Medio ambiente

Un Jaguar es consentido en Montes de María

María Ruth Mosquera

30/10/2015 - 07:05

 

Es un individuo que despierta pasiones distintas y distantes. Algunos le temen y lo último que desearían en la vida es un encuentro con él; muchos lo cazan por considerarlo enemigo o porque han encontrado el comercio de su piel el negocio perfecto; otros lo aman, lo protegen y hasta se inventaron un festival en honor a él, como manera de destacar su importancia entre los habitantes del planeta y también el papel preponderante que desempeña en el mundo natural.

El color amarillo rojizo de su piel con manchas negras e irregulares, bajo su pelaje anaranjado; su longitud promedio de dos metros, su altura de 85 centímetros más su cola con otros 60 y sus 100 kilogramos de peso, son características que lo convierten en un hermoso ser vivo, que, además, cuenta con una destreza impresionante en sentidos como el oído y el olfato. Es habilidoso trepando palos, nadando, corriendo y puede moverse agazapado, prácticamente arrastrado, cuando está tras la pista de alguna presa. Puede estar activo veinticuatro horas, aunque prefiere las noches, sobretodo las noches de lluvia; se siente más cómodo así. De hecho, su habitad son los ecosistemas selváticos, preferiblemente oscuros; es un animal solitario, cuya búsqueda de compañía responde a sus necesidades de ello y el cuidado de los hijos – en su especie – es asunto de las madres.

Es inigualable a la hora de cazar a sus presas, a las que ataca directamente en la cabeza y puede con sus colmillos atravesarles el cráneo. El origen de su nombre está asociado a la expresión guaraní yaguá-eté, con la que denominaban a “la fiera o animal feroz por antonomasia, siendo la más peligrosa de todas las que los integrantes de esa etnia conocían y a quien más temían”.

Se trata del Jaguar (‘Panthera onca’) un carnívoro que se encuentra presente en varios países del mundo; en casi toda América y que en Colombia está limitado a muy pocos lugares: Paramillo, Catatumbo y la serranía de San Lucas, en el extremo norte de la cordillera Central. Sí. El Jaguar está amenazado, al punto que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) ha diagnosticado su condición como próxima a la vulnerabilidad (Hoy existen menos de cincuenta mil ejemplares), debido a la persecución y la degradación de su hábitat y presas; “lo cual significa que esta especie no es objeto de medidas de protección especial, pero su población es escasa, está concentrada en un hábitat muy restringido o amenazado de restricción, o se espera que se presente reducción en la población en los próximos años”.

Existen registros de algunas civilizaciones precolombinas que veneraban al Jaguar, al que le daban atribuciones divinas, como Perú, México, Guatemala. En Valledupar, existe un cerro emblemático perteneciente a la Sierra Nevada, el Cerro Murillo, que es en uno de sus costados la figura de un Jaguar, tallado en 15 hectáreas de granito rojo, con medidas perfectas, que se puede apreciar con más claridad alrededor de las once de la mañana; siendo ese, el Cerro Murillo, la única montaña de la Sierra que se ve desde todos los puntos de la ciudad, siendo un gran misterio, pues no existe referencia alguna de tallado antiguo y menos a esa escala.

Pero la gente los sigue cazando, ya sea porque dicen sentirse amenazados por una fiera o por aprovechar su piel, en gran manera apetecida para fines comerciales. Otros se han emprendido acciones para protegerlo, reconociendo el papel ecológico, pues es un factor limitante de las densidades de población de sus presas. Si se desaparecen los jaguares, pueden causarse afectaciones a los ecosistemas, como sobreabundancia de algunas especies, presas y predadores, y afectar así la dinámica de la comunidad y del ecosistema. En síntesis, el Jaguar en necesario y su rol es determinante en el funcionamiento del ecosistema.

Es por esto que muchos actores sociales han emprendido la misión de cuidarlo, valorarlo y concientizar al mundo de su importancia. Organizaciones como Herencia Ambiental Caribe, la Fundación Panthera, la Alianza por la Conservación del Magdalena Medio, la Fundación para la Ciencia y la Conservación Bristol en Inglaterra y el Zoológico del Bronx de Nueva York se cuentan entre ellas.

En los Montes de María este mamífero es el protagonista del Festival del Jaguar, certamen ambiental y cultural que se realiza en San Juan Nepomuceno desde hace siete años. Este seis y siete de noviembre, San Juan Nepomuceno será en escenario en el cual se realizarán actividades lúdicas y culturales en honor a él. Caminatas nocturnas, canciones, décimas, poesías, pintura, gaitas; todo para promocionar en el pueblo y el mundo la importancia del Jaguar. Este certamen es organizado por el santuario de Fauna y Flora Los Colorados y Parques Nacionales de Colombia, con apoyo de otras entidades que le apuestan a la conservación ambiental.

 

 

María Ruth Mosquera

@sherowiya

1 Comentarios


aurora elena montes 04-11-2015 11:27 AM

Que hermoso animal, tenemos la obligación de participar en su conservación, desde la institucionalidad se debe controlar la invasión de terrenos por el cual el jaguar necesita transitar, porque es un animal que para reproducirse recorre cientos de kilómetros por lo tanto necesita un camino por el cual caminar sin peligro de ser cazado o muerto. El animal no es una amenaza, lo que sucede es que las comunidades poco a poco fueron invadiendo sus territorios formando un cerco en el cual el se siente amenazado.

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