Medio ambiente

El papel de los bosques en el ciclo del agua

J.A.  Blanco

23/02/2021 - 05:05

 

El papel de los bosques en el ciclo del agua
Foto: earthgonomic

 

Los bosques juegan un importante papel en la regulación de los flujos de humedad atmosférica y en las pautas de precipitación sobre zonas terrestres. Las superficies terrestres y oceánicas del planeta liberan vapor de agua a la atmósfera. Sobre las superficies continentales, este proceso se complementa con la liberación activa de agua por parte de los bosques y otros tipos de vegetación por medio de la evapotranspiración, una combinación de la evaporación de agua desde la superficie del suelo y las plantas y la transpiración por las plantas que absorben agua del suelo para desplazarla hacia la atmósfera y aprovechar el movimiento generado para mover sus fluidos internos. La evapotranspiración suele representar al menos un 40% de la precipitación sobre zonas terrestres, pudiendo llegar en algunos ecosistemas de bosques lluviosos tropicales al 70%. La humedad atmosférica resultante circula alrededor de los continentes y océanos del planeta por medio de los vientos. Este mecanismo puede considerarse como una forma de redistribución del agua entre las distintas superficies terrestres.

Aunque la humedad atmosférica, y en consecuencia la contribución de la evapotranspiración a la precipitación, siguen pautas y movimientos a escalas continentales, tradicionalmente estos fenómenos se han estudiado como parte de un ciclo hidrológico forestal poco dinámico, emplazado en una escala local. Esta visión tradicional limita una comprensión más integradora de la relación de los bosques no sólo con el agua a nivel local o aguas abajo, sino con los flujos hídricos en las zonas a sotavento. Por ejemplo, se ha comprobado que, en zonas tropicales, el aire que pasa sobre zonas arboladas provoca el doble de precipitación que el aire que pasa sobre zonas con vegetación escasa. Por otro lado, los bosques promueven la precipitación al producir partículas y aerosoles que se liberan en la atmósfera (polen, bacterias, restos del dosel arbóreo, esporas de hongos, etc.) y que funcionan como núcleos de agregación sobre los que se condesa el vapor de agua, generando precipitación. Estas tele-conexiones entre zonas arboladas y zonas de precipitación pueden existir a nivel local, regional o incluso continental. Debido a ello, al aumentar la deforestación, los lugares que estén más alejados de la influencia de los vientos costeros serán los primeros en notar cambios en la predictibilidad, extensión y cantidad de precipitación. Tales cambios pueden llegar a provocar el paso de climas húmedos a secos en las regiones fronterizas entre ambos tipos de clima. De hecho, la controvertida nueva teoría de la “bomba biológica” propone que la circulación de vientos desde el mar hacia los continentes se debe primariamente a la creación activa por parte de los bosques de zonas de bajas presiones por medio de la transpiración y condensación. Si dicha teoría llega a confirmarse, la reducción de la cubierta forestal podría afectar a la circulación del aire, llegando incluso a invertir las pautas de vientos.

Los bosques influyen en el suministro de agua

La intercepción de los bosques y la evaporación de agua desde el follaje de los árboles reducen la conversión de la precipitación en aguas subterráneas y caudal superficial. La transpiración de la humedad del suelo a través del follaje incrementa esta reducción. En este monográfico, Valencia-Leguizamón y Tobón (2017) analizan la influencia de la vegetación en el funcionamiento hidrológico de humedales de la alta montaña tropical de Colombia. Estos autores concluyen, entre otras cosas, que las características propias de la vegetación, como la arquitectura de las hojas y ramas, pueden llegar a determinar la cantidad de agua interceptada. Aunque estos procesos podrían definirse como pérdidas para la producción de aguas útiles en las cuencas forestales, a través de esta utilización del agua y de la fotosíntesis, los bosques producen madera, hojas, flores, frutos y semillas. Por ello, aunque no hay duda de que los bosques utilizan agua, también producen muchos bienes y servicios necesarios para las sociedades humanas.

Por otro lado, los bosques pueden interceptar de manera activa niebla y nubes, creando las llamadas “torres de agua” (Viviroli y Weingartner 2004). Estas torres consisten en zonas forestales a altitudes elevadas que atrapan agua y niebla al condensarse éstas sobre las superficies de las plantas que componen el dosel arbóreo (follaje y ramas de los árboles, musgos, hongos, lianas y otras plantas epifitas). De hecho, los bosques de niebla pueden generar más agua disponible que llega a la zona de enraizamiento del suelo que otros tipos de bosque con una precipitación similar. Por ello, estos bosques pueden llegar a convertirse en importantes fuentes de agua para las zonas aguas abajo, ya que se ha comprobado que pueden tener mayores tasas de infiltración ý flujo superficial que las zonas agrícolas aledañas. Por ejemplo, se considera que los bosques de niebla mexicanos son uno de los ecosistemas del país con mayor capacidad de provisión de recursos hídricos (González-Espinosa et al. 2012). De forma similar, los bosques nubosos de las Yungas de Bolivia y Argentina son la principal fuente de recursos hídricos para el riego de 400 000 Ha de cultivos y el consumo de agua potable para 2 millones de habitantes.

Estos ejemplos indican que los bosques de niebla son especialmente importantes, y su conservación debería ser prioritaria no sólo desde el punto de vista de conservación de la biodiversidad, sino también desde el punto de vista de mantenimiento de sus funciones hidrológicas. En este monográfico, el trabajo de OchoaOchoa et al. (2017) muestra una metodología para priorizar y diseñar una estrategia de conservación efectiva de los bosques de niebla mexicanos. Otra consideración importante es que el aporte de precipitación a través del agua capturada por los árboles desde la niebla no solamente es importante en términos de cantidad de agua (pudiendo llegar a suponer hasta un 75% del total del flujo hídrico en algunas cuencas hidrográficas), sino también en función de la temporalidad de las mismas. Por ejemplo, en zonas áridas del interior de China meridional se ha comprobado que hasta el 80% de la precipitación proveniente de la niebla sucede durante la estación seca.

Por otro lado, también debe destacarse el papel de los bosques en los ciclos hidrológicos de zonas áridas. En muchas partes del mundo, especialmente en climas con estaciones secas, el régimen de flujo del agua es más importante que la cantidad de agua disponible anualmente, tanto para sostener sistemas acuáticos como para mantener actividades agrícolas e industriales. El flujo en los cursos de agua durante la estación seca es vital para la navegación, fauna, comunidades rurales, ganado, pesca, y especialmente para los sistemas de regadío que carecen de la tecnología para bombear agua subterránea. En este sentido, el papel hidrológico de los bosques áridos puede ser más importante en relación al mantenimiento de los flujos hídricos durante la estación seca que en relación a la producción anual total de agua disponible aguas abajo. Muchas zonas áridas y semiáridas sufren a su vez de sobreexplotación de sus cubiertas vegetales y edáficas, originando problemas de erosión y desertificación. Por ello, la restauración de la cubierta vegetal y, en particular, la reforestación son vitales en muchas zonas para recuperar el funcionamiento hidrológico de las cuencas semiáridas y para parar los procesos de degradación y desertificación.

 

J.A.  Blanco

Universidad de Navarra

Acerca de esta publicación: El artículo titulado “ El papel de los bosques en el ciclo del agua ”, de J.A. Blanco, corresponde a un capítulo del ensayo académico “ Bosques, suelo y agua: explorando sus interacciones ” del mismo autor.

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