Medio ambiente

“La isla de calor normalmente es de diez grados, pero en Valledupar es de veinte": Miguel Ángel Sierra

Johari Gautier Carmona

04/02/2020 - 04:20

 

“La isla de calor normalmente es de diez grados, pero en Valledupar es de veinte
El ambientalista e investigador Miguel Ángel Sierra / Foto: Johari Gautier

 

Valledupar lo acogió hace más de treinta años, pero siente la ciudad como suya y la defiende con pasión. Es de aquí, no hay duda, aunque llegó de otra parte, siguiendo el amor de su vida, y terminó viendo a sus dos hijos crecer al pie de la Sierra Nevada de Santa Marta. 

Agradecido por la tranquilidad que le ha brindado la capital del Cesar en estos años, el ambientalista Miguel Ángel Sierra se dedica a defender el arbolado (y otros recursos naturales) de la ciudad. Es su compromiso. Quizás también una forma de fomentar ese cambio cívico y razonable que hace que las bellas urbes se conviertan en ciudades excepcionales.

Es sincero. Dice las cosas como son, porque siente que es una forma de que las cosas avancen y, sobre todo, porque él es así: prefiere no enredarse y ser directo. Por eso se expresa a menudo en contra de “ese romanticismo” que embellece las cosas y hace que no se traten los temas relevantes a fondo.

En PanoramaCultural.com.co lo entrevistamos para conocer su concepto del arbolado urbano y cómo debe tratarse en una ciudad de la región Caribe como es Valledupar.

¿Cómo nace la fundación Biosierra y cuál es su fin?

La fundación Biosierra se creó hace 4 años con la intención de trabajar por la recuperación de las fuentes hídricas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Nace con un contenido transversal que incluye el tema de los ecosistemas y la preservación del arbolado. Ocurrió algo muy particular desde el principio, porque, cuando hablamos de la franja del bosque seco tropical, muchos piensan en arboles feos o secos, pero tuvimos que explicar que esto es lo que hace rica esta zona. El bosque seco tropical es un bosque en grave peligro.

¿Qué tipo de actividades han podido desarrollar?

La fundación se dedica exclusivamente a la investigación. Lo que se busca realmente es llegar a obtener información. La fundación se ha dedicado al suelo en el tema de los árboles urbanos, y lo que estamos buscando son respuestas de cómo descontaminar el suelo urbano para mejorar la continuidad del arbolado. En eso nos ha apoyado el gobierno norteamericano, pero también la Asociación de Arboricultura colombiana, y, aparte de eso, me muevo en Latinoamérica como consultor a nivel de suelo y raíz.

¿Por qué motivo el árbol es uno de sus mayores intereses?

Nos especializamos en el árbol urbano porque el árbol de las ciudades se ha visto durante mucho tiempo como un simple objeto. Hemos querido mostrarlo como un ser vivo, como una mascota. Tiene el mismo criterio de respeto. Por eso justamente ese enfoque en la investigación: para mostrarle a la ciudadanía cosas que se desconocen del árbol. El árbol es un ecosistema propio, en su interior alberga una cantidad de fenómenos bióticos que no están establecidos, que nadie logra ver, y eso es lo que estamos haciendo notar. De hecho, ahora estoy escribiendo para una revista española un libro titulado “Vecinos invisibles” donde cuento la historia desde el punto de vista pedagógico de lo que ocurre en el suelo, en el interior de la raíz, cómo funcionan los microorganismos, cómo nos construyen, y cómo somos evolutivamente parte de ellos.

¿Cómo definiría el estado del arbolado en Valledupar?

Es caótico. Lamentablemente, vivimos en una zona donde hay mucho romanticismo. El romanticismo genera un daño y es el hecho que cualquier cosa termina siendo mediatizada. Nos movemos de acuerdo a la necesidad del momento, pero esto no refleja la realidad. El árbol urbano en Valledupar es un árbol completamente descuidado, completamente desolado, visto como un objeto. Cuando lo necesitan los gobiernos, lo sacan a la luz y hablan de Valledupar como la ciudad más arborizada del país, cosa que no es cierta, lo descarto completamente, pero sí somos una ciudad arborizada con un alto nivel de árboles enfermos.

No hay plan. Se hizo un Plan de Gestión del arbolado que jamás se puso en marcha, que fue un saludo a la bandera, fue algo para que el alcalde de turno recibiera aplausos, pero nunca hubo aplicación, y el tema ambiental nunca nadie, ni la alcaldía ni la gobernación, lo ve con seriedad. Es un tema de momento.

¿Se puede percibir una tendencia? ¿Ha habido una mejora en la forma en que vemos el arbolado?

Después de las campañas que se han hecho en algunos medios, hoy hay un poco más de sensibilidad por una parte de la ciudadanía, pero el gobierno no acata (sonrisa). Somos unos ciudadanos con ganas de hacer algo y la parte gobernativa no tiene conciencia. Y creo que no es simplemente falta de conciencia. Al no saber del tema, les da miedo y se corren. No saben qué hacer. Eso es lo que veo.

¿Cuál son los puntos más críticos en el tema del arbolado urbano?

Tenemos un mal concepto de la gestión del riesgo. Cuando se habla de gestión de riesgo, se habla de prevención. La gestión es un tema preventivo, pero la gente acuña el riesgo como lo último. Entonces todo el mundo está pensando en qué árbol se va a caer y ahí está el error. Tenemos que tener en cuenta los árboles que generan riesgo, no necesariamente los que se caigan. Un árbol plantado en toda la esquina de una escuadra es un árbol riesgoso para los automotores que entren o salgan, o para los peatones.

La gestión de riesgos incluye este tipo de cosas. Muchos dirigentes hacen siembras de árboles con campañas y siembran en cualquier parte, sin organización, sin orden, y sin seguimiento. Además de esto, siembran plantas de treinta o cuarenta centímetros que, frente a la urbe, frente a un sector tan pesado climáticamente, están expuestos a morirse en cualquier momento. De cien árboles que se siembran, sobreviven cuatro o cinco. Ese dinero debieron haberlo ahorrado o haberse comprado cuatro o cinco bien jalados.

La falta de planeación, de conciencia y de promoción hacia el desarrollo del arbolado es lo que estamos enfrentando. Tenemos árboles muy enfermos, árboles con mucho riesgo y, aparte de esto, una inconciencia del manejo de la siembra del árbol.

¿Cómo ve la situación del calentamiento global en Valledupar y de qué forma el arbolado urbano puede mitigarlo?

Hemos hecho unos estudios que revelan que la diferencia de temperatura debajo de un árbol –que es un microclima– comparada con la temperatura que puede haber a la altura del pavimento puede llegar a 20 centígrados, cuando lo normal son diez centígrados. ¡La isla de calor normalmente es de diez grados, pero en Valledupar es de veinte! Es algo tremendo. Sales de debajo de un árbol y te achicharras. Sientes el fogonazo y eso es parte del gran daño que se ha hecho.

Yo tengo una discusión muy fuerte que tiene que ver con la minería. Dentro del proceso eco-sistémico destacamos varios factores: lo primero son los aires calientes que vienen de los fogones abiertos, los más grandes del planeta, y esas brisas ruedan hasta aquí y aumentan la temperatura. La temperatura de Valledupar ha aumentado sistemáticamente desde que esto sucede. Y a esto hay que sumarle lo segundo: los alisios que entran por la Guajira, pasan por Santa Marta y llegan aquí ya calientes. Entonces toda la humedad sube caliente y deshiela la Sierra nevada, y esos vientos fríos que nos soltaba la Sierra Nevada ya no vienen fríos, sino calientes. Ahí tenemos una descompensación del clima. Nos altera a nosotros. Vivimos mucho más encerrados, todo el mundo quiere vivir en un cuarto con aire acondicionado, y, eso nos lleva a consumos energéticos de otro nivel. Esto es una cadena. Al tener esos consumos energéticos se aumentan los gastos de nuestros hogares y eso implica también hogares menos felices, porque están angustiados por el pago del recibo de la luz.

Hoy tenemos una crisis climática. Ya se cambió el concepto de cambio climático a crisis climática porque de alguna manera tenemos que enfrentar lo que no sabemos enfrentar, y todo tiene que ver con no saber leer la naturaleza.  

Usted participa en las mesas de desarrollo, ¿cuáles son las medidas que deben implementarse en ese plan?

Tenemos leyes escritas, la ley de páramos, por ejemplo. Desarrollada en el año 2018 (la ley 1930), y el gobierno local la desconoce. Tenemos un páramo y lo terrible es que ese páramo que provee agua para el río Guatapurí está en riesgo. Entonces, lo primero que hay que hacer es asumir este tipo de leyes. También está el tema de la conectividad y del saber. Las entidades, por ejemplo, no tienen claro qué debe hacer cada quien. El estado desconoce las leyes y las leyes están escritas para eso.

La otra parte tiene que ver con el compromiso del funcionario público. ¿Qué tan conscientes son las personas que elegimos frente al medio ambiente? ¿Qué tan comprometidos están con el bien estar de todos? La palabra “bienestar” debe estar separada. Estar bien.

¿Qué le gustaría ver implementado de cara a favorecer la conservación del medio ambiente?
El día que empecemos a notar que nuestros niños hablan sintonizados, conscientes, con compromiso, estaremos salvando lo que nos queda. Esto sólo se logra a través de un programa educativo. Tiene que haber un compromiso desde la pedagogía ambiental. Hablemos del cambio climático. Tenemos que proteger lo poquito que nos quedó y sería feliz sabiendo que esos niños, esos jóvenes, están conscientes de lo que está pasando y pueden aportar algo desde sus acciones.      

 

Johari Gautier Carmona

@JohariGautier

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