Medio ambiente

Cuando la construcción y el medio ambiente hablan el mismo idioma

Johari Gautier Carmona

30/05/2019 - 06:20

 

Cuando la construcción y el medio ambiente hablan el mismo idioma
A la derecha, la arquitecta Mariana Orozco ante las placas solares introducidas en su empresa este año 2019 / Foto: PanoramaCultural.com.co

 

Tras su estadía en Nottingham, en Inglaterra, Mariana Orozco regresó a Valledupar a finales del 2016 hablando inglés y otro lenguaje todavía poco conocido en el mundo de la Arquitectura: la Sostenibilidad y la bioconstrucción.

Desde que aterrizó con su maestría en mano, la empresa en la que trabaja ahora, una de las más importantes constructoras de Valledupar (Orbes Construcciones), ha experimentado toda una serie de cambios que ha revolucionado sus oficinas y que ha abierto la empresa a experimentar nuevas vías de desarrollo en el sector.

Primero, modificó todo el sistema de iluminación dentro de las oficinas, introduciendo bombillos Led y sensores, y luego, promovió una cultura de reciclaje a través de una alianza con una empresa vallenata recién creada (Videcco), una de las pioneras del departamento del Cesar en el sector de la construcción.

“No es fácil. La gente mezcla lo sucio con lo limpio”, explica Mariana sonriente detrás de su escritorio, antes de describir la cantidad de reuniones que ha tenido que organizar para poner en acción sus primeras propuestas y acciones. En su computador, nos enseña algunas imágenes del programa en el que se ha involucrado y, luego, nos presenta un eco-ladrillo guardado debajo de su escritorio con el que la empresa contribuye a los objetivos de reciclaje.

Fomentar una mentalidad sensible al medio ambiente es un gran reto, reconoce la arquitecta vallenata, pero no le cabe duda que las cosas pueden cambiar. Su tono de voz, determinado y voluntarista, lo demuestra. Ella sabe que el “lenguaje” sostenible tiene su atractivo si se acompaña de un mensaje emocional y de beneficios mutuos. La verdadera dificultad reside en romper con las costumbres y las rutinas de los equipos de trabajo. Para eso, Mariana tiene que buscar soluciones concretas y prácticas. “Ahorita, hicimos un desafío –manifiesta entusiasmada–. El que más recicle va a tener un premio. El primer puesto recibirá 250.000 pesos en bonos”.

La etapa verde por la que pasa la empresa nació extrañamente en Bogotá. Durante sus estudios en la Universidad de Los Andes, Mariana Orozco descubrió en las clases del profesor Mauricio Pinilla que la arquitectura podía integrar un enfoque medioambiental importante y, poco a poco, se fue adentrando más y más en este universo.

“Me marcó mucho esa etapa en la universidad porque salíamos del tema técnico ––explica Mariana––. Un día, por ejemplo, el profesor nos mandó a sembrar árboles a una quebrada… Desde ahí me empezó a interesar mucho el enfoque de la sostenibilidad”.

También su profesor Daniel Bermúdez influyó mucho en esa dirección. Su énfasis en el paso del viento, en que los edificios no necesitaran nada mecánico para ventilarse, y otros módulos en los que se abordaba la arquitectura bioclimática, la marcaron notablemente.

A partir de entonces, Mariana Orozco quiso formarse en Construcción sostenible. Buscó un lugar de estudios que combinara las asignaturas de Negocios y Ambiente, y la única entidad que respondió a ese criterio fue la Universidad de Nottingham (en Inglaterra). El viaje a Europa fue provechoso: horas y horas de inglés, de arquitectura sostenible, algunos viajes por las grandes capitales europeas, y un regreso ilusionado a la costa Caribe de Colombia con el que la joven estudiante quiso contribuir al desarrollo de su región.

Y, justamente, esos grandes cambios con los que Mariana soñaba se han empezado a percibir este año 2019. La empresa en la que labora Mariana Orozco acaba de inaugurar más de 90 paneles solares en la azotea del edificio donde se encuentran las oficinas, lo suficiente para cubrir las necesidades energéticas de las zonas comunes. Además, ya se ofrecen diferentes alternativas de viviendas con energía solar en la casa modelo para que los clientes vean que existen opciones adaptadas a la realidad del clima vallenato.

Otro reto que se ha planteado la joven arquitecta vallenata es instalar módulos de energía solar para los campamentos de una obra. Con este equipamiento, se podría agilizar la tramitación de electricidad en cada obra, además de reducir el consumo en horas en que el sol calienta más. Sin embargo, todo esto va también ligado a largos y complejos trámites con la empresa Electricaribe.

“Hay que ser paciente”, sonríe Mariana. Quizás éste sea uno de los puntos más importantes del lenguaje de la Sostenibilidad: la paciencia y la perseverancia.

Sostenibilidad en el ámbito rural

Ilustraciones extraídas del proyecto de memoria colectiva Las musas de Pogue

Antes de llegar a la universidad, la joven arquitecta Valeria Ortiz ya había conocido el mundo de la construcción a través de su padre y sus tíos (directivos de otra de las empresas de construcción más importantes de la capital del Cesar, Mayales Constructora).

Sin embargo, en la Universidad Javeriana descubrió algo totalmente nuevo: el universo de la bioconstrucción, y una forma de enlazar su interés por la arquitectura con su deseo de cuidar el planeta.

“Me apasiona el tema”, subraya Valeria por teléfono. Con entusiasmo nos explica que la Arquitectura de tierra le pareció uno de los módulos más interesantes porque revela todo el potencial de un recurso abundante y elemental, pero también le llamó la atención la Arquitectura bioclimática donde pudo conocer diferentes tipos de materiales, la huella de contaminación que generan, y el impacto a nivel térmico. 

Desde que trabajó en un semillero de arquitectura ecoproductiva, la estudiante vallenata pudo poner en práctica sus aprendizajes en bioconstrucción, y, sin embargo, el último proyecto en el que trabaja le ha permitido viajar y conocer los fundamentos del lenguaje cultural de la Sostenibilidad.

Junto con un grupo de estudiantes de la Universidad Javeriana, Valeria trabaja en el diseño del reasentamiento de un poblado de gran tradición afrocolombiana: Pogue (Bojayá, Chocó). Allá se ha dado cuenta del vínculo entrañable que existe entre vivienda e identidad, entre sentido de pertenencia y construcción. Esta experiencia le ha dado también la oportunidad de reconstruir espacios de vida que la guerra había imposibilitado.  

“En Colombia, ha sido difícil acercarse a la ruralidad durante muchos años por culpa del conflicto armado, y a raíz de la firma de los acuerdos de paz, el año pasado, ocho meses después, hubo mucha tranquilidad en el Chocó y el Comité de Victimas nos invitó a hacer proyectos”.

Sin embargo, desde el principio se presentó una problemática de orden cultural: la población de Pogue, influenciada por el impacto de un reasentamiento anterior en el mismo departamento (Bellavista), deseaba recibir unas viviendas de tipo moderno, hechas exclusivamente en concreto, que amenazan a las tradiciones, los saberes y la realidad climática de la región.

En ese contexto, el diálogo y el trabajo de memoria fueron determinantes para construir un proyecto ajustado a la identidad del poblado chocoano. “Tuvimos la oportunidad de ir dos veces, trabajar con la comunidad, hacer un recorrido, escuchar las anécdotas de las casas en las que ellos crecieron, cómo son sus viviendas hoy”, explica Valeria Ortiz.

Con esta investigación, entendieron cómo han evolucionado históricamente las viviendas de la región, qué tipos de materiales se han usado habitualmente, cómo viven y conviven en los espacios abiertos, y qué es para ellos el espacio público. Valeria espera también poder elaborar con su grupo de trabajo una tipología de vivienda. “La idea es incentivar la autogestión por parte de esta población, y que tengan una guía por medio de la cual puedan construir nuevas viviendas, pensando en ecoturismo, en confort climático, en durabilidad de las viviendas”.

Ahora que sabe mucho más acerca del idioma de la tierra (y de los materiales), Valeria Ortiz no se olvida de su tierra: su Valledupar del alma. “Me gustaría trabajar en la ruralidad del país un tiempo, pero también, más adelante me gustaría llevar mi conocimiento a la empresa y a la ciudad, aportar a mi región a nivel de generación de empleo y también a nivel ambiental”.

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier

0 Comentarios


Escriba aquí su comentario

Le puede interesar

Casanare y la necesaria mirada bioética

Casanare y la necesaria mirada bioética

Una de las imágenes muestra una devastada franja de tierra y en ella unos cadáveres de animales caídos en un suelo cuarteado, seco y...

El aire del bosque y otros placeres

El aire del bosque y otros placeres

  El poder terapéutico de los árboles se debe en gran parte a la calidad del aire que ellos generan. Hay una gran diferencia entre ...

Las islas que desaparecerán con el calentamiento global

Las islas que desaparecerán con el calentamiento global

Las islas y los glaciares son el termómetro del cambio climático. Miles de islas pueden desaparecer si el nivel de los mares aument...

La primera campaña de apadrinamiento de árboles en el Cesar

La primera campaña de apadrinamiento de árboles en el Cesar

Sembrar árboles es algo admirable pero si se hace en colectividad es mucho mejor. Así pensaron los propietarios de la Reserva Natur...

Nuestra conciencia ambiental: el nuevo paradigma

Nuestra conciencia ambiental: el nuevo paradigma

La segunda guerra mundial, el gran acontecimiento que se llevó a cabo entre los años 1939 y 1945 fue el conflicto bélico más gran...

Lo más leído

Síguenos

facebook twitter youtube