Medio ambiente

El Palo de Cañaguate

Aníbal Martínez Zuleta

12/04/2019 - 06:10

 

El Palo de Cañaguate

 

Si los que no son vallenatos miran hacia los bosques, cada vez más escasos, o contemplan las guirnaldas amarillas que en manojos virtuosos o macetas colgantes anuncian la alegría de la tierra, se explicarán por qué a uno de los cuatro barrios tradicionales de Valledupar, le llaman Cañaguate.

Y sabrán también por qué una de las emisoras campaneras de su folclor y de sus costumbres vernáculas, se llama La Voz del Cañaguate.

Ver el árbol en estas calendas es un espectáculo para sonreír y reconciliarse con la naturaleza.

Y qué hermoso es saber que este roble espectacular y tropical, anunciando en pleno verano la preñez de la tierra, le presta sus ramas a los toches, a los bitovíes, canarios y turpiales, que son como sus flores con alas y prodigios canoros, para que, juntos con la luna creciente, la testigo, contemplen el florecer de sus pariguales los puyes y los guayacanes.

Así es el Cañaguate: espera el 20 de enero para anunciar los carnavales y para invitar a los gaiteros, a los tamborileros, a los trompeteros y a las cumbiamberas, a que saquen sus disfraces y se alcen las polleras para ver y sentir el temblor febricitante de sus morenas caderas hasta el delirio sensual de su estirpe caribe.

El Cañaguate es una hermosa florescencia de la ecología aldeana, la cual ayuda a conformar los paisajes que trazaron la urdimbre de la magia que nos legaron las cuatro tribus aborígenes americanas. ¡Bendito seas, Cañaguate, que aún te dejas contemplar!

Yo aún recuerdo cuando, apenas un muchacho, vi una mirla sentada en tu copito, cantando distraídamente el júbilo inmortal.

Cuánta nostalgia sentirás, amigo Cañaguate, como nosotros, al ver que han desaparecido tus congéneres, el cerezo, el de tu barrio vecino; el baroblanco, la yaya, el cruceto, el guamacho, el algarrobo, el peregüétano, el caranganito, el guáimaro, el quiebrahacho, el bijao y tantos otros árboles cuyos nombres y existencia se van perdiendo en diluidos recuerdos.

¿Te acuerdas, querido Palo, que cuando los vallenatos cantaban “bonita tu casa blanca, bonita su varazón”, se referían a tu blanco tallo descascarado, que mostraba el corazón?

¿Te acuerdas, paisano Palo, que cuando alguien quería demostrar carácter y decisión decía: “Ahora sí vas a saber con quién casó Cañaguate”?

Quizás cuántas cercas, cuántas camas de tijeras, cuántas mesas, taburetes, sillones, sillas y banquetas se hicieron con tu blanca madera, porque, a más de bello, Cañaguate, has sido útil y servicial.

Irremediablemente estás ligado a nuestra historia, al acontecer y discurrir de muchísimos años, Palito de Cañaguate.

¿Cómo se puede olvidar lo que se graba en la mente fresca de un muchacho? Como cuando veíamos las bandadas de azulejos saltando inquietos entre tus ramas y tus flores, que entonces parecían azules matizadas de amarillo, como el color del cielo o del mar en arrebol con el sol que asomaba por el lado de la iglesia, porque desde mi rancho para allá quedaba el oriente.

Oye, Palo Blanco y amarillo, yo te asocio con recuerdos entrañables que jamás se podrán borrar. Tú también tienes que acordarte, porque si la savia tiene vida, también deber tener memoria. Me refiero a los tiempos en que mi hijo Raulito, a los doce años, cariñoso, inteligente y brillante, acompañaba a la “Niña Ceci” –así llamamos a la esposa del jefe y gobernador Alfonso López Michelsen- a sembrar almendros y cañaguates por las calles y los parques. Tú creciste y retoñaste en muchos sitios de mi ciudad; en cambio Raulito, mi hijo, se murió. Se murió por siempre y sólo retoña en las tardes escondidas de mi alma.

Por eso los cañaguateros y las cañaguateras que cantara “Chijito”, le pediríamos al Alcalde que para el sesquicentenario de Valledupar dictara una proclama, un decreto, prohibiendo la tala del Cañaguate, para que las generaciones postreras puedan contemplar el color del oro incandescente que cuelga de las ramas, dejando un tenue aroma cuando soplan las brisas en las horas tempranas y llegan los pajaritos, mañana y tarde, a cantar la libertad desde sus nidos.

Palo de Cañaguate, no te he visto en ninguna otra parte.

¡Eres único en el mundo!

 

Aníbal Martínez Zuleta

    

1 Comentarios


Miguel 12-04-2019 02:27 PM

Excelente

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