Literatura

La aldea, de Luis Mario Araújo: un libro para volver a vivir

Jahel Peralta Mendoza

27/04/2023 - 00:03

 

La aldea, de Luis Mario Araújo: un libro para volver a vivir

 

Las historias siempre han estado ahí, en los relatos del imaginario popular. La mayoría se ha transmitido de generación en generación por medio de la oralidad de los mayores. El escritor, valiéndose de ciertas mañas y del artilugio del prestidigitador recrea los acontecimientos imprimiéndoles otro aliento y otra forma, imprimiéndoles su propio sello estilístico, valiéndose de recursos literarios para escribirlas de manera diferente, sin quitarles la esencia de su concepción primigenia.

¡Cuán difícil es escribir en estos tiempos cuentos para niños cuando ellos ya casi han perdido el poder sugestivo de la palabra y de las acciones que antes, acuciados por el temor a lo desconocido, los hacían comerse las uñas! Acostumbrados al espectáculo de la muerte, tanto ellos como los adultos nos hemos vuelto insensibles al dolor, conscientes de la existencia de tantos conflictos.

Pero afortunadamente, y a pesar de todos estos vejámenes sociales, nos queda el poder sugestivo de la literatura para solazarnos y reivindicar el momento histórico en que vive la sociedad de estos tiempos oscuros. Aún nos quedan personas como Luis Mario Araújo que, con su nuevo libro de cuentos titulado “La aldea”, nos cuenta, en siete relatos, de manera sencilla y sin rebuscamientos, esa otra parte de lo que somos.

En la magia de su pluma, en una extraña simbiosis psíquica, el lector se siente cómplice e inmiscuido en cada relato y ello hace que no sólo sea un libro para niños sino para lectores de todas las edades, en donde los mayores, en una extraña regresión, pueden recordar sus travesuras infantiles y se sentirse partícipes de las picardías allí contadas de manera sencilla por el anciano Tomaso, “quien siempre ha vivido con nosotros y siempre ha sido viejo…parece un ángel al que se le hubieran caído las alas…él me cuenta historias que me hacen soñar…”. Son las mismas historias que ahora nos relata Luis Mario, quién se encarna en un magistral tejedor de cuentos que van siendo hilvanados en el telar regresivo de la memoria.

El viejo Tomaso, el narrador de estas historias, pudo haber sido nuestro abuelo o bisabuelo; aquel que nos hacía sentar a su alrededor para deleitarnos con sus andanzas por el mundo, su mundo, que nos apropiaba. Tomaso era una parte importante de La Aldea. Conocía el mar con todos sus misterios (El Caracol); las guerras de las cuales hacía parte de su ejército y sus boberías (Corcovia); los caprichos de los animales, de las montañas y los indígenas, de los arrieros y los imposibles (Los Comerciantes); de cosas insólitas como encontrar a un burro dentro de una calabaza (De lo que le pasó al burro Juancho en el pueblo de los indios); de las cosas asombrosas como cuando hubo un aguacero de peces bajo el cielo de la aldea (Cuando en el pueblo llovieron peces); del día en que llegó el tren por primera vez (El Tren).  “Esta mañana desperté con mucho frío y me fui corriendo al cuarto de Tomaso; destapé su baúl y saqué un poco de calor que él trajo de la aldea” (Tomaso vuelve a casa).

El título es muy diciente: La aldea. Una aldea que se ubica, según las señas de la ficción, en las tierras del Caribe. Pareciera que Luis Mario Araujo, quisiera dejar plasmado, al tejer estas historias con la minuciosidad narrativa, con la paciencia del relojero, sus conocimientos acerca de las costumbres y tradiciones de este pedazo de patria.  Son narraciones recreadas de nuestra realidad, llevadas al límite de la fantasía literaria del cuento. En ellos hay una atmósfera común, un fondo similar que las une, como el mismo engranaje social que les sirve de trasfondo.

Entonces, con la lectura de estos cuentos, podremos observar, que son descripciones que fluyen del corazón, donde las torpezas sociales a las que estamos acostumbrados, apenas se mencionan en algunos pasajes aislados. Son esas secuelas que pasan desapercibidas en la realidad, pero que se hacen costumbre en la ficción literaria. Son historias contadas para niños, en un lenguaje sencillo, donde la magia y la gracia poética se conjugan con el recuerdo nostálgico del pasado y la alegría de las vivencias siempre juveniles.

En estos relatos se vislumbra un acto de regresión; un viaje a través del tiempo, valiéndose de un retrovisor para escribir sobre acontecimientos pretéritos guardados en la memoria de alguien que tiene la capacidad retentiva y la experiencia para contarlos de manera magistral. Recordar es volver a transitar con nostalgia los caminos recorridos y evocar los sucesos que se resisten a ser olvidados. Recordar es pasar dos veces por el mismo camino. En estos relatos las historias nostálgicas, que ya se creían olvidadas vuelven a recobrar vida. Con las palabras se derrumban las murallas que delimitan el pasado para comunicarlo con el presente valiéndose de la magia de la literatura. A fin de cuentas, el tiempo es lineal y las historias son embrujos alados que vuelan recogiendo los acontecimientos para luego ser contados.

Saludamos y damos la bienvenida a esta obra, que sin pretensiones distintas a la de sorprendernos, busca mostrarnos que estamos inmersos en un ambiente, social e histórico, que con el dominio de la palabra cobra vida y se eterniza.

 

Jahel Peralta Mendoza

Escritor cesarense. Autor, entre otras obras, de La rebeldía se los mansos y La piel del diablo (novelas) y El discurso de la ventana (cuentos). También ha sido publicado en Nueve poetas cesarenses y tres canciones de Leandro y Antología de cuentos de autores Cesarenses, entre otras publicaciones colectivas.

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