Medio ambiente

Sanar con árboles

Rosa Cintas

05/03/2019 - 06:30

 

Sanar con árboles

 

Los árboles están constantemente contribuyendo a nuestro bienestar de muchas maneras, siempre silenciosas e invisibles. Un beneficio importante y no bastante valorado es que ayudan a mejorar nuestra salud. Por un lado, los llamados “árboles medicinas” aportan materias primas para elaborar remedios y fármacos. Por otro, los árboles, en general, ejercen un efecto sanador para el cuerpo, la mente y el espíritu si nos exponemos a sus saludables influjos paseando por lugares con árboles frondosos, efecto conocido como “terapia del bosque”.

La celebración del evento Jane’s Walk 2015 (1), en mayo, me dio la oportunidad de explorar el potencial sanador de los árboles con un grupo de personas en un paseo por un parque urbano. La experiencia desarrollada en el Parque de María Luisa (Sevilla) fue una vivencia muy enriquecedora. El éxito de asistencia me ha confirmado el interés creciente que existe por reconectar con los árboles y ahondar en sus múltiples beneficios.

La propuesta de un paseo para conocer el efecto sanador de los árboles está inspirada y basada en corrientes actuales de pensamientos. Que caminar entre árboles sea saludable no es algo nuevo, pero existen estudios e investigaciones recientes que apoyan de un modo científico la necesidad de concebir el contacto con la naturaleza, en general, y con los árboles, en particular, como una verdadera medicina y una forma sana de vivir.

Japón está en la vanguardia de este planteamiento. Desde los años 80 del pasado siglo, los médicos recetan paseos de dos horas por bosques a ciudadanos de grandes urbes afectados de estrés y otras dolencias habituales de la vida de hoy. Los paseos se denominan “Shinrin-yoku” o “baños de aire del bosque”, y sus efectos están siendo evaluados por inmunólogos, neurólogos y fisiólogos. Los resultados son concluyentes: tras dos horas de paseo por un bosque disminuye la hormona del estrés (cortisol), aumenta la concentración de linfocitos y proteínas anti cáncer; y la actividad cerebral se desplaza a áreas del cerebro relacionadas con la emoción, el placer y la empatía (Ver post sobre shinrin-yoku en este blog).

En EEUU, el periodista Richard Louv publicó en 2005 la obra El último niño en el bosque: salvando a nuestros hijos del Desorden por el Déficit de Naturaleza (2), que está teniendo gran impacto. La tesis de Louv, elaborada tras un estudio de más diez años entrevistando a familias rurales y urbanas de todo EEUU, es bien simple: muchos seres humanos actuales no tienen suficiente contacto con la naturaleza y ese déficit contribuye a alimentar problemas físicos y emocionales. A esa falta crónica de contacto con la naturaleza la llama “Desorden por Déficit de Naturaleza”. Para Louv este trastorno se detecta a nivel de los individuos (niños y adultos), las familias y las comunidades. ¿Y por qué sucede esto? Los neurólogos destacan que los humanos hemos evolucionado en la naturaleza, en el bosque, por tanto es dónde nos sentimos más a gusto. Nuestras funciones fisiológicas y psicológicas son el resultado de un largo proceso de adaptación a las condiciones naturales; no podemos asimilar las rápidas transformaciones que ha conocido nuestra forma de vida últimamente, con el paso de una sociedad rural a otra altamente urbanizada. El cerebro humano no está preparado para procesar el exceso de estimulación que implica tales cambios. Es lógico que la vida artificial moderna nos produzca estrés y ansiedad.

 

Rosa Cintas

Escritora, bióloga de Sevilla (España), con experiencia en educación ambiental. Algunas de sus obras pueden conseguirse en editorial Sieteolas.

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