Medio ambiente

Valledupar, el lugar de las estaciones lejanas

María Ruth Mosquera

26/06/2015 - 06:40

 

Valledupar / Foto: María Ruth Mosquera

Aquí no hay primavera, ese periodo radiante de plantas reverdecidas y jardines engalanados con flores multicolor, que marca la transición de los tiempos fríos a unos más cálidos. Tampoco hay otoño, que ofrece el espectáculo natural de hojas cayendo, mientras las hormigas y saltamontes cumplen su ciclo natural de aprovisionamiento, en el periodo de mutación del calor al frío. Hay invierno, cada vez más menguado, alejado por las transformaciones ambientales del planeta. El verano es el rey de este valle tropical.

No obstante, los poetas de esta región han recreado la primavera en sus cantos, entre metáforas, símiles, tropos y otras figuras literarias, bien sea describiéndola desde la oscuridad como un hecho visto y vivido, evocándola como elementos de tiempos mejores del pasado o haciendo un símil con la mujer.

Leandro Díaz, juglar invidente y amigo del campo, la describía así: “¿Usted sabe lo que es una tarde de sol en el campo verde, y que de pronto pasa un nubarrón y cae una llovizna? Eso es la primavera. Es una descripción que hacía con sus ojos cerrados, como evocado una experiencia de paz y alegría. Por su parte, Alejo Durán dijo que “La mujer y la primavera son dos cosas que se parecen: La mujer huele cuando está nueva, la primavera cuando florece”. Son solo algunos ejemplos de referencias de un tiempo climático que existe a cientos de kilómetros.

La ausencia de primavera y otoño es una realidad no solo de Valledupar, sino de toda Colombia y de los países que están situados sobre la línea del Ecuador, como Ecuador, Brasil, Uganda, Indonesia, República del Congo y otros. En estos, en lugar de las cuatro estaciones, existe tiempo húmedo y tiempo seco. Así lo explicó el ingeniero agrónomo Ismael García Pérez.

La intensidad de periodos de lluvia o de calor en estas zonas está determinada por la confluencia de los vientos alisios. Los vientos del norte se encuentran con los del sur y dependiendo de la fuerza que arrastre uno más que el otro, se producen lluvias en ciertas zonas. “Los vientos alisios del sur arrastran humedad. Si aquel tiene más fuerza que este, pasa la línea del ecuador, entonces llueve, de acuerdo a donde estén ubicados. Y toda esta humedad va a templar al Chocó, porque ahí se ubica la ZCI (Zona de Convergencia Intertropical)”, precisó el agrónomo, dejando claras las dinámicas naturales del sol y la lluvia en estos países sin estaciones.

Se encuentra, entonces, Valledupar ubicado en una región de pocas lluvias, lejos de la ZCI. No obstante, las lluvias son cada vez más esporádicas y fugaces, los ríos se han secado, los agricultores enfrentan grandes afugias y los pronósticos no son alentadores.

El año pasado fue el más caliente que se haya registrado, según registros de la NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. El incremento, frente al promedio del Siglo XX, fue de 0,69 grados centígrados. Lo que dicen los expertos, sustentados en las dinámicas del cambio climático, es que para el 2050, la tierra habrá aumentado dos grados centígrados y para 2100, otros dos, para cuatro grados centígrados más que hoy, siendo el impacto más fuerte para el Latinoamérica y el Caribe, sobretodo en su aspecto productivo, de modo que las zonas secas serán más secas y las húmedas, más húmedas.

Por esto se lamentan también los poetas en sus cantos. Cuando empezaron a menguar las lluvias, Hernando Marín hizo un símil de la superación de sus penas de amor con las precipitaciones, al decir “ya no tengo ni penas, ni sufrimientos; ya se fueron como el viento huracanado y las penas que me ardían dentro del pecho, de penas y sufrimiento se acabaron. Ya no quedan ni siquiera los recuerdos, y si vienen ya son lluvias de verano”

También Gustavo Gutiérrez Cabello, el poeta de la añoranza, dijo un día en un canto nostálgico que “Cuando llueve la brisa del campo refresca la tierra, germinan las flores; arroyitos que vienen bajando, recuerdos de infancia de tiempos mejores…”; se lamentó en otro de sus poemas porque “Ya no hay aroma de flores mojaras ni cae la lluvia que triera las flores, ya no se tiñen de verde los campos… Desolación”. Y advirtió en otra ocasión sobre la entronización de la estación que hoy reina en el Caribe colombiano, acentuando su manifestación en La Guajira y el norte del Cesar.

Pero lo que se vive hoy en este valle sin primavera y sin otoño, con lluvias esporádicas y verano casi eterno es el cumplimiento de La Profecía de Julio Oñate Martínez, el ingeniero agrónomo, escritor y compositor, anunciando la devastación ambiental. “Y entonces, el pasto verde que hay en tu región será cambiado por tuna y cardón y el verde intenso de tu algodonal no será visto ya en Valledupar”, dijo hace más de tres décadas.

“Antes llovía más porque todo era bosques. Cuando se inició el cultivo del algodón se destruyeron miles de hectáreas de bosques, árboles, arroyos. La agricultura, a pesar de los beneficios que trae, no deja de crear desequilibrio ambiental, porque se destruye lo natural para sembrar”, dice el autor Oñate Martínez y ratifica que “Será cada día más grave, sino se aplican medidas de reforestación en las zonas que se han destruido”.

El llamado que hacen ambientalistas y organizaciones que trabajan el tema es a tomar consciencia a en torno a la reducción de la emisión de dióxido de carbono, así como de la conservación y la recuperación de los servicios ambientales, para mitigar el impacto del cambio climático, para que el invierno no pase a ser un recuerdo lejano.

  

María Ruth Mosquera

@sherowiya

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