Medio ambiente

Naturaleza y pensamiento económico: la necesidad de un reencuentro

Gabriel Alberto Rosas Sánchez

10/02/2021 - 04:55

 

Naturaleza y pensamiento económico: la necesidad de un reencuentro

 

La historia del ser humano es la aventura de la búsqueda permanente de fuentes de energía. Cada estadio de la humanidad trajo consigo un proceso singular frente al medio ambiente. Su transformación y asimilación cambió radicalmente las cantidades de energía disponible en las sociedades. El metabolismo social era reflejo del traslado sistemático que cada sociedad configuró en torno a su principal fuente de energía.

Cunningham (2012) identifica 5 estadios por los cuales ha transitado la humanidad: i) preagrícola, ii) agrícola, iii) preindustrial, iv) industrial, y v) industrial avanzado. Cada periodo se caracteriza por ciertas fuentes de energía y niveles de consumo. Transitar del estadio agrícola al industrial no hubiese sido posible sin la utilización intensiva de las energías fósiles.

Las grandes revoluciones que dieron origen a la humanidad: la revolución agrícola del neolítico y la revolución industrial en Gran Bretaña del siglo XVIII, fueron básicamente energéticas. En particular, la revolución industrial planteó objetivos primordialmente en términos sociales y ambientales. El nacimiento del sistema capitalista de producción condujo un cambio sustancial en la manera en que las sociedades modificaron los flujos de energía y materiales. El remplazo de sistema de energía agro-solar por el sistema fósil-energético del carbón mineral, a lo largo del siglo XVIII y XIX, produjo una nueva experiencia de un enorme potencial de crecimiento de las cantidades de energía disponibles en el núcleo social.

La industrialización condujo una sucesión de cambios tecnológicos que acrecentaron el consumo de energía. La ruptura con el pasado detonó un proceso acumulativo de repercusiones en la vida económica y explotación energética caracterizada por el uso de la leña, carbón, hierro, vapor y maquinaria. Los métodos de producción fundamentales del siglo XX consideraron clave al petróleo, mientras que el comienzo del siglo XXI dirige su mirada hacia el gas natural con soporte importante del petróleo. En este último estadio, la dinámica capitalista de producción ha producido presiones severas al medio ambiente, de tal forma que sus integrantes ven perjudicadas sus condiciones de reproducción material, social e integral.

Ante los cambios de las sociedades, el paradigma energético característico de cada estadio y la forma de formación y apropiación del excedente, la economía ha incorporado a su núcleo teórico distintas concepciones de la naturaleza.

Las primeras consideraciones sobre el vínculo economía-medio ambiente fueron los nombrados economistas fisiócratas en el siglo XVIII. Estos economistas franceses fueron los primeros en dividir a la sociedad en clases siguiendo un criterio estrictamente económico. Analizaban cómo se producía y cómo circulaba el producto neto entre las tres clases sociales que se esquematizan en el Tableau économique des physiocrates (1758): la clase productiva (aquellas vinculadas a la agricultura), la clase propietaria (Estado, la iglesia, terratenientes) y la denominada “clase estéril” (dedicada a las actividades manufactureras).

De aquí concluyeron que sólo la clase productiva generaba valor, mientras las restantes clases sólo transformaban valores existentes, creados por la primera. La posibilidad de incrementar la actividad económica pasaba necesariamente por el aprovechamiento de la naturaleza, ya que, como se mencionó, la manufactura y el comercio se limitaban, respectivamente a transformar y distribuir lo que proporciona la tierra1. Las actividades agrícolas fueron el centro de sus reflexiones. Los principales autores de la denominada economía de la naturaleza fueron François Quesnay, Linneo y William Petty. Era tal el grado de reconocimiento de este último que consideraba <>.

Posteriormente, la teoría del valor-trabajo formulada por Adam Smith (1776) fue el instrumento analítico que permitió reconfigurar el pensamiento económico. Con este manifiesto, se funda la Economía Clásica. En efecto, la riqueza generada por las naciones ya no dependía de las condiciones climáticas favorables para la agricultura, como planteó la escuela fisiócrata, sino del excedente generado en la esfera industrial. Los economistas clásicos son responsables del primer avance firme de la reducción del campo de la Economía entre lo económico y lo físico-ambiental. A partir de esta consideración, el estudio de la economía dejó de lado la importancia de la naturaleza como espacio vital de la actividad económica.

En términos generales, los economistas clásicos se preocuparon principalmente por las leyes que determinaban el crecimiento de las naciones, haciendo énfasis en el estado estacionario, es decir, el punto donde la economía por sus fuerzas naturales llegaría al agotamiento de sus recursos físicos y no hay crecimiento ni declinación, en especial, por los rendimientos decrecientes de la tierra2. El único economista que consideró que era posible postergar los rendimientos decrecientes de la tierra fue John Stuart Mill (1848) quien asignó a la mejora tecnológica la posibilidad de contrarrestar la caída del producto, aunque temporalmente.

Estas reflexiones de los economistas clásicos no pueden considerarse como preocupación ambiental. El esquema de su análisis, influenciado por el análisis de partículas para explicar los fenómenos de masa de Newton, añadió analógicamente a la economía el análisis individual para explicar los fenómenos sociales.

Por otro lado, la crítica de Karl Marx a la Economía Clásica supuso un cambio significativo de contemplar la naturaleza. Influenciado por el romanticismo3, es posible encontrar a lo largo de su obra la preocupación por las cuestiones medioambientales, considerando a la producción capitalista perturbadora del metabolismo social entre el hombre y la tierra (Marx, 1867). Si bien este tipo de aseveraciones no son determinantes en su cuadro de análisis económico, deja en claro que el capitalismo, un proceso de dominación social sobre las fuerzas naturales a fin de economizarlas, mediante la mano de obra, es el mayor logro de los papeles en la historia de la industria (Marx, 1867). Además, reconoce a las fuerzas de la naturaleza como fuentes creadoras de los valores de uso, y no solamente el trabajo, aunque esta riqueza natural no forme parte de los valores de cambio.

Serían los economistas neoclásicos, enfoque predominante en la enseñanza universitaria de la disciplina hasta la fecha, quienes a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX, terminaron con la noción riqueza física de la producción, transitando a un esquema donde las relaciones entre lo económico y ambiental se modificaron. Economistas como Walras (1874) se refería a los fisiócratas como malas hierbas y alimañas al ir en contra de la utilidad directa. La economía consideró como objeto de estudio a los objetos directamente útiles para los seres humanos e industrias.

Esta idea se reforzó con la demostración de la existencia del equilibrio general competitivo desarrollada por Arrow y Debreu (1954) al considerar a la economía como un núcleo, es decir, sólo los fenómenos relacionados a la producción son los relevantes: los problemas ambientales y la pobreza son fenómenos ajenos. Tal consideración demuestra que tanto los sistema ambiental, social y económico están aislados, se determinan independientemente y no existe interacción entre ellos.

La realidad demuestra todo lo contrario. La problemática ambiental exige una tendencia multidimensional de análisis. La interrelación entre los ecosistemas, economía y sociedad expresa una serie de complejos procesos dinámicos donde se intercambian energía y materia. Toda actividad humana que modifique algún componente del ecosistema repercutirá en las actividades de los elementos involucrados. Los avances en la teoría económica en cuanto a la integración del medio ambiente pueden clasificarse ha sido limitada pues sigue suponiendo relaciones lineales de causalidad donde sólo intervienen productores, consumidores y el Estado a través de política ambiental y tecnológica.

El estudio de un ecosistema natural que ha sufrido la acción del hombre, ya sea por medio de la explotación de sus recursos, renovables o no renovables (agrosistemas e industrias extractivas), o bien por la instalación de asentamientos humanos de diversos tipos, incluyendo las grandes urbanizaciones y las obras de infraestructura, supone la consideración del conjunto de los elementos que intervienen en tales procesos (y de los procesos sociales, económicos y políticos a ellos asociados), de sus partes o factores constitutivos, sus interrelaciones y sus interacciones con otros fenómenos o procesos. Es necesario desarrollar metodologías y marcos conceptuales que vayan más allá de las orientaciones existentes, predominantemente reduccionistas, que puedan abordar las características emergentes de sistemas complejos en los que se integran sistemas culturales y sociales, construcciones tecnocientíficas y sistemas naturales (Allenby, 2006).

En efecto, una alternativa para vincular de manera robusta el problema medio ambiental frente a las exigencias sociales y económicas son los Sistemas Complejos Adaptativos (SCA). Esta metodología desarrollada en los últimos años considera la complejidad del conocimiento, las creencias, la moral, el derecho, las costumbres, la incertidumbre y cualquier otro hábito del ser humano en cuanto miembro de la sociedad. Partir de este punto brinda la oportunidad de construir respuestas de política económica que no son resultado de una abstracción nada útil que hace la teoría económica.

Es momento de plantear los motores económicos de la degradación ambiental dentro de un esquema dinámico y de causalidad diversa que considere la cultura ambiental de las sociedades, la dinámica de los sectores económicos y el poder que ejercen para no transitar hacia tecnologías de mínimo impacto, además de vincular los patrones de consumo más allá de comportamientos racionales y funciones de producción con tecnología de parámetros fijos, entre otros aspectos.

El mundo cartesiano que la economía neoclásica utiliza para explicar su concepción del mundo (y a su vez permitió demostrar su ideología) a través de la reducción, abstracción, atemporalidad brindó al occidente analizar los fenómenos y naturales desde su más simple estructura, lo que permitió entender a muchos de ellos de manera aislada y generar sus leyes. Un ejemplo de ello es la Curva de Kuznets. Esta idea plantea que bajos niveles de ingreso están correlacionados con un creciente deterioro en el medio ambiente, pero después de un cierto punto de inflexión del ingreso por habitante, la relación entre las dos variables se vuelve negativa.

De tal forma, el incremento del ingreso por habitante brinda de manera automática, directa, lineal y sin incertidumbre, mejoras al medio ambiente. Se mantiene la vieja idea de la economía de un crecimiento ilimitado y recursos infinitos. Esta manera de hacer economía supone que el medio ambiente se determina directamente por lo que acontece en el mundo económico, dejando de lado la complejidad del sistema ambiental, social. Destierra las acciones de los grupos de poder, su conexión al mundo real, monetario, y financiero, la capacidad de adaptación de los agentes, el tiempo en que transcurre dicho evento, la interacción entre los gobiernos, la forma en que cada agente utiliza la energía, los excluidos de la política energética nacional y, sobre todo, la cosmovisión de los recursos ambientales de las sociedades. La agenda teórica deja de lado las influencias mutuas entre los sistemas.

El problema no es la utilización de modelos y abstracción, como la propuesta de Kuznets para tratar de acercarse a ciertos aspectos de la realidad, sino dotarle a sus conclusiones de un carácter universal y general. Un problema severo es cuando estas conclusiones llegan al hacedor de política económica, social o ambiental, y éste comienza su implementación en una economía de relaciones complejas. Es necesario replantear el desarrollo del pensamiento económico en relación con la naturaleza considerándola parte elemental de las sociedades y no solamente como fuente de riqueza monetaria o de competitividad económica.

Los SCA, entre otros elementos, plantean multidimensionalidad de análisis y disciplinas, dinámica, temporalidad, las capacidades de organización de los agentes, así como su heterogeneidad, retroalimentaciones entre los sistemas y subsistemas, causas-efectos y capacidad de adaptación, flujos de energía. Pone en evidencia la naturaleza no lineal de la realidad física, química, económica y social de la realidad, proponiendo modelos y aplicaciones para abordar las interacciones en el mundo real. Esta metodología permite no dar respuestas absolutas, pero sí transitar hacia una teorización más coherente que el determinismo económico.

Normalmente, se asocia la imposibilidad de plantear alternativas en temas de profunda complejidad, sin embargo, esta alternativa tiene el potencial para lograrlo. Entre las representantes más importantes de la economía heterodoxa en el uso de esta metodología para abordar la relación humanidad-sistema ecológico es Elinor Ostrom (2006). No se reconoce como un método absoluto, completo y consistente. El teorema de Gödel (1929) demostró que si una teoría es completa no puede ser consistente y si es consistente, entonces no es completa, carácter que la economía no aprendió.

El interés de este trabajo es una invitación a la reflexión y mejores prácticas para la construcción de conocimiento, dejando atrás las pautas teóricas que se quedaron atrás frente a nuestra realidad. Cada teoría o metodología se planteó resolver los problemas de su época, por lo cual, se debe hacer frente a nuestra realidad bajo métodos con distinto fundamento ideológico, que busque preservar la naturaleza y el tránsito hacia formas de convivencia que preserven nuestra existencia.

 

Gabriel Alberto Rosas Sánchez

Universidad Autónoma Metropolitana (México) / miembro de la Sociedad Mesoamericana y del Caribe de Economía Ecológica

 

Referencias bibliográficas

 

Allenby, B. (2006). The ontologies of industrial ecology? Progress in Industrial Ecology, An International Journal, No. 3, pp. 28-40.

Arrow, K. y Debreu, G. (1954). Existence of an equilibrium for a competitive economy. Econometrica: Journal of the Econometric Society, 265-290.

Cunningham, R. (2012). Sustainability: a cultural history. Devon, Reino Unido.

Marx, K. (1867). El Capital: Crítica de la economía Política. Tomo I. Fondo de Cultura Económica, México.

Mill, J. (1848). The principles of political economy

Quesnay, F. (1758). Tableau économique des physiocrates.

Sieferle, R. (2004). “Sostenibilidad: ¿una utopía?” GAIA, 2004, Vol. 13, No 1, p. 40-41.

Sismonde de Sismondi, J. (1803). De la Richesse Commerciale ou Principes D’Economie Politique.

Smith, A. (1776). Investigación de la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Fondo de Cultura Económica, México

Walras, L. (1874). Eléments d’Economie Politique Pure. Homewood

Ostrom, E., y Van der Leeuw, S. (2006). “The globalization of socio-ecological systems: an agenda for scientific research”. Global Environmental Change16(3), 304-316.

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