Literatura

Los muertos no se cuentan así, de Mary Daza Orozco: una novela periodística, social y política

Emma Claus

28/01/2022 - 05:25

 

Los muertos no se cuentan así, de Mary Daza Orozco: una novela periodística, social y política
La escritora Mary Daza Orozco publicó la novela "Los muertos no se cuentan" así con el sello editorial Plaza & Janes en 1991 / Foto: cortesía

 

Mi madre cursó hasta segundo de primaria cuando era niña. Luego, cuando se pensionó de la Caja Agraria tuvo la oportunidad de volver al colegio, así que terminó la primaria y continuó con el bachillerato. En 1996, cuando las matanzas paramilitares se tomaron nuestro pueblo, Becerril, Cesar, al norte de Colombia, mi mamá tuvo miedo de ir a la escuela nocturna, así que abandonó sus estudios. Logró terminar el noveno grado. ¡Los muertos no se cuentan así!, hizo parte de sus lecturas en la asignatura de Español y Literatura. Cuando llegué a pasar unas vacaciones de mitad de año, vi la novela en mi biblioteca y me llamó mucho la atención el título y la portada. Me dijo que ya la había leído, entonces yo quise hacerlo, sería la primera vez que leería algo que ella hubiese leído primero.

Mary Daza Orozco es una escritora colombiana, de ancestros guajiros, estudió periodismo en Bogotá. Publicó con el sello editorial Plaza & Janes en 1991 esta, su primera novela, de la cual te hablaré hoy.

Esta obra cuenta la historia de Oceana Cayón. Una mujer que, desesperada, va en búsqueda del cadáver de su marido, Iván Grajales. Ella escuchó que los cuerpos sin vida de los desaparecidos de Bahía Rubia bajaban por el río San Jorge. Junto a Cayón, están también Heroína Jiménez que busca a su hijo, Elodia Guzmán y Claudio Guzmán ambos desean encontrar a su padre, Silvana Molina que espera dar con su marido, Adiel Marín que busca a su hermano y Arbeláez que acompaña Oceana.

Los temas que aborda esta obra son complejos y dolorosos, pero dan vueltas alrededor de los acontecimientos que los causan: la persecución contra la Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano, que tuvo su máximo despliegue a final de la década de los ochenta y la década de los años noventa. Acciones atroces como desapariciones forzadas, desplazamientos, torturas, masacres, asesinatos de líderes sociales, y narcoterrorismo, todos ellos antiguos y al mismo tiempo actuales en la escena social y política colombiana: «Y, en su desesperación, la gente dice que el mismo Gobierno tiene la culpa y que ha sido incapaz hasta de esclarecer la muerte del candidato de la Nueva Fuerza a la Presidencia de la República».

Existen varios narradores en esta historia, presentaré los que abarcan la mayor parte de ella. El primero, un narrador cuasi-omnisciente que, solo cuenta lo que observa, toma distancia de los acontecimientos que narra, sin escudriñar en las emociones de los personajes: «Oceana Cayón no lloraba, continuaba en su inevitable actitud de amordazar gritos y de mirar insistentemente el agua que corría con indiferencia». El segundo, desde la perspectiva de la heroína usando el recurso de monólogo interior. Para contar la historia, la autora se vale de sus recuerdos y pensamientos: «El río está más agresivo que ayer y cada rato nos engaña con su eterna costumbre de arrastrar bultos disímiles que nosotros confundimos con cadáveres». En estos monólogos interiores extensos, Cayón mantiene conversaciones mentales con su esposo desaparecido. En ellas narra los detalles de como vivió su secuestro y lo que ha sido su travesía para dar con él o su cuerpo sin vida: «Iván, ¿Dónde estás? Me he imaginado todas las pistas posibles que me lleven, en esta carrera vertiginosa, a dar con tu paradero, pero todo parece infructuoso».

Es una novela corta de no más de 150 páginas, pero con una densidad de acontecimientos y de datos históricos encubiertos, que da la impresión de que fuera más extensa. Está dividida en 3 partes; con capítulos cortos, hay espacios entre uno y otro, así que puedes tomar aire y seguir la lectura, porque te lo advierto, tocará tus fibras más sensibles, debido a la crudeza de sus imágenes: «—Miren, le falta un ojo, no tiene uñas y lo fumigaron con más de catorce balazos —y mientras contaba los huecos de los impactos mortales seguía hablando como un loco en tanto que las lágrimas y la ira hacía presa de él».

La historia se desarrolla, en su mayoría, en Bahía Rubia, un pueblo ficticio que está ubicado en el Golfo del Urabá. El encanto de las descripciones de los paisajes es dicotómico al horror que viven los personajes, muy acertada con la realidad, pues la biodiversidad de nuestro país contrasta con notoriedad con la violencia que hemos sufrido por años: «La mañana brillaba en forma desmedida haciendo que el color rubio de la bahía se intensificara. El mar lanzaba envueltos en espuma, pétalos de colores a la playa bronceada».

La cotidianidad está envuelta en la violencia que marca la vida de los protagonistas. No encontré momentos donde ellos gozaran de alegría o tranquilidad: «Bahía Rubia, como de costumbre en los últimos meses, asistió a un entierro. Lo cotidiano. Y no era solo un muerto por causa natural, (…)».

 Lo que le pasó a la gente de Bahía Rubia se ha repetido cientos de veces en Colombia, así que claro, yo quería hallar porqués, pero de la misma manera que en la vida real, las motivaciones de los asesinos no son suficientes para crear tanto horror. Al igual que los habitantes de cualquier región colombiana azotada por a la violencia la confusión y el miedo es lo único de lo que se tiene certeza. La autora deja muchos cabos sueltos, por ejemplo, se menciona un partido político “La Nueva fuerza” que, escarbando en los datos narrativos de la novela, se llega a la conclusión de que se trata de la Unión Patriótica, un partido político que nació como parte de un proceso de paz a partir de los Acuerdos de la Uribe, entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC-EP. Por ser participante o simpatizante de este partido, la gente era asesinada. En la obra literaria no se dice cuál es la ideología de la “Nueva Fuerza”, ni de las razones por la cuales estarían siendo exterminados sus militantes, solo se menciona las reuniones a las cuales el mismo Iván Grajales asistía, pero no especifica de que hablaban en ellas, ni cuales son sus pretensiones políticas. Tal vez este vacío argumental existe, porque en el tiempo de la publicación de la novela, los hechos eran recientes y estuvieron pasando incluso cuando sale la segunda edición y se podría pensar que es evidente. Un poco más de información acerca de los temas que se tocaban en esas reuniones y de los opositores que estos tenían en las altas esferas del poder político tradicional colombiano hubiera sido esclarecedor, por lo menos para una lectora como yo. Pero, tampoco puedo pasar por alto, que la vida de Mary Daza Orozco estuvo en peligro por escribir ¡Los muertos no se cuentan así!, lo que hace entendible que pensando en su seguridad y en la de su familia esta información se haya omitido, además que sería solo una teoría más del origen de tanta devastación.

Leí esta novela por primera vez hace más de veinte años, la he leído unas tres veces más y sigue causando en mí este sentimiento de impotencia, asombro y horror. Me sigue devolviendo en el tiempo y aviva en mi piel las cicatrices que dejó ser testigo de la barbarie de esos tiempos atroces. ¡Los muertos no se cuentan así! es una novela de valioso significado histórico, que recomiendo leer. Es una obra literaria de denuncia y de memoria colectiva.

 

Emma Claus

Sobre el autor

Emma Claus

Emma Claus

Mientras Hannah duerme

Nació en Becerril, Cesar. Vive en Alemania. Se graduó en ingeniería en minas, pero la literatura siempre le habló al oido, al final, la escuchó y aún siguen conversando. Empezó a escribir a los diez años. La poesia ha estado en su vida desde el principio, tanto que tiene cuatro poemarios sin editar en orden de creación: Principios (1990-1998), Cuando duermo (1999-2001), El forjador y otras odas (2002-2006) y Nuestro secreto (2007-2010). Algunos de sus textos fueron incluidos en los libros “Antología para amarte Uno”,” Antología para amarte dos” de la fundación Siembra, en Sogamoso, Boyacá y en antología de la Revista de arte y cultura en Tunja, Boyacá. En 2020, publicó de la mano de la editorial independiente Calixta su primera novela “Siempre bajo la lluvia”.

Es una apasionada de las buenas novelas y de la literatura colombiana, por eso dedica parte de su tiempo a escribir reseñas, así motiva su lectura y la divulgación de escritores colombianos. Todo inicia con el nacimiento de su hija Hannah y el único tiempo que tenía para escribir y leer era mientras ella dormía, de allí, el nombre de esta columna: Mientras Hannah duerme.

@__emma__claus

1 Comentarios


Viviana Vanegas Fernández 30-01-2022 05:28 PM

La historia de un país con los ojos y la voz de quien la ha vivido. Buena reseña.

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