Literatura

La magia de los libros que fracasan

Luis Mario Araújo Becerra

28/07/2021 - 05:05

 

La magia de los libros que fracasan
Foro: Getty Images

 

Cuando en 1995 Paul Seré publicó la versión definitiva de Sobre los géneros anfibios, encontró una fuerte resistencia por parte del mundillo de la crítica literaria. Seré, nacido en Trinidad y Tobago en 1944, hacía en aquel texto una narración personal de su experiencia como lector, alejada del academicismo del que podría haber hecho gala, por sus títulos en Columbia y Oxford. Empezaba diciendo: “Hay libros que se han convertido en añejas estatuas del tiempo. En su perfección está su decadencia. A su lado o bajo su sombra, los jóvenes escritores lucen cansados tratando de acomodar sus obras a los moldes de esas viejas estructuras y visiones. De encajar. ¿Y por qué? Porque los críticos como lobos, al otro lado, los esperan para despedazarlos. Aquellos que creen obras que se acerquen al ancestro (…a Orgullo y prejuicio, Madame Bovary, Guerra y paz, Nana, Papá Goriot…) que le emulen, serán recibidos con el elogio de la tradición; con el asterisco –claro– de no superar nunca a aquel panteón; pero con el calificativo de “…estamos ante un nuevo Flaubert, o un alumno aventajado de Balzac, el heredero de…”. Un libro nuevo es apreciado si cabe en el canon y respeta el dogma derivado de éste. Pero si no se ajusta, es “…un adefesio…” ¿Qué decir ante esto? El corsé…mata, no permite que la exuberancia de lo nuevo surja con libertad. Vino nuevo en odres viejos, dice la tan citada frase bíblica. Por eso creo en aquellos que no encajan. En aquellos cuyos libros fracasan frente a los parámetros del dogma. Porque ellos fundan lo nuevo. Lo porvenir”.   

Y aquí estoy yo, repitiendo este apotegma de Seré.

Cesar Aira, el brillante escritor argentino en una entrevista con María Luisa Blanco, responde la pregunta que a todo escritor consagrado le molesta “¿Qué consejo le daría a los escritores jóvenes?” Y molesta porque no hay camino prestablecido. Sin embargo, Aira se atreve a decir algo: “Que no se esfuercen por hacer libros buenos. Las bibliotecas ya están llenas de buenos libros. Todos los días salen buenos libros. Que se esfuercen por hacer libros nuevos”.

El novelista español Enrique Vila-Matas, por su parte enfatiza en la necesidad de fundar una literatura propia, en no repetir los esquemas gastados. “Cada vez que escribes un libro, fundas una teoría acerca de lo que debe ser un libro y eso, tal vez, no tiene nada que ver con los libros anteriores”.

Por su parte, Roberto Bolaño, en alguna entrevista para Canal 13 de Chile, fue más contundente y se atrevió a predecir que la novela basada en la fórmula decimonónica; es decir que se sostiene, fundamentalmente, en el argumento y en unos esquemas temporales y espaciales archiconocidos desde el XIX, donde no hay estructuras nuevas, juego y cruce de voces, está condenada a desaparecer. En sus palabras “…está acabada…”. Rechaza entonces la repetición de las viejas fórmulas y manidos formatos.

Todos estos escritores han sido fieles a sus postulados en este sentido. Basta decir que Vila-Matas ha construido libros difícilmente clasificables. ¿Es Bartleby y compañía una novela? ¿Es Perder teorías un ensayo? Aira, pone en cuestión los principios sagrados de la literatura (como la verosimilitud, el concepto de géneros y subgéneros literarios, etc…) y los hace explotar desde adentro (“…técnica del sabotaje…”). Roberto Bolaño en los Detectives salvajes o La literatura nazi en América explora novedosas estructuras.

Todos han fracasado ante el dogma. Ante la teoría literaria que deviene del canon y consagra a las obras que se ajustan a él.

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Cuando en 1995 Paul Seré publicó la versión definitiva de Sobre los géneros anfibios, encontró una fuerte resistencia por parte del mundillo de la crítica literaria. Seré, nacido en Trinidad y Tobago en 1943 hacía en aquel texto una narración personal de su experiencia como lector, alejada del academicismo del que podría haber hecho gala, por sus títulos en Columbia y Harvard. Empezaba diciendo: “Hay libros que se han convertido en añejas estatuas del tiempo. En su perfección está su decadencia. A su lado o bajo su sombra, los jóvenes escritores lucen cansados tratando de acomodar sus obras a los moldes de esas viejas estructuras y visiones. De encajar. Se publican manuales y decálogos para hacer obras perfectas. Hace poco, encontré diez decálogos del cuento. Quiroga, Cortázar, Jara, para citar sólo algunos. Y ¿que son estos manuales sino moldes del mismo corsé? Hacer un buen cuento consiste en hacer un cuento parecido a uno que ya se hizo. Una novela magistral es aquella que evoca a la gran novela anterior, a sus personajes, ambientes, estéticas y días. ¿Un poema bueno…? Es aquel que bebe de las aguas del origen… ¿Hay acaso espacio para lo nuevo? ¡Ay, los críticos…! Sólo quieren tener bonsáis…Bellos árboles…pero enanos, frustrados, sin poder ser lo que fueron llamados a ser. Bellos árboles reducidos a una matera para plantitas endebles. ¿Eso son los jóvenes escritores que quieren adecuarse a ese molde, a esa matera…Bonsáis, árboles castrados?”  

La proliferación de decálogos y mandamientos para “jóvenes” escritores, a los que se refiere Seré, es el síntoma de un mundo cultural saturado, plenamente, por la sociedad y tiempo a los que pertenece. Una época que procura el éxito de manual. Aquel que consiste en que para llegar a la cima es necesario seguir una serie de reglas y repetir una serie de fórmulas (exitosas) que ya han sido probadas (porque para qué perder tiempo probando nuevas rutas). Libros de autoayuda y ventas, como “El vendedor más gran del mundo”, “Piense y hágase rico”, “Tus zonas erróneas”, son ejemplos eficientes del espíritu de la época. Espíritu que ha permeado a la cultura hasta el último resquicio.

En tal sentido, ¿un “joven” escritor tomará el riesgo de nuevas formas o, simplemente, buscará ser el “otro Onetti”? ¿Probará la fórmula de éxito que ya le sirvió al uruguayo? ¿Los críticos interpretarán la creación del novel escritor con base en el dogma (la teoría literaria) con el que se juzgó a la obra de los escritores precedentes, para ver si encaja en él?

Entonces, el éxito de un libro consistirá en encajar. En estar bien peinadito. Su fracaso es no cumplir las órdenes de papá. Su fracaso consiste en no ajustarse al esquema trazado por el dogma.

Los libros que fracasan son esos libros que, como el adolescente intranquilo, se despeinan. No aceptan que su camino esté dibujado de antemano. Transgreden las reglas de construcción y estructura previas.

La disertación de Seré va girando y ayuda a entender los riesgos que asumen los libros que fracasan:

1) El riesgo primero consiste en superar la vieja clasificación de géneros literarios, que para él constituye una camisa de fuerza absoluta. Los géneros, como han sido construidos por los aparatos críticos tradicionales, constituyen feudos conceptuales con fronteras claras. Una vez que una obra (una iniciativa creativa) está ubicada en el interior de uno de estos feudos, sólo le está permitido jugar conforme a las reglas precisas e infranqueables que lo rigen.

Ante este panorama, se pregunta Seré: “¿Cómo se puede seguir hablando de géneros literarios y pesando las obras por las reglas del género al que pertenecen? ¿Acaso no aprendimos de El Quijote de Finnegans Wake, de A sangre fría y tantos otros ejemplos recientes de libros que van más allá de ese concepto? Hoy todos los géneros son anfibios…que tienen parte de naturaleza acuática y terrestre; es decir aquellos que comparte riesgos, cruces, mezclas de poesía y prosa. Y dentro de la prosa van de la narrativa corta, como el cuento y el relato, a la novela; combinando técnicas literarias, tiempos, saltos cronológicos y estructuras de una a otra, de tal modo que no pueden ser definidas claramente como poesía o prosa y surge por ejemplo la prosa poética o el poema en prosa, o - si son novela relato o cuento - y surge la nouvelle, la microficción o los sistemas de cuentos que conforman, al tener un sentido común, una novela”.      

El riesgo primero es ir más allá; intentar mezclas; subvertir; crear – de ser posible – nuevos géneros.

2) El segundo riesgo, consiste en la necesidad irresistible de quebrantar las estructuras temporales, espaciales y personales. Libros como La vida instrucciones de uso, de Perec, y Rayuela, de Cortázar, son muestras claras de libros que se manifestaron, inconformes, ante los esquemas tradicionales, tanto en el aspecto temporal como espacial. Frente a la linealidad plantearon la fragmentación del tiempo. Frente a lugares y planos sin variación, plantearon la alteración físico-espacial.

Por su parte, Acerca de los pájaros o Conocimiento del infierno, las bellas novelas de Antonio Lobo Antunes, quebrantan el concepto clásico de personajes y voces, únicos, integrando polifonía y multiplicidad.

3) Desatar al bonsái, para que crezca como un árbol sano y de tamaño natural implica, para Seré, entender que la literatura es un animal viviente, no una bestia embalsamada. La literatura no es sólo aquella serie de categorías enjauladas en las academias, sino que se forma cada día a través de nuestras voces, en nuestras calles, nuestras formas de contar. Es fragmentaria, inconexa, no es el niño bien vestido que entra por la puerta sino el vagabundo que se salta las tapias para decirnos… ¡Ey, ojalá que el mundo te sorprenda!  La literatura es experimentación.

4) El riesgo final es asumir que los conceptos de realidad y ficción están revaluados. Que las difusas fronteras han sido, definitivamente, borradas. Superadas.

La literatura realista, la literatura testimonial, el periodismo, durante siglos anteriores han inflado su pecho con orgullo porque “…lo que cuentan está basado en la realidad, en el dato, en la objetividad”. Porque reflejaban documental, fielmente, el mundo. La fantasía por su parte era vista como una mera investigación especulativa fundamentada en los recursos de lo maravilloso. De lo mágico. Pero hoy, los conceptos han cruzado las fronteras para encontrase felizmente. En el libro de Vidas imaginarias, Marcel Schwob, describió la vida falsa de personajes que realmente existieron. Años después su alumno, Jorge Luis Borges describió la vida verdadera de personajes y autores inexistentes. Capote escribió A sangre fría, que fue leída como novela, como ficción; pero estaba fundada en hechos absolutamente reales y contada como tal. Gabriel García Márquez, en una célebre conversación con Castro Caicedo, dice que El otoño del Patriarca es su libro de memorias. Talese describe la vida de los gatos en Nueva York, Kafka, cuenta en la Metamorfosis la supervivencia triste de un burócrata contemporáneo. ¿Cuál de estos ejercicios es realidad y cuál ficción?

Los libros que fracasan no se atienen a la doctrina de Balzac quien quería dejar a Paris entera, fidedigna y sin cristal, atrapada en sus novelas. Sólo viajan, sin pasaporte, por terrenos hermanos que yacían, antes, separados por vallados fantasmales.  

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Cuando en 1995 Paul Seré publicó la versión definitiva de Sobre los géneros anfibios, encontró una fuerte resistencia por parte del mundillo de la crítica literaria. Seré, nacido en Trinidad y Tobago en 1942 hacía en aquel texto una narración personal de su experiencia como lector, alejada del academicismo del que podría haber hecho gala, por sus títulos en Columbia y Yale. Empezaba diciendo: “Hay libros que se han convertido en añejas estatuas del tiempo. En su perfección está su decadencia. A su lado o bajo su sombra, los jóvenes escritores lucen cansados tratando de acomodar sus obras a los moldes de esas viejas estructuras y visiones. De encajar. Pero yo los llamo a desencajar. Alabo a los que fracasan porque no caben en el molde. Alabo la maravilla de los libros que fracasan porque son ellos los que abren nuevos caminos. Su fracaso es no aceptar lo viejo, no caber allí, abrir su camino propio, aceptando los golpes; recorrer la ruta sin la brújula antigua”.

Como a Seré, me maravilla la magia de los libros que fracasan. Cansado de leer historias me propuse encontrar estéticas, maneras del arte. El camino me ha llevado a los textos que se apartaron del dogma, para decirnos algo más. ¿Algo nuevo?

Lo curioso es que estos textos vienen frecuentemente de los flancos más inesperados; algunos se ocultan en trajes de etiqueta, pero son inhóspitos, rebeldes; otros desde el principio muestran lo que son (su desfachatez) y nos llaman constantemente al riesgo.     

Primer flanco: El fracaso de los aparentemente clásicos. ¿Se puede renovar desde adentro? Es decir ¿manteniendo el aparente ropaje; pero trasgrediendo los dogmas aceptados? La respuesta parece ser sí. Lo importan es que frente al canon la nueva obra fracase. Si se midiera con los parámetros de la ortodoxia, no calificaría, no cumpliría con sus raseros.

¿Quién se atrevería a afirmar que Gabriel García Márquez es un autor que fracasó o que nos entregó libros que fracasaron?  Yo.  Porque no todo Gabo fue Cien años de soledad ni El coronel no tiene quien le escriba. Lo más valioso de García Márquez fue su capacidad de asomarse al fracaso: ¿Dónde encuadrar, de acuerdo a las líneas canónicas, una obra como Relato de un náufrago - ¿relato? - o como Crónica de una muerte anunciada? ¿Es una novela? ¿Es periodismo? Y dentro del periodismo ¿Una crónica?, ¿reportaje? ¿Noticia de un secuestro? ¿Es Diatriba de amor contra un hombre sentado una falsa obra de teatro o una verdadera nouvelle o un poderoso cuento? ¿Es El otoño del patriarca el más hermoso poema en prosa en español? Quien siga la carrera de García Márquez notará que trasegó entre géneros; pero además que nunca repitió estructuras literarias. La hojarasca recurre al monólogo interior, El coronel no tiene quien le escriba es una obra absolutamente realista, cruda; Cien años de soledad recurre a la épica y los antiguos cuentos orientales… Ninguna de las estructuras de sus novelas se parece a la anterior…Pero, además, hasta el último de sus días, García Márquez fue un aguzado experimentador: Diatriba de amor…o un libro tan denostado como Memoria de mis putas tristes, donde el autor prueba maneras de narrar y de ejercer la puntuación, que nunca antes había utilizado; En agosto nos vemos, su libro inédito, que es una novela formada por varios cuentos que también pueden leerse de manera independiente,  así lo demuestran.

Jorge Luis Borges fue otro autor que se atrevió a bordear el fracaso. Transgredió los límites entre realidad y ficción, al crear personajes y situaciones que aparentemente eran reales cubiertas de falsa erudición. ¿Sus cuentos son simplemente cuentos o transgredió los límites y fundó un nuevo género: la novela potencial? Una novela incubada en la brevedad. ¿Coquetean algunos de sus cuentos con el ensayo?

Flanco dos: El fracaso de los autores experimentales. Autores como Benjamín Péret, Georges Perec, Raymond Roussel, Cesar Aira, Enrique Vila-Matas, Salvador Elizondo, Antonio Lobo Antunes, Arno Schmidt, Julio Cortázar, Clarice Lispector, Alvaro Cepeda Samudio (Los cuentos de Juana), Nicolás Suescún (Los cuadernos de N), ilustran lo que significa la construcción de nuevas estéticas alejadas del dogma dominante. Ellos lo hicieron de manera abierta, hondeando estandartes hasta entonces marginados: juegos, fragmentación, polifonía, cruces, subversión de géneros, eliminación del personaje como centro del discurso narrativo.

Han levantado la bandera de la experimentación. Lo curioso es que, con el tiempo, su quebrantamiento experimental se convertirá en el nuevo dogma. Tal vez el nuevo canon. Por ahora, disfrutemos.    

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La magia de los libros que fracasan consiste en que en su fracaso radica, precisamente, su éxito.  Los libros que fracasan, para Seré, son aquellos que no reverencian al canon (la estética del canon) y se atreven a fundar su propia estética. A abrir una senda extraña y novedosa.

Ahora recuerdo a un guerrero fracasado:  Cuenta la historia bíblica que el ejército filisteo, en guerra contra los judíos, día tras día, enviaba al lugar de la batalla a su campeón, Goliat. Desde allí, aquel gigante retaba a los soldados enemigos a que se jugaran la suerte de ambos pueblos en duelo franco: él contra uno de los soldados de Saúl.  Si el filisteo vencía, los judíos serían sus esclavos; de lo contrario, los invasores se retirarían. Ningún soldado acudió. Pero un joven pastor, llamado David, aceptó el reto. El rey quiso ponerle una pesada armadura (el atuendo de batalla). Pero el muchacho no la sabía manejar. Pidió al gran Saúl que lo dejara combatir con sus armas: una honda y unas piedras, con las que vencía a osos y leones en el campo.  El resto de la historia es conocido. David venció a Goliat.

Una lección que parece evidente: hay días, tal vez sólo días, en que las antiguas y sólidas armaduras no protegen, sino que dificultan la acción en la batalla. ¿Es ese el momento de ser fieles a nuestras lógicas, fuerzas y caminos, aunque se aparten de los surcos ya trillados?

Enrique Vila-Matas diría: “…me han molestado siempre los escritores que hacen lo que ya se ha hecho. En cambio, me interesan los escritores que irrumpen con algo que es personalísimo, que son los que terminan quedando, porque crean un nuevo sistema de relaciones con la literatura”.  ( … ) “En ese sentido, es necesario atreverte a hacer aquello que es tuyo. Ahora, ¿cómo sabes qué es lo tuyo? Lo tuyo seguramente surge cuando vas eliminando todos los dogmas, todas las teorías literarias que te han enseñado, los conceptos, los lugares comunes; cuando vas quitando todo lo que sobra y vas buscando aquello que te pertenece a ti. Luego hay que atreverse a publicarlo sin temor al fracaso”.

 

Luis Mario Araujo Becerra

Sobre el autor

Luis Mario Araújo Becerra

Luis Mario Araújo Becerra

La reserva

Abogado, escritor y docente universitario. Autor de El Asombroso y otros relatos (cuentos), Literatura del Cesar: identidad y memoria (ensayo) y Tras los pasos de un médico rural (ensayo).

3 Comentarios


Alejandro Moreno 28-07-2021 10:08 AM

El artículo expone una tesis interesante sobre la creación literaria. Además, demuestra esa tesis, ya que plantea una estructura que me parece novedosa para un artículo de opinión (pues comienza varias veces) y, a la vez, propone un juego, pues cada vez que vuelve a comenzar se hacen sutiles cambios al texto inicial que sólo un buen lector notará. ¡Muy bueno!

Enrique Alegría Dulcamara 29-07-2021 08:33 AM

¡Excelente artículo! Justo el que deben leer los jurados de concursos literarios de hoy que, ante todo, presentan unas bases decimonónicas.

Óscar Arcos 01-08-2021 07:16 AM

Excelente articulo de Luis Mario Araujo. Y, como lo señala Alejandro Moreno, el artículo rompe con el Canon. Diciendo y haciendo.

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