Literatura

Siete poemas eróticos y apasionados de poetas famosos

Redacción

17/06/2021 - 05:10

 

Siete poemas eróticos y apasionados de poetas famosos
Foto: Getty images

 

En cada palabra puede esconderse un fuego. Un deseo. La poesía es el lenguaje del anhelo, de la fantasía y del recuerdo. No hay mejor imagen que la de un poema poderoso. Esto también vale para el amor, la pasión y el cuerpo.

Muchos escritores han recreado el amor y el erotismo en sus poemas por ser uno de los temas más evocadores. A continuación, publicamos 7 poemas que encienden los sentidos y despiertan todo tipo de pensamientos…  

 

PIENSO EN TI, de César Vallejo

Pienso en tu sexo. 

Simplificado el corazón, pienso en tu sexo, 

ante el hijar maduro del día. 

Palpo el botón de dicha, está en sazón. 

Y muere un sentimiento antiguo 

degenerado en seso. 

 

Pienso en tu sexo, surco más prolífico 

y armonioso que el vientre de la sombra, 

aunque la muerte concibe y pare 

de Dios mismo. 

Oh Conciencia, 

pienso, si, en el bruto libre 

que goza donde quiere, donde puede. 

 

Oh escándalo de miel de los crepúsculos. 

Oh estruendo mudo. 

 

¡Odumodneurtse!

 

DOS CUERPOS, de Octavio Paz

Dos cuerpos frente a frente 

son a veces dos olas 

y la noche es océano. 

 

Dos cuerpos frente a frente 

son a veces dos piedras 

y la noche desierto. 

 

Dos cuerpos frente a frente 

son a veces raíces 

en la noche enlazadas. 

 

Dos cuerpos frente a frente 

son a veces navajas 

y la noche relámpago. 

 

Dos cuerpos frente a frente 

son dos astros que caen 

en un cielo vacío.

 

LA CASADA INFIEL, de Federico García Lorca

Y que yo me la llevé al río 

creyendo que era mozuela, 

pero tenía marido. 

 

Fue la noche de Santiago 

y casi por compromiso. 

Se apagaron los faroles 

y se encendieron los grillos. 

 

En las últimas esquinas 

toqué sus pechos dormidos, 

y se me abrieron de pronto 

como ramos de jacintos. 

 

El almidón de su enagua 

me sonaba en el oído, 

como una pieza de seda 

rasgada por diez cuchillos. 

 

Sin luz de plata en sus copas 

los árboles han crecido, 

y un horizonte de perros 

ladra muy lejos del río. 

*  

Pasadas las zarzamoras, 

los juncos y los espinos, 

bajo su mata de pelo 

hice un hoyo sobre el limo. 

Yo me quité la corbata. 

Ella se quitó el vestido. 

Yo el cinturón con revólver. 

Ella sus cuatro corpiños. 

 

Ni nardos ni caracolas 

tienen el cutis tan fino, 

ni los cristales con luna 

relumbran con ese brillo. 

 

Sus muslos se me escapaban 

como peces sorprendidos, 

la mitad llenos de lumbre, 

la mitad llenos de frío. 

 

Aquella noche corrí 

el mejor de los caminos, 

montado en potra de nácar 

sin bridas y sin estribos. 

 

No quiero decir, por hombre, 

las cosas que ella me dijo. 

 

La luz del entendimiento 

me hace ser muy comedido. 

 

Sucia de besos y arena 

yo me la llevé del río. 

 

Con el aire se batían 

las espadas de los lirios. 

 

Me porté como quien soy. 

Como un gitano legítimo. 

 

Le regalé un costurero 

grande de raso pajizo, 

y no quise enamorarme 

porque teniendo marido 

me dijo que era mozuela 

cuando la llevaba al río.

 

PUNTO G, de Carmen Matute

Un desangrarse lento

Remontable

hasta la más pérfida belleza

hasta el misterio de la carne inerme

 

un ciego encadenarse

a la vida

en medio de secretas humedades

fingiéndose criatura marina

o tal vez demonio

cómplice de un ángel

goloso y triste

 

un desangrarse

un encadenarse

un agonizar feroz

entre la luz imprecisa y virgen

de un eclipse

cerrados los labios y los ojos

pero abierta

extraviada

florecida.

 

UN ROCE BREVE, FUGITIVO… de Clara Díaz Pascual

Un roce breve, fugitivo

como el ala de una mariposa

hizo arder el aire en un instante

entre tu cuerpo y el mío.

 

El universo se ocultó a mis ojos

y se encerró en un latido.

Tus miradas se volvieron mares

y sus olas mecieron mi destino.

 

Para siempre, un instante,

que ninguna muerte extinguirá,

mientras te ame.

 

AMANTES, de Alejandra Pizarnik

Una flor

no lejos de la noche

mi cuerpo mudo

se abre

a la delicada urgencia del rocío.

 

AGUA SEXUAL, de Pablo Neruda

Rodando a goterones solos,

a gotas como dientes,

a espesos goterones de mermelada y sangre,

rodando a goterones,

cae el agua,

como una espada en gotas,

como un desgarrador río de vidrio,

cae mordiendo,

golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras delalma,

rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

-

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,

un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,

un movimiento agudo,

haciéndose, espesándose,

cae el agua,

a goterones lentos,

hacia su mar, hacia su seco océano,

hacia su ola sin agua.

-

Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,

bodegas, cigarras,

poblaciones, estímulos,

habitaciones, niñas

durmiendo con las manos en el corazón,

soñando con bandidos, con incendios,

veo barcos,

veo árboles de médula

erizados como gatos rabiosos,

veo sangre, puñales y medias de mujer,

y pelos de hombre,

veo camas, veo corredores donde grita una virgen,

veo frazadas y órganos y hoteles.

-

Veo los sueños sigilosos,

admito los postreros días,

y también los orígenes, y también los recuerdos,

como un párpado atrozmente levantado a la fuerza

estoy mirando.

-

Y entonces hay este sonido:

un ruido rojo de huesos,

un pegarse de carne,

y piernas amarillas como espigas juntándose.

Yo escucho entre el disparo de los besos,

escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

-

Estoy mirando, oyendo,

con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma

en la tierra,

y con las dos mitades del alma miro al mundo.

-

y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,

veo caer un agua sorda,

a goterones sordos.

Es como un huracán de gelatina,

como una catarata de espermas y medusas.

Veo correr un arco iris turbio.

Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

 

PanoramaCultural.com.co

 

 

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