo:

Leer es hacer trabajar a nuestro cuerpo siguiendo la llamada de los signos del texto, de todos esos lenguajes que lo atraviesan y que forman una especie de irisada profundidad en cada frase”.

En Sobre la lectura, texto escrito por Barthes en 1975, el autor aborda la cuestión “¿Qué es leer?”, y se interroga a sí mismo acerca de la necesidad de una doctrina a ese propósito y se plantea dudas en tal sentido, porque la lectura puede considerarse constitutivamente un campo plural de prácticas dispersas y efectos irreductibles, de manera que la lectura de la lectura —la metalectura— no sería en sí misma sino un destello de ideas, de temores, de deseos, de goces y de opresiones, porque la lectura desborda a su objeto.

Barthes, al plantear la pregunta sobre la lectura, aclara primero que no tenía una doctrina relativa a ella, aunque sí empezaba a esbozar una referente a la escritura. Además, pone de manifiesto su distancia de la pedagogía, y de alguna manera también de la lingüística, para dilucidar más libremente la cuestión. Al elaborar su propuesta considera cuatro ejes: pertinencia, rechazo, deseo y sujeto.

Para Barthes, la pertinencia es el punto de vista elegido para observar, interrogar, analizar los elementos de un conjunto, por lo que la falta de pertinencia en el análisis de los objetos de la lectura nos lleva a la imposibilidad de experimentar una anagnosis, en el análisis de la lectura no hay pertinencia de los objetos de la misma, ya que se leen textos, imágenes, ciudades, rostros, gestos, escenas, y en consecuencia no es posible unificarlos en alguna categoría sustancial o formal; lo único que se puede encontrar en ellos es una unidad intencional, es decir, el objeto que se lee está fundamentado en la intención de leer que proviene no de una semiología sino de una fenomenología. Tampoco se encuentra la pertinencia en el dominio de la lectura, puesto que resulta imposible describir niveles de lectura en tanto que no es factible cerrar la lista de ellos.

Barthes explica que la lectura gráfica se inicia con el aprendizaje de las letras, de las palabras escritas, aunque hay lecturas sin aprendizaje técnico (las imágenes). Sin embargo, en esta lectura, el aprendizaje se encuentra en el orden de lo cultural, es decir, de lo simbólico. Una vez adquirido ese aprendizaje es difícil saber hasta dónde llegan la profundidad y la dispersión de la lectura, a lo que Barthes pregunta, en la captación de un sentido, ¿de qué clase es ese sentido?, ¿es denotado o connotado? El autor en cuestión señala que tal sentido es ético, porque el denotado pasa por ser el sentido verdadero que funda una ley —por ejemplo, las verdades científicas—, mientras que la connotación, más libre en tanto que es evocativa, consagra un derecho al sentido múltiple y libera así la lectura: ¿es posible saber hasta dónde?, ¿es infinito ese sentido? No hay límite estructural que pueda cancelar la lectura, aunque también, en sentido inverso, se puede decidir que en el fondo de todo texto, por legible que haya sido en su concepción, queda un resto de ilegibilidad. El saber-leer puede controlarse, verificarse, en su estadio inaugural; sin embargo, muy pronto se convierte en algo sin fondo, sin reglas, sin grados y sin término.

Barthes concluye que la in-pertinencia es “algo” congénito a la lectura. Luego, rescata ese “algo” y lo coloca en la dimensión del deseo. Así, el semiólogo francés afirma que toda lectura está penetrada de deseo y que por ello escapa a la anagnosología. Aunque toda lectura se produce en el interior de una estructura, por múltiple y abierta que ésta sea, la lectura no traspasa la estructura, porque la necesita y la respeta, sin embargo, también la pervierte al establecer su orden.

 

Elsa M. Ramírez Leyva

Acerca de esta publicación: el artículo “ La lectura, según Roland Barthes ” de la investigadora Elsa M. Ramírez Leyva, corresponde a un extracto del ensayo académico publicado anteriormente bajo el título: “ ¿Qué es leer? ¿Qué es la lectura? ” por el mismo autor.

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