Medio ambiente

El lado oscuro de la Navidad

María Ruth Mosquera

10/12/2018 - 07:20

 

El lado oscuro de la Navidad
Alumbrado navideño en la ciudad de Medellín / Foto: Publimetro

Si el planeta hablara, gritaría con voz suplicante que no prendan tantas luces para iluminar la Navidad, que se acuda a creativas formas de ‘alumbrar’ el ocaso de un año y comienzo de otro; imploraría entre quejidos que el tan publicitado tiempo de recogimiento y reflexión sea real y se use para meditar de verdad y practicar actos de amor propio, con la gente y con el hogar de la gente que es él: ‘La casa común’, como lo llamó el Papa Francisco en su encíclica de 2015.

Nadie podría negar la belleza de los alumbrados. Éstos son de una majestuosidad singular, sobretodo en ciudades que, por tradición, invierten tiempo, esfuerzo y grandes sumas de dinero para tener árboles frondosos, pesebres gigantescos y una iluminación que podría llenar de envidia al mismo sol. No obstante, esa iluminación es el lado oscuro de la Navidad por cuanto dispara el consumo de energía y, de manera consecuente, la afectación al medio ambiente y a la vida misma.

“Que los bombillos son led”, se dirá en tono de defensa. Y es cierto que éstos consumen menos electricidad, lo cual se traduce en menos residuos, disminución en las emisiones de dióxido de carbono y una larguísima duración; pero también lo es que estas ‘luces ahorradoras’ prendidas en simultánea en cantidades tan alarmantes siguen representando un daño catastrófico para las formas de vida en la tierra, toda vez que aumentan la luz artificial nocturna que significa “consecuencias negativas para la flora, la fauna y el bienestar humano”, según lo detalla un estudio de Science Advances[i], según el cual las superficies iluminadas artificialmente en la tierra aumentan más de un 2,2% al año, aumento que en cuatro años (2012 – 2016) fue de 9,1%.

¿Algún caso para reflexionar? Este año, como lo viene haciendo desde hace medio siglo, las Empresas Públicas de Medellín instalaron el Alumbrado Navideño que exacerba la belleza de la ciudad, con énfasis en puntos específicos de la ciudad y comunas, corregimientos y municipios y que –por cierto- este año rinde homenaje a la biodiversidad. Es una tradición que – sin duda- dinamiza la economía, el turismo, el empleo, la recreación e integración familiar, así como las costumbres decembrinas. Es una decoración majestuosa. Tanto, que fue incluida en la lista de los 25 más impresionantes del planeta. No obstante, los 26 millones de luces LED que se encienden doce horas cada día, por más de un mes le hacen un hueco enorme al ecosistema y a la vida en la tierra.

Embelesa ver la majestuosidad de árboles de Navidad de las ciudades/distrito Barranquilla y Bogotá, por ejemplo, que son foco de comparación por su altura. El de la primera mide 49 metros de altura, de la estrella para abajo, y está iluminado con 65 mil luces led. El de la segunda mide 51 metros y tiene instaladas 100 mil luces led.

A todo este derroche de luz hay que sumarle las decoraciones de los hogares en el mundo que sacan al máximo ingenio y recursos para iluminar su Navidad. Pero la situación actual del planeta invita de manera perentoria a replantearse la forma de alumbrar esta época del año; pues además de lo ya mencionado, se habla de otros efectos negativos, como disminución en la producción de melatonina[ii], ansiedad, trastorno de sueño y depresión, producidos por la exposición a la exposición a estas luces.

"Si no hubiese tanta luz artificial por la noche, las partículas de dióxido de nitrógeno se diluirían más fácilmente. La luz solar mantiene en suspensión en la atmósfera este dañino compuesto químico que emiten, sobre todo los coches. Si además de ese exceso de luz nocturna no hay viento, las perjudiciales partículas se van acumulando hasta producir niveles de contaminación que afectan a la salud de los ciudadanos", ha dicho al respecto el astrofísico Alejandro Sánchez de Miguel, quien integra el equipo del Atlas mundial del brillo artificial del cielo.

Es esta sombra oscura de la tradición navideña la que ha puesto a organizaciones del mundo entero a hablar de ‘Navidad ecológica’ o ‘Navidad amigable con el medio ambiente’, que anteponen el cuidado sobre la vanidad, la toma de consciencia respecto a que si bien “esta es una tradición que se ha heredado de generación de generación”, como – con razón- argumentan muchos, es necesario reflexionar sobre estas usanzas, a la luz del contexto local y global, de las posibilidades que tiene la generación actual para aminorar la velocidad con que se destruye el planeta y decidir soltar el ese condicionamiento básico cultural que se ve –a todas luces- que no funciona ya para el bienestar humano.

Algunas ciudades como Cali han tenido importantes ejemplos de reducción de su iluminación. En 2015 decidieron rendir homenaje a la biodiversidad del Valle del Cauca y bajar en 30% e ahorro de energía, mediante la utilización de luces led en una menor cantidad que años anteriores y la incorporación de materiales brillantes que respetan el entorno y minimizan el impacto ambiental. “En los años anteriores consumió 162 mil kilovatios y ahora solo 32 mil, porque somos conscientes de la situación climática por la que atraviesa el país, donde es deber de todos ahorrar agua y energía para evitar complicaciones” dijo entonces la Administración Municipal.

No funciona, a estas alturas, argumentos como “todo el mundo prende luces, ¿por qué no las voy a prender yo?”, “esto es sólo una vez al año”, “yo sólo tengo tres extensiones en mi casa” y las tantas otras que se escuchan, como censura a los ‘puristas del medio ambiente’. Funciona tomar conciencia y actuar, pensar que las luces de la Navidad (originalmente velas) simbolizan “la luz de Jesús que ilumina el mundo”, pero que a este ritmo ya esa ‘luz’ no va a encontrar mundo para iluminar.

 

Mariaruth Mosquera

@Sherowiya

 

[i] Asegura Science Advances que “La superficie de la Tierra iluminada artificialmente por la noche aumenta en luminosidad y extensión” y habla de “la ‘revolución de la iluminación’ (la transición a la tecnología de iluminación de estado sólido) es reducir el consumo de energía. Esto podría verse afectado por el efecto rebote de un mayor uso en respuesta a un menor costo de la luz. Usamos el primer radiómetro satelital calibrado diseñado para luces nocturnas para mostrar que desde 2012 hasta 2016, el área exterior iluminada artificialmente de la Tierra creció un 2.2% por año, con un crecimiento total de resplandor del 1.8% por año. Las áreas iluminadas continuamente se iluminaron a una tasa del 2.2% por año. Se observaron grandes diferencias en las tasas de crecimiento nacional, y la iluminación se mantuvo estable o disminuyó en solo unos pocos países. Estos datos no son consistentes con las reducciones de energía a escala global, sino que indican un aumento de la contaminación lumínica, con las correspondientes consecuencias negativas para la flora, la fauna y el bienestar humano (link para ver estudio).

[ii] La melatonina es una hormona que se activa con la oscuridad. El cuerpo la segrega por la noche, cuando no hay luz, y se ralentiza durante el día

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