Literatura

El estallido de la furia, un adelanto de “La Cacería de los perturbados" de Carlos César Silva

Carlos Cesar Silva

01/12/2021 - 04:45

 

El estallido de la furia, un adelanto de “La Cacería de los perturbados
El escritor Carlos César Silva / Foto: cortesía

 

Éste el segundo y último adelanto del libro de cuentos “La Cacería de los perturbados”, que el escritor y abogado Carlos César Silva presenta el 9 de diciembre del 2021, a las 6:30 p.m., en el auditorio Macondo del Área Andina sede Valledupar. Puede leer el primer adelanto en este enlace.

 

I

Gregorio se pone una vieja camiseta de los Marlins, avanza hasta la mesa de noche y apaga el radio. No quiere escuchar el próximo segmento de noticias, cree que en Venezuela la tiranía y el hambre durarán mucho tiempo. Está concentrado en el porvenir de su familia, necesita enfrentar las inclemencias del destierro, olvidar el hogar que perdió y adecuarse a unas nuevas leyes. Aquí, en Valledupar, una ciudad donde se confunde el jolgorio con la furia, echará sus raíces. Gregorio se acuesta en la cama, sonríe y soba el vientre de Mercedes, quien tiene seis meses de embarazo y a duras penas puede caminar. A diferencia de su marido, ella piensa que el espíritu de Chávez algún día acabará con la conspiración gringa y que el bravo pueblo de nuevo cantará victoria.

—¿Por qué no me dejaste seguir oyendo las noticias? —pregunta Mercedes con enojo.

—Ya tenemos que irnos —responde Gregorio.

—Ah, te la vas a tirar de pendejo.

—Chama, no es eso. Mira que nos toca salir a trabajar para pagar esta pieza y comprar la comida.

—Tengo ganas de quedarme aquí encerrada.

—Por fa, no me vengas con ese cuentecito.

—Ey, ¿no te das cuenta? Las personas de esta ciudad nos miran con asco. En Maracaibo comíamos mierda, pero nadie nos menospreciaba.

—En serio, estás muy pesada.

—Ya verás, más temprano que tarde la revolución volverá a dar sus frutos y regresaremos a nuestra verdadera tierra.

—¡Coño!

Gregorio y Mercedes llegaron a Valledupar hace dos meses. Durante las tres primeras noches durmieron en la calle, pero después comenzaron a ganar algo de dinero en los semáforos y se hospedaron en un hotel barato que queda cerca de la Galería popular. Aunque ambos estudiaron contaduría en la Universidad del Zulia, están dispuestos a hacer cualquier cosa para sobrevivir y brindarle un buen futuro a su hijo. Ahora, Gregorio besa a Mercedes en la frente, acaricia sus mejillas y huele su cuello. Comprende que el amor supera cualquier credo político y que el régimen bolivariano será destrozado por la historia. Se levanta de la cama, respira hondo y coge sus utensilios de trabajo.

—Bueno, chama, me voy —manifiesta Gregorio con resignación.

—Ok —contesta Mercedes.

—Cuida a ese carajito que tienes en la barriga —expresa él mientras camina hacia la puerta—. Yo veo como te mando el almuerzo.

Mercedes se pone las manos en el vientre, mueve la cabeza hacia los lados y tuerce la boca. Recuerda que en estos tiempos amar es un acto de insurrección y que la familia siempre debe permanecer unida.

—Oye, te conozco como la palma de mi mano —le dice a Gregorio antes que salga—. Mejor voy contigo porque después te haces la víctima.

 

II

Roberto mira en su Apple Watch que son las 11:15 a.m. Frunce el ceño, sale del baño y se detiene en medio de dos sillas. Piensa que la lealtad de nada sirve, que el resentimiento trunca los negocios y que el egoísmo es superior al afecto. Su papá está sentado enfrente, sobre un escritorio enorme, tiene las piernas cruzadas y utiliza un sombrero aguadeño. No cede ante sus pretensiones, se niega a dejarlo administrar la gasolinera o el motel. Sigue tratándolo como su asistente personal, le reprocha que fue incapaz de terminar una carrera universitaria y que todavía no se ha casado.

—Un capital como éste no se construye de un día para otro—insiste el viejo.

—Déjate de esos discursos pendejos —responde Roberto con enojo—. A mí no me vas a engatusar, yo tengo claro que para ti siempre seré un peón.

—Muchacho, cógela suave, entiende que yo solo quiero verte convertido en una persona de bien.

—Que va, tú eres feliz haciéndome untar de mierda.

—Ve, tú estás muy loco.

—Ya me cansé de esta maricada —grita Roberto sacudiendo los brazos—. Definitivamente me toca esperar que te mueras para poder disfrutar de mi herencia.

—Eres un malparido —susurra su papá.

Roberto da media vuelta, se acerca a un estante de madera y coge un pequeño bolso de cuero. Abandona la oficina, ignora a unas personas que están en la recepción y atraviesa un largo pasillo. Sabe que fue cruel con su papá, que le dijo cosas injustas y que ahora debe pedirle perdón. Roberto baja por unas escaleras, se despide del portero y sale a la carrera once. Se sube a una Toyota Prado TXL y hunde el botón de arranque. Abre el bolso, echa la pistola hacia un lado y saca una bolsita de cocaína. Siente que la vida le pesa, que es un tipo incomprendido.

 

III

El semáforo se pone en rojo. Roberto detiene la camioneta con brusquedad y queda de primero en el carril derecho. Baja la temperatura del aire acondicionado, oye en Cacica Stereo que son las 11:58 a.m. y decide no almorzar en su casa. Está fastidiado, se rehúsa a ver el rostro agreste de su papá y a lidiar con los comentarios absurdos de su mamá, que se desvive por hacerle creer a Dios y a sus amigas del Club Valledupar que su familia es perfecta. Ahora Gregorio se aproxima al vehículo, tiene en las manos un limpiavidrios y una botella de plástico. Ha ganado poco dinero durante la mañana, el hambre sacude su estómago y el sol fustiga su piel. Echa un chorro de detergente sobre el parabrisas, ladea la cabeza y muestra el dedo índice para suplicar por una moneda. Sin embargo, Roberto arruga la nariz, baja el vidrio y grita:

—Oye, ¿quién te dio permiso para echarle agua a esa mondá?

—Cálmese, mi vale, yo solo quiero ganarme unos pesitos para comprar algo de comida —responde Gregorio mientras otros conductores y limpiavidrios enfocan su mirada en la discusión.

—A mí no me importa esa mierda.

—Está bien, ya no lo molesto más.

Entonces, Mercedes, que está sentada en una silla plástica, sobre la acera y debajo de un cañaguate, se pone de pie, tira al suelo los pañitos húmedos que tiene a la venta, elude a una moto y sigue con cuidado hasta el centro de la calle. Le dice a Gregorio que no sea tan cobarde, se acerca a la camioneta y palmotea con todas sus fuerzas el capó.

—¿Qué te pasa, hijueputa? —vocifera Roberto.

—¿Qué te pasa a ti, coño’e de tu madre? —contesta Mercedes haciendo irritar a algunos de los espectadores.

—No busques que te zampe un plomazo en esa barriga harta de parásitos.

—Cállese, maricón.

—Uy, veo que no sabes con quien te estás metiendo.

El semáforo cambia a amarillo. La fogosidad y el ajetreo del mediodía resulta agobiante. Varios conductores están ansiosos por arrancar, sueltan algunos insultos y oprimen con arrebato las bocinas de sus vehículos. Gregorio siente la obligación de comprobar que es un verdadero hombre, manda a su esposa para el bulevar, se deshace de la botella con detergente e incrusta su limpiavidrios en el parabrisas de la camioneta. Voltea, entiende que defender la dignidad de su familia es placentero y mira con enfado al copiloto de un Mazda 6. Atónita, Mercedes solloza, se soba la barriga y le extiende una mano a su esposo. Confirma que la revolución nace en el alma, que es un estallido del corazón. Mientras tanto, Roberto comprime los dientes y le da varios puñetazos al timón. No puede dejarse humillar de dos vagabundos, basta con el menosprecio y la desconfianza de su papá. Tiene que salvaguardar su honra, su propiedad, su patria. Enceguecido por sus ansias de venganza, agarra el bolso, saca la pistola y apunta hacia la espalda de Gregorio.

 

Carlos César Silva

Extraído de “La Cacería de los perturbados” (Valledupar, 2021).

Sobre el autor

Carlos Cesar Silva

Carlos Cesar Silva

La curva

Carlos César Silva. Valledupar (Cesar) 22 de noviembre de 1986. Abogado de la Universidad Popular del Cesar, especialista y magister en Derecho Público de la Universidad del Norte. En el 2013 publicó en la web el libro de artículos Cine sin crispetas. Cuentos suyos han sido publicados en las revistas Puesto de Combate y Panorama Cultural. Miembro fundador del grupo artístico Jauría. Cocreador del bar cultural Tlön.

@ccsilva86

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