Literatura

José María Vargas Vila: exilio y obra escrita de un autor en fuga

Juan Carlos González Espitia

23/05/2022 - 04:42

 

José María Vargas Vila: exilio y obra escrita de un autor en fuga
El escritor José María Vargas Vila / Foto: archivo Biblioteca Nacional de Colombia

 

Con la excepción de un par de escritos mínimos y muy menores, la totalidad de la producción textual de Vargas Vila (1860-1933), más de ochenta títulos, se publica fuera de Colombia. Antes del boom de la literatura hispanoamericana catapultado por las editoriales barcelonesas en las décadas de los años sesenta y setenta, editoriales en Francia y España como Bouret, Sopena, o la serie La Novela Corta, habían acogido entre 1870 y 1940 el trabajo de los autores hispanoamericanos que se encontraban en Europa. La asociación entre escritores de América y editores en Europa beneficiaba a ambas partes, pues se traducía en una significativa ampliación del público lector. Publicar en España para el público peninsular y americano también significaba un espaldarazo de aprobación, una marca de la calidad y éxito del autor. Pero la posición de Vargas Vila no era solo la del que lograba publicar en el extranjero; el exilio, la mirada y la reflexión desde afuera de su lugar y tiempo de nacimiento sirvieron al autor como punto de partida estratégico. Del mismo modo, este desplazamiento radical le sirvió como fuente de autoridad para dictar sus lineamientos estéticos y políticos; para minar la que él consideraba una cultura provincial y timorata, y para ofrecer sus opiniones sobre la situación de un país al que pertenecía (pertenece) y al que no pertenecía (no pertenece).

Ya desde muy temprano, Vargas Vila entendió que su posición excéntrica era la plataforma desde la que podría ver con perspectiva su relación con Colombia y desde la que podría hacer más visible su singularidad, esto es, su individualidad escindida del origen. Entiendo esta excentricidad como la falta de centro, como lo explica con su usual agudeza Rafael Gutiérrez Girardot (1928-2005) —otro exiliado— en su estudio sobre Silva, en que observa que la fuga estética del poeta bogotano fue su manera de liberarse de las restricciones sociales y creativas en las que le tocó vivir:

el suicidio fue el acto final de la autoescenificación estética del dandy José Asunción Silva, fue el último ademán con el que Silva manifestó su desprecio no sólo a la sociedad bogotana y a su propia clase sino a la vida misma. Gottfried Benn asegura que la poesía es exorbitante, es decir, que no admite mediocridades, o no es poesía. El dandy Silva fue excéntrico en el sentido de que perdió su centro. A esa “excentricidad” respondió el dandy Silva con algunos poemas y algunos versos que alcanzan la exorbitancia o llegan a los límites de ella. Esa exorbitancia redimió al dandy Silva de su “rastacuerismo”, pues ella y su vida como obra de arte fueron la única posibilidad que él intuyó de sacudir a la amablemente mezquina y mohosamente pétrea sociedad bogotana”. 

Vargas Vila había acusado a un sacerdote de pederastia. A él lo habían acusado de ladrón, de travesti, de sodomita. Además, había luchado en el bando perdedor de las tropas liberales radicales y ahora era perseguido por el gobierno de Rafael Núñez. En lugar de quedarse excéntricamente como Silva, Vargas Vila intuyó como su única posibilidad de sacudir la pétreamente mohosa y mezquinamente amable sociedad bogotana ampliar la distancia entre los focos de la elipse, esto es, intensificar el ímpetu de la fuga y la fugacidad: el exilio. Su pluma no empezaría por marcar la condición excéntrica desde lo literario, como lo haría Silva, sino desde la diatriba meramente política que glorifica a los perdedores en el exilio como la voz de la conciencia de un país que él ve aprisionado por la ideología conservadora:

¿Quién si no lo hacemos los colombianos emigrados podrá cantar las glorias de nuestra causa y el nombre de nuestros héroes? ¿Quién, si no somos nosotros, podrá desmentir tanta calumnia que diariamente se arroja sobre la frente del partido vencido, y disipar tanta gloria usurpada con que quieren engalanarse los Jefes conservadores aprovechándose del silencio impuesto á los vencidos, haciendo de cada derrota una victoria? … no hay pues manera de que los libres hablen en el país, es preciso entonces, que lo hagamos aquellos á quienes por ahora no puede alcanzar la mano de hierro de los inquisidores de Colombia”. ( Pinceladas 56)

La fuga excéntrica del foco le permite a Vargas Vila reafirmar su lucha como único centro provisional. Fuera del país entiende que, si bien no hay posibilidad para el cambio que él hubiera deseado —separación de Iglesia y Estado, abolición de la pena de muerte, educación laica—, por lo menos sí hay la esperanza de preservar intactas esas convicciones y convertirlas en un punto por lo menos constante, si no firme, hacia el cual encaminar los pasos. La mediana libertad de expresión, otro elemento relevante de la propuesta de los recién derrotados liberales radicales, continuaría siendo entonces el hilo conductor de sus escritos hasta el final de su movimiento fugaz.

Pero mi objetivo no es hacer un recuento de las ideas políticas de Vargas Vila —uno de los lugares visitados y vueltos a visitar, pero que no han sido estudiados con la seriedad que se merecen, especialmente sus últimos años de peculiar anarquismo, cercano al pensamiento de Max Stirner (1806-1856)—, sino observar cómo su visión del país desde afuera produce una realidad y un deseo de futuro —es decir, un grupo de nodos argumentativos— que pueden ofrecer un productivo punto de contraste, ciento veinte años después, con las opiniones de esos colombianos que viven o han vivido en el exterior. Me detendré en algunos textos menos estudiados por la crítica y que marcan un movimiento elíptico, de fuga y fugacidad, en su proscripción.

La mirada de Vargas Vila sobre Colombia definitivamente no es la de alguien como Alexander von Humboldt (1769-1859) o Jean-Baptiste Boussingault (1801-1887). En la mirada de viajeros extranjeros sobre el país durante el siglo xix priman descripciones sobre la naturaleza, la geografía o la etnografía situadas en el lugar observado para un público afuera de ese lugar observado. Entretanto, la perspectiva de Vargas Vila es la de alguien del lugar observado, pero que escribe desde afuera para un público tanto foráneo como vernáculo. En mi opinión, mucho del poder narrativo de Vargas Vila nace de esa triangulación posicional. La cualidad de exterioridad —bien sea la del foráneo en el país, o la del nacional en el extranjero— les permite a estos dos tipos de aproximaciones poner sin reatos palabras a lo que sería inapropiado o peligroso expresar desde la interioridad llana. Humboldt, por ejemplo, en buena parte porque está consignando en la intimidad de su diario, escribe el siguiente pasaje que uno no encontrará en las satinadas páginas de las ediciones conmemorativas:

Es así como las familias distinguidas de Popayán, y anteriormente los jesuitas, han arrebatado sus tierras a los indios, mediante mil subterfugios; tal es el caso de los indios de Puracé, Coconuco, Poblazón. Esos infelices indios, antiguos y auténticos dueños del país, fueron expulsados con rumbo al más alto y frío espinazo de la cordillera … Pero esto sucede en todas partes. Nuestros aristócratas alemanes son los bárbaros que penetraron durante la transmigración de los pueblos desde el Mar Negro”. (“Viaje al Volcán”).

O esta otra, que tampoco se caracteriza por descripciones o críticas a medias tintas:

En el camino de Buga a Popayán, al norte de Río Palo, vimos con estremecimiento la localidad de García, donde habita la asesina Lemus, una mujer de la distinguida familia Arboleda de Popayán quien asesinó, con su primer marido y con dos negros, a un enemigo, europeo de nombre Crespo, en Popayán, a quien odiaban. La audiencia de Quito los condenó a todos a la horca, pero la sentencia se aplicó solamente a los esclavos, cuyas cabezas se ven en Popayán en las rejas. La poderosa familia escondió a la señora, la colgaron en efigie; y tiene la frescura, creyendo que todo está olvidado, de volverse a casar y de vivir abiertamente a dos días de viaje del lugar donde cometió el crimen. Cuando el obispo de Popayán concedió dispensa para el nuevo matrimonio, gritó con razón que existen hombres tan dementes que se casan con una asesina. Pero como la Iglesia pidió silencio y exigió el sacramento del matrimonio, el obispo tuvo que permitir la boda. Tan grande es la influencia de algunas pocas familias en los países distantes, para las cuales no es imposible embellecer el delito”. (“[Notas marginales]”)

Esto lo hace a uno sentir mejor con la vida porque, por fortuna, mucho ha cambiado y mucho ha mejorado el país desde que el barón alemán hiciera su científica visita.

Pero claro, esto es Humboldt y los comentarios de alguien como él se aceptan, aún como autoridad; “¿Qué irá a decir la visita?”, serían las palabras de algún familiar mío. Otra cosa es que un inoportuno observador nativo que naciera en la criticada sociedad del país nos venga a decir estas cosas. El primo de Miami, la sobrina de Madrid, el cuñado de Santiago de Chile que vienen a enrostrarnos cada vez que vienen para las vacaciones. Eso es lo que sucedió con la producción textual de Vargas Vila, desarrollada en su totalidad desde el exilio y presa del doble estándar que permite que el extranjero diga lo que quiera, pero que ve como de mal gusto al o a la familiar que vive en el extranjero y que nos saca los trapitos al sol. La dificultad se intensifica toda vez que Vargas Vila consigna lo que piensa no en su personal diario del exilio, sino en publicaciones que ven la luz en España o Francia; “¿Qué irán a decir por allá de nosotros?”, escucho decir a mi familiar ahora.

 

Juan Carlos González Espitia

University of North Carolina, Estados Unidos

Acerca de esta publicación: el artículo “ José María Margas Vila: exilio y escritura de un autor en fuga ” de Juan Carlos González Espitia, corresponde a un extracto del ensayo académico publicado anteriormente bajo el título: “ Fuga y fugacidad: Los exilios escriturales de José María Vargas Vila (1860-1933) ” por el mismo autor.

2 Comentarios


Berta Lucía Estrada 25-07-2021 05:49 AM

Buen artículo; Vargas Vila, un autor amado por mi padre, siempre será de actualidad; sobre todo cuando las costumbres pacatas y rastreras siguen imperando en un país que no se sacude de tener en su centro la imagen llamada "sagrado corazón de Jesús".

Fredy Morales 29-05-2022 10:53 PM

Vargas Vila inmotal genio de una atrevida polemica y a veces aberrante narrativa, perseguido político infravalorado x muchos críticos y los grandes de su mismo oficio pero añorado x el pueblo tanto inculto como culto

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