Literatura

El realismo caribe de David Sánchez Juliao (Segunda parte)

Andrés Elías Flórez Brum

26/07/2021 - 04:50

 

El realismo caribe de David Sánchez Juliao (Segunda parte)
El escritor David Sánchez Juliao / Foto: créditos a su autor

 

Dulce veneno moreno” es la penúltima novela de David Sánchez. Es una novela ágil, vertiginosa, de fácil lectura, muy bien escrita, muy bien tejida, con mucha información, con un procedimiento técnico novedoso, bien elaborado. La historia narrada transcurre en un vuelo de Montería a Bogotá. Un francés, mesié Poulenc, hombre experimentado y divorciado, se enamora de una mulata monteriana en París, se casa con ella y se viene a vivir a Montería. Ya de regreso a su país de origen, le cuenta la historia a una pareja que tropieza al abordar el avión.

“Catalina y yo habíamos conocido a Jean-Claude en París, en forma casual unos años atrás…”. “Varios años después de aquel verano de París, Catalina y yo nos aprestábamos a tomar un avión desde Montería a Bogotá…”.

Jean-Claude Poulenc cuenta la historia en el avión a estos dos pasajeros, Catalina y el escritor, mientras comparten unos tragos de whisky. Cómo se enamora de esta bella mulata monteriana que lo enloquece, Ludisbel Brunal, que es el tipo de mujer con el cual siempre había soñado. Le atrae en principio, el color de su piel y su cuerpo y la manera como se viste en Paris (sin dejar por fuera de la narración sus antecedentes con otras mujeres). En Montería, los papeles se invierten, Ludisbel deja de vestirse de esa manera tan Caribe y asume la moda de una parisina, preocupada por aparecer en las páginas del periódico local como la doctora Ludisbel Brunal y abandona por completo a su marido. Es tanto el cambio que éste llega a preguntarse: “¿por qué se había afirmado en lo propio con tanto orgullo en la distancia y por qué, estando ya en lo suyo, se afirmaba de tal manera en lo ajeno?”. Como veremos, es una novela de amor, con una estructura novedosa. Aunque este recurso (el interior de un avión durante el vuelo), se ha utilizado a menudo, sobre todo en el cine.

En Dulce veneno moreno, las prendas que usa y vende Ludisbel, y que atraen tanto al francés: la bata wayuu, el sombrero vueltiao, las abarcas, la hamaca… son elementos temáticos, referentes, que se vuelven reiterativos, acaso con el propósito de reafirmar una identidad. Lo curioso es que quien lo manifiesta no es un costeño sino un francés. “…Sí, los fabricaban en la misma tela de las hamacas --detuvo su hablar un instante y miró al techo del avión como a la gloria--- ¡ah, la hamaca, qué invento!”. Casi todas las situaciones de la novela las narra el francés. Poco interviene el narrador escritor y Catalina, su acompañante, como interlocutores.   

Con estos elementos de nuestra identidad recrea el lenguaje del realismo que deseamos resaltar. Términos, expresiones y modismos de nuestra costa: coño, llave, pasmo, populacho, espinazo, quiosco, porro, embrujado, patacón, sierra-frita, arroz con coco, higadetes, receta médica, mamar gallo, banda de música, la niña Mayo, enreda – la pita --, verdad -- verdad…: “… llevo todo eso para venderlo en París, pues Ludisbel me enseñó, entre muchas otras cosas, que en tales casos lo de la identidad cultural es un buen negocio”.

Al final de los veintiséis capítulos de Dulce veneno moreno, el personaje ––ante la situación que se le presenta con Ludisbel–– se vuelve crítico. Es decir, critico a la sociedad monteriana. Los interlocutores acosan al francés para que se apresure a contar la historia. Lo que nos lleva a comprender toda esta tragedia. En esencia se muestra y destaca lo propio, lo vernáculo, pero, a la vez, se cuestiona la identidad.

Si Dulce veneno moreno es una novela ágil, vertiginosa, como el vuelo del avión donde se cuenta, “El hombre que era así…es una novela densa, compacta, reposada, reflexiva, analítica, ---si se quiere---, reiterativa, cotidiana.

Esta última novela que publica David [1] también es una novela de amor. Combina el amor con la política. El narrador escritor se enamora de Griselda cuando viaja de Bogotá a las playas entre Tolú y Coveñas a una cabaña con la intención de escribir una novela. La amistad y la política juegan un papel preponderante en el contenido de esta novela, como queriendo dar respuestas a los interrogantes de la carátula: “¿Por qué somos así, por qué somos tan dejaos?”, cuestionamiento que señala al ser costeño y, por ende, al ser colombiano: “En el manejo de esa atómica dualidad, quienes se dedican al ejercicio de la mala política son los campeones. Tal enredo de antivalores, semejante pandemónium de mundo al revés, hace que no sólo la amistad en el universo de los políticos posea una lectura inversa”.

Al parecer, el escritor que llega a la cabaña a escribir la novela, nunca la escribe. Pues, su encuentro con esta mujer, Griselda, trastorna su propósito. O es lo paradójico de la realidad costeña: se arma el proyecto, pero nunca se ejecuta. Se dice, pero no se hace, todo queda enmarañado en el bla-bla-blá de nosotros. Desde las primeras páginas, el narrador trata de desnudar ese universo: el amor, la política, la amistad, el trabajo, el engaño, la trampa… Toda esta farsa es observada, experimentada y cuestionada por el rey, Carlos Reyes, el personaje político de la obra.

En esa cotidianidad, esta novela, “El hombre que era así…, tiene otros ingredientes: lo gastronómico, la música, el paisaje, la playa, el mar, las caminatas. En el fondo, la novela exige una educación política y, por ende, una educación ciudadana…

En ambas novelas, el pretexto es que el narrador testigo, es decir, un narrador intradiegético, es escritor. En Dulce veneno moreno, el narrador escritor tiene mayor información que el personaje narrador. En El hombre que era así… El narrador escritor es más recatado, más discreto, pregunta, indaga, en lugar de demostrar que todo lo sabe. En Dulce veneno moreno el protagonista le cuenta al escritor. En El hombre que era así… La oralidad se diluye, se destacan las reflexiones del escritor y el parlamento del político Carlos Reyes, que cuestiona esa realidad que él mismo patrocina y de la cual vive.

“Sobre Carlos Reyes, acota Ángela, la propietaria de Mercaplaya, un personaje secundario: “––Además, todo llega hasta él, su omnipresencia es indiscutible. Posee el don de la ubicuidad. Lo sabe y lo controla todo. Todos aquí, por ejemplo ––hizo un giro de mano––, votan por él en las elecciones; siempre han votado por él”.

El final de la novela se presenta como si fueran las escenas de la película, Mas allá de la inocencia, que está viendo el escritor en su apartamento luego de un inesperado regreso, por asunto de trabajo, a Bogotá. “Interesante trama la de aquella película. Narraba la historia de un hombre y una mujer. De la otra novela que escribe al encontrase con Griselda Cadavid y con el político Carlos Reyes.  Inesperado e interesante desenlace en el tejido de esta novela de David Sánchez Juliao. De manera que, en El hombre que era así… desde las primeras páginas, el lector se entera de que el narrador---escritor está muerto; esta declaración lo mantiene despierto hasta el último capítulo con el fin de enterarse del suceso. “Si no estoy equivocado, por ese punto del amiguismo he comenzado la redacción de esta memoria, la que ahora escribo luego de haber muerto asesinado en mi propia cama a manos de los dos hombres de aquella familia”.

Para la época de la publicación de Dulce veneno moreno, 2005, aparecen otras novelas de autores cordobeses con el tema de la mujer, del amor.  La novela Ese viejo vino oscuro, de José Luis Garcés y Al final del sueño, de Juan Gossaín[2].  Como dato, el protagonista de la novela de Gossaín también es un francés que se enamora de una mulata. “La historia comenzó aquella tarde en que el poeta francés pintaba sus cuadros decadentes frente al mar, con el pañuelo de colores anudado al cuello. La vio venir por el camino de las murallas y pensó que era tan hermosa que su presencia le ardía en los ojos, como el resplandor del sol al medio día”.

En Al final del sueño, el pretexto también es un personaje que escribe la novela que le está dictando a la heroína: “Teresa Carrasco reconstruye de memoria los pormenores de su vida y tiene fundados motivos para sospechar que su marido intenta matarla, ladino como todos los franceses, escondiéndose entre las quimeras de una novela”.  En Gossaín se vuelve al juego del realismo mágico: “Se había quedado para siempre, atrapado por la magia y la luz que se derrama sobre el mundo, o por el color blanco del sol. “Es más que eso”, escribía a sus amigos de París. Les contaba que en las costas del Caribe hay una época del año, casi siempre en diciembre, y una hora del día, las dos de la tarde, en que todos los trastos de la naturaleza brillan por su cuenta, como si tuvieran vida propia. Más que a la misma luz, lo que resplandece es la fosforescencia de los colores en las paredes, en los techos y en las hojas”.  En el realismo mágico, esa realidad es cómo la ve y cómo la describe el escritor y cómo la ven y la contemplan los personajes.

En cambio, el realismo Caribe es cómo lo dicen y lo expresan los personajes y cómo lo escucha el escritor… con qué fuerza lo dicen y qué expresiones y modismos, por su impacto y la manera de expresarlo, recoge el escritor. “Volver a oír aquello representó un enorme alivio. De alguna manera había puesto en duda cuanto William me había contado. La sospecha de que se tratara de otro tipo de personaje, vinculado al mundo de las sustancias tóxicas…”

En las páginas de Dulce veneno moreno, es casi nulo el intertexto que nutre a la trilogía (televisiva): Pero sigo siendo el rey, Mi sangre aunque plebeya, Danza de redención. Y, además, Buenos días, América: rancheras, corridos, pasajes, rondas, cuentos populares, pasillos, paseos, porros, pautas y cuñas publicitarias…

No obstante, en Dulce veneno moreno y El hombre que era así… por ese protagonista escritor, el rasgo biográfico se complementa con los paratextos de las dedicatorias. Dulce veneno está dedicada a Cata, mi Katyra, El hombre que era así…a Cata, Emilia y Piki. Cata forma familiar o hipocorística de Catalina o Katherine.

¿Qué tantos retazos autobiográficos encontramos en estas dos novelas? David, el escritor que se va a la orilla del mar a escribir una novela, David que escribe para Editorial Planeta, David el conferencista… Cata, la Catalina que interroga en Dulce veneno. Cata, Catalina, las de las dedicatorias es en la realidad la amiga, Katherine Garzón Bedoya, quien lo acompañó por varios años.  Emilia es la perrita de Katherine y Piki el perrito que ella le regala a su amigo David. El personaje Barbarita, en El hombre que era así…, la empleada doméstica del escritor, quien arriba a la cabaña con él y sus dos hijos Nono y Sofy es en la realidad Bernarda Bocanegra, la empleada de tantos años de David Sánchez.

De lo biográfico se alimenta la novela. Pero la novela es otra realidad. Aunque se nutra en parte de esos retazos de vida. “El material autobiográfico experimenta transformaciones, es enriquecido (a veces empobrecido), mezclado con otros materiales recordados o inventados y manipulado y estructurado ---si la novela es una verdadera creación--- hasta alcanzar la autonomía total que debe fingir una ficción para vivir por cuenta propia” (Cartas a un joven novelista, Vargas Llosa).

Así, en lo autobiográfico, se clasificaría su libro póstumo, De viajes por el mundo con David Sánchez Juliao. Crónicas y notas sobre experiencias en 70 países.  En vez de crónicas y notas diríamos que son viñetas e instantáneas divertidas y amenas, con mucho humor. Como si uno estuviese viendo en primer plano al narrador protagonista que cuenta lo que ocurre en el video que parece que se proyectara en el fondo.

En suma, en estas dos novelas de David Sánchez Juliao, que hemos venido comentando, se deshacen las preocupaciones de aquel comentario, El testimonio y el cuento ––casete, del crítico francés Jacques Gilard, cuando “se refería a las ayudas orales y populares” ––. Gilard dice: “si se pierde de vista el aspecto de reivindicación lingüística, cultural y social, existe el riesgo de que solamente sobresalga una simpatía vana hacia los personajes”.

Por tanto, el realismo no sólo es lo que nos rodea, se dice y se muestra. Sino que también es lo que se siente, se padece, se sueña y se desea alcanzar. Es lo que percibimos dentro de la hamaca, en la mesa de dominó o cuando nos zambullimos debajo de las olas en la playa. Pues ese realismo está tocado por las preocupaciones y los sueños del narrador-autor y por las contradicciones y padecimientos de los personajes. Un entorno y un contexto tocados por las debilidades del individuo.

Vale aclarar que, en este corpus del análisis, se tropieza ---en los textos seleccionados--- una relación cronotópica.  Última dos décadas del siglo pasado y principio de éste, para el tiempo de las historias. Personajes que emergen y se desenvuelven, buscan y anhelan, se van y vuelven, por esta franja del mar. El amor, o los amores, de las tres protagonistas, Magdalena Santiago, Ludisbel Brunal y Griselda Cavadías, condicionado por la vida postmoderna, muy ajeno o diferente a aquel amor de María, de la época romántica. Vidas marginales que ahora deben interesar para comprender mejor el calor de la arena que se pisa o el ímpetu de los vientos que sacuden.

En estas novelas, David Sánchez Juliao sobre pasa ese tono y ese ritmo propio de la lengua coloquial, va más allá de una forma meramente Caribe, universaliza estos temas e invita a un lector avezado para sus páginas.  Aquellas influencias de sus primeros trabajos se han disimulado. El centro de su temática es la preocupación por nuestro mundo, una denuncia en el trasfondo de la fábula, una moraleja que se debe rastrear, una preocupación constante por nuestra manera de decir y de ser. Y una búsqueda de nuevos recursos, nuevos montajes y nuevas envolturas para los temas. David Sánchez Juliao, el novelista, el cuentista, el escritor latinoamericano que ha sido traducido a varios idiomas, se desveló, sin recelos, por recrear en su obra las vicisitudes e improntas del ser Caribe.

Conclusión, a manera de epílogo, de estas tres obras escritas en vida, el cuento El pargo rojo, un cuento de corte clásico que narra de manera maravillosa, en unas cuatro cuartillas, la historia de dos mujeres de provincia, una pobre y una rica que viven en contrapunteo y las novelas, Dulce Veneno Moreno y El hombre que era así, invito a leerlas o releerlas desprendidos de lo testimonial y entrar en un escritor de corte universal que convence por el encanto de la narración de un gran contador de historias… Veamos:

En El pargo rojo, las dos mujeres viven en casas contiguas. La rica no deja de echarle el agua sucia para el patio y de restregarle en la cara que tiene seis hijos de padres distintos. Al final, Magdalena Santiago, la vendedora de pescado puerta a puerta se venga de la manera más olímpica. La primera cualidad del cuento es el encanto y la gracia conque está narrado. En Dulce veneno moreno En un vuelo de Montería a Bogotá, una pareja tropieza con mesié Poulenc, un parisino desesperado por desahogarse confesando su tormentosa historia de amor con una monumental monteriana de piel de melaza llamada Ludisbel. El relato se extiende justo durante la hora que tarda el viaje, y concluye y se cierra de una manera sorprendente cuando aterriza en El Dorado. Mientras la historia le ha dado vuelta a medio mundo, desde París hasta los confines del Oriente, para concluir en las feraces riveras del Sinú”. Y en El hombre que era asíUn escritor pareciera cumplir su sueño de siempre: el de retirarse por cuatro meses a una cabaña a orillas del mar Caribe acompañado de los apuntes necesarios para escribir una novela. El entorno es paradisíaco, y envidiable la circunstancia de no tener que preocuparse por producir dinero para vivir… Pero, tal vez como reza el aforismo, “No hay felicidad completa”. Pronto, una hermosa mujer se le cruza en el camino… el paraíso deja de serlo para convertirse en purgatorio y después en infierno… aparece El hombre que era así… el que hace que el escritor cancele la escritura de su soñada novela… y termina escribiendo lo que estas páginas contienen”.

El campo estético demuestra la belleza de los giros lingüísticos costeños y el campo semántico la riqueza de ese lenguaje. En estas tres obras altamente literarias David Sánchez Juliao se crece como escritor Caribe y universal.

 

Andrés Elías Flórez Brum

Escritor y filólogo. Ha publicado más de diez libros, entre los que se cuentan Los perseguidos (cuentos), El visitante (novela), Este cielo en retratos (novela), El trompo de Arcelio (cuentos) y Canción de sol (poemas).

Acerca de esta publicación: Para Panorama Cultural es un privilegio publicar la segunda parte de la ponencia de Andrés Elías Flórez sobre la obra de David Sánchez Juliao, la cual hizo parte de las actividades conmemorativas organizadas por el Banco de República en homenaje a quien fuera uno de los más grandes novelistas colombianos.

 

[1] SÁNCHEZ Juliao, David. El hombre que era así… Seminarios Andinos. 2009.

[2] GOSSAÍN, Juan. Al final del sueño. Planeta. 2006.

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