Medio ambiente

Cuando el río era la vida de mi pueblo

Gustavo A. Carreño Jiménez

19/07/2023 - 00:05

 

Cuando el río era la vida de mi pueblo

 

A orillas del Magdalena, se divisa un pueblito/

todo el que pisa esa tierra, nunca la echa en olvido/

tiene muy bellas mujeres y se toma ron caña/

ese se llama Santa Ana y el que llega allí se amaña/

Santa Ana querida no te olvidaré, mi tierra arenosa pronto volveré (Bis)”

(Canción Santa Ana, Armando Hernández)

La naturaleza anfibia de mi natal Santa Ana (Magdalena) se recoge en los apuntes de las exploraciones del biólogo, humanista, geógrafo, astrónomo y polimata alemán Alexander Von Humboldt, redescubridor de la  naturaleza de América. En champanes movidos por bogas las travesías del científico prusiano por el río Magdalena en el brazo Mompox informa de un “panorama del río grandioso y majestuoso, navegable. […], aun cuando desde allí la mirada sólo abarca un brazo del mismo, se disfruta desde Barranca hasta Mompos una relativa monotonía. […] Aquí y allá un pueblito como Santa Ana, con palmas pintorescas; por la mañana el fresco verdor de la ribera […] por la noche y aún en el día zancudos rabiosos (tempraneros), color castaño oscuro”. […] La gente se llama india, pero pocos son legítimos y puros como en el Orinoco; casi todos están mezclados con raza negra, desgraciadamente están situado demasiado cerca del río, y a un nivel muy bajo, por lo cual se inundan a menudo.[1]     

Otra destacada referencia geográfica de Santa Ana la encontramos en José María Samper, periodista, humanista, escritor y político cundinamarqués quien viajo y narró sus recorridos por Colombia y buena parte de Europa, su paso por el ramal del brazo de Mompox lo documentó así,  “el viajero se consuela viendo asomar de trecho en trecho los pobres caseríos que se destacan sobre barrancas pedregosas, ya a la derecha del río como los pueblos de San Zenón, San Fernando, Santa Ana y Pinto; ya a la derecha como los pueblos de Talaigua y Zambrano”.[2]

Santa Ana es uno de los 125 municipios de Colombia estratégicamente localizado en una de las riberas del río de la patria, en la subregión del bajo Magdalena es uno de los 55 municipios que la integran, en este tramo del río, El Banco, Mompox, Magangué, Calamar y Barranquilla son sus puertos más importantes. Ahora bien, los nativos Chimilas lo bautizaron con el nombre de “cariguaño”, en medio de la depresión momposina dónde confluyen además el río Cauca y San Jorge una las zonas más anegadizas del país.

El bajo Magdalena es un tramo del río comprendido entre el Banco (Magdalena) y su desembocadura en el mar Caribe en Bocas de Ceniza (Barranquilla), culturalmente es muy importante por ser nicho de la cumbia en Colombia, allí nuestros ancestros danzaban con sus tambores todas las noches alrededor a las hogueras quedando muchas de aquellas vivencias en las canciones inmortalizadas por José Benito Barros.

Estar empotrado en este dinámico corredor portuario y  aprovechar su dotación natural facilita que los ríos sean fuente de vida, sustento y desarrollo[3] desde los tiempos precolombinos hasta las últimas décadas del siglo pasado. Es el caso de Santa Ana, la naturaleza ribereña, anfibia, riana en palabras de Fals Borda satelizó las formas de vida, costumbres, subsistencia, imaginarios y expectativas, todo giraba de cara y en derredor del río, de hecho, soy uno de tantos de esas generaciones forjadas por el río.

Para un pueblo ribereño el río significa todo, es medio de comunicación, transporte, producción de bienes y servicios para la vida (ganadería, agricultura, pesca, comercio y otros servicios) y para atender sus necesidades básicas fundamentales como saciar la sed, preparación de comida, aseo, etc.

Era todo un espectáculo apreciar el paso de grandes barcos de vapor en su itinerario hacia Mompox  procedentes de Honda y con destino Cartagena o Barranquilla. Barcos como “El Juan Bautista Elber”, “El Bremen”, “El Santander”, “El Pichincha”, “El Monserrate” o “El Guadalupe Salcedo”. Un caso especial es el inolvidable “David Arango”[4], arrojaba bocanadas de humo por sus chimeneas, tenía salas de cine, pista de baile y orquesta de planta, nada que envidiar al “Titanic”, desafortunadamente también terminó destruido, no por un iceberg si no por un incendio que lo consumió por completo en el Puerto de Magangué lo cual cerró el ciclo de la navegación a vapor por el río Magdalena.[5]

El muelle de las lanchas estaba en la calle de la albarrada, frente a los almacenes de variedades de los señores Hugo Luna y Bladimiro Ospino. A donde Bladi. papá me mandaba a comprar el diario “El siglo”. Nos familiarizamos con las lanchas “La Vencedora”, “La Independencia”, “La Nancy Elvira”, “la Providencia”,  “La Teresita” o “La Compañía” de Don Sixto Lara, magangueleño, otras atracaban casi todos los días en el muelle: “La Gladel” de Don Raymundo López, santanero; “La Graciela” del señor Elías Duran, sanfernandero y “La Popular” cuyo propietario desconozco.

Las lanchas transportaban desde Magangué casi todos los productos de consumo de la canasta familiar: arroz, azúcar, panela, aceite, hielo en moldes, gasolina y combustibles,  frutas, verduras, cerveza, bebidas y licores, ropa de todo tipo, periódicos y revistas,  panela, pastas, las cintas para el teatro Michichoa[6] o las bandas de música para la cabalgata que dan inicio a las fiestas patronales y de toros cada 26 de Julio.

En cambio, los remolcadores transportaban exclusivamente carga pesada, ganado, madera o derivados del petróleo, etc. Frente a nuestro pueblo surcaron los remolcadores “El Mercurio”, “El Venus”; “El Júpiter”; “El Saturno”, “El Puracé”, “El Galeras”, “El Junín”, “El Boyacá, entre otros, además de “El Ariari” de Don Alirio Quiroz, momposino.

Otro punto estratégico sobre la calle de la albarrada, era el puerto de las “Chalupas” en el sector del inolvidable “Suan”, por dónde fundamentalmente se movía el transporte de pasajeros hacía y desde Magangué, Talaigua, Mompox, Plato, San Sebastián, El Banco, Pinto, San Fernando e incluso Barranquilla cuando los emprendedores Raymundo López y Luis Calderón montaron una sociedad para el transporte de pasajeros Santa Ana – Barranquilla y viceversa, sociedad de corta duración.

“El Suan” quedó “sembrado” para siempre en nuestras memorias, en tiempos de duras sequías o daño del acueducto llenábamos las canecas de agua que cargábamos a hombros para el uso y necesidades básicas del hogar, mientras que en invierno y creciente del río aprovechábamos para darnos el baño más refrescante haciendo clavados o volatines “atarzanados” a sus barbas descolgadas.       

Antes del “Suan” siguen estando los pedregosos “Barrancos”, estampas del municipio, telón que abre los ojos a los propios y visitantes para que descubran las bellezas físicas, naturales y humanas atesoradas en su interior, sobre el brazo Mompox los “Barrancos” son una belleza singular, las demás poblaciones que tenían los perdieron, sea porque el río los erosionó sea porque cambio su curso,  caso de San Fernando.

Más arriba del extinto “Suan” encontrábamos un punto importante, el sector “Puerto Mocho”, un puerto de canoas, pescadores y cruce de personas hacía Talaigua, en un tiempo funcionó en aquel puerto un “Ferry” hasta antes de la construcción del Puente que interconecta con la Isla de Mompox, en un momento de nuestra historia operó allí la pista de aterrizaje de las avionetas anfibias del Andian que transportaban el dinero del pago de las mesadas de los empleados de la estación local, una once estaciones principales de la multinacional que transportaba petróleo desde Barrancabermeja hasta Cartagena con destino a los Estados unidos, funcionó ahí mismo una bodega de materiales de la misma compañía; también, la planta eléctrica que iluminaba nuestras noches, por sectores, sobre todo entre las 6 de la tarde y 6 de la mañana.

Entonces, la calle de la albarrada, la paralela al río, la  primera calle del pueblo, era la más concurrida, ella era el epicentro de la vida social, económica, institucional y cultural, desde “Puerto Mocho” hasta el matadero, atravesando el pueblo en diagonal conectando los barrios arriba, centro y abajo con los demás barrios ubicados a sus espaldas. Ella era el eje del comercio, transporte, economía y demás actividades sociales a partir del sector “El Suan” y el puerto de las chalupas donde se encontraban los billares del “Vale Granados”, la cantina “La Pelúa”, las avenas en barril de “El Chola”, kiokos y variados negocios.

Luego, se encontrábamos la plaza de mercado, el puesto de salud que tenía un muelle pequeño para sus chalupas, seguidamente estaban los hostales-restaurantes de Guillermina Ospino y Rosa Antonia Morales, la gasolinera de John Arrieta y los almacenes de Bladimiro Ospino y Hugo Luna en el muelle de lanchas y planchones; seguidamente las escuelas urbanas mixtas N°1 y N°2, el taller de mecánica de señor Fidel López.

Ya en el barrio abajo encontrábamos diferentes negocios, tiendas y kiokos, la KZ “Brisas del Magdalena” del señor Melquiades Oliveros, allí se hacía la cumbia del 6 de reyes[7], última de la navidad y primera del año nuevo. En la cola de la albarrada estaba el matadero y más abajito se formaban las playas frente a la Ladera (Bolívar) por sedimentación del río, las gozábamos en épocas de verano y sequías del río o en las “mojaciones” de las carnestolendas.

Siguen siendo emblemáticas las murallas de aproximadamente un kilómetro a todo lo largo de la albarrada infaltables en todo pueblo ribereño, protegen de los estragos producidos por las frecuentes inundaciones, en las murallas y sus alrededores se situaban los vendedores de Talaigua con sus Bollos limpio, yuca, berenjena, tomate criollo, habichuela, batata, etc.; los Sanfernanderos  con bollos de mazorca, yuca, cazabe, pescados, etc.; los jaraberos  con sus pescados, yuca, etc.; los barroblanqueros con comida de monte, ponche, zaino, conejos, etc.), los laderanos con yuca, plátano, mafufo, bastimentos, etc.

Hoy todo ha cambiado, lo que describo ya no existe, es nostalgia y recuerdos que permanecerán por siempre en la memoria de los contemporáneos de aquellos tiempos, los pueblos, autoridades y el Estado colombiano le dieron la espalda al río, lo abandonaron a su suerte, extinción y muerte paulatina. El río que ante era la vida del riano regalándonos todo, muere lentamente. En la actualidad es un sector muerto en la localidad,  poco comercio, servicios y transportes, la vida social, mutó hacía los extramuros, la otrora gotera del pueblo, el sector de “Los Tubos” lo cual también tiene su historia, explicación y razón de ser, dicho de otra manera, la dinámica y  progreso que hoy experimentan “Los Tubos” es guardadas las proporciones la misma que vivió la albarrada, en los mejores tiempos del río.

Las cosas no ocurren por casualidad o fatalidad, se producen por motivos y circunstancias precisas y en los momentos indicados, el giro en las dinámicas del desarrollo de Santa Ana obedeció a circunstancias geográficas, naturales, económicas y políticas. Sabido es que el río Magdalena es sinuoso, con obstáculos sumergidos, poca profundidad, alta sedimentación natural y deterioro por la acción humana provocando erosión, deforestación, lo cual impacta negativamente su navegabilidad[8].

Estas alteraciones produjeron en 1858 la profundización del brazo de Las Lobas, restó cauce, profundidad y navegabilidad del rio Magdalena en el brazo Mompox, a juicio de Ray Sinning en su obra aquí referenciada trastocó la vida social, política, económica y cultural de este ramal del río, afectando la dinámica económica de los pueblos situados en sus riberas, su fauna y su flora, la aparición de islas, islotes y cayos.

Por fortuna, Colombia cambió. Soplan nuevos vientos, el gobierno alternativo apuesta por una Colombia potencia mundial de la vida, y el río Magdalena potenció el desarrollo del país y la vida de los colombianos, es protagonista de primer orden, por ello se deben valorar las iniciativas gubernamentales del gobierno Petro, los anuncios de recuperación y canalización del río son urgentes, necesarios, impostergables, la revitalización de la economía del transporte fluvial a base del uso de energías limpias como la solar y el cuidado del agua, fuente de vida, las comunidades anfibias claman y reclaman volver a poner los ojos, el alma y los recursos en la recuperación integral del río Magdalena incluyendo el brazo Mompox.

 

Gustavo A. Carreño Jiménez

 

[1] Alexander Von Humboldt en Colombia. Extractos de sus diarios preparados y presentados por la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y la Academia de ciencias físicas de la República Democrática Alemana. Flota Mercante Grancolombiana, Bogotá 1982, Páginas 30 a 36.

[2] Calderón, Luis (2011). Ensayo no titulado informe, Fundación Amigos de la historia de Santa Ana. Citado por Sierra Sánchez, Leonardo (2011), Identidades, espacios y territorios en el mixer de la historia santanera. tesis de grado para optar al título de Antropólogo, Universidad del Magdalena, 2012. Página 131.

[3] Galvis Aponte y Quintero Fragozo (2017), Geografía Económica de los municipios del Mgadalena. Documentos de trabajo sobre Economía Regional y Urbana, N°265. Banco de la República (Cartagena).

[4] González Lascarro, Ledy (2001), Santa Ana: Evolución histórica. Tipografía caribe, Santa Marta, Página 50.

[5] Sinning, Edgar (1995), El hombre y su Rio. Gráficas Gutenberg Ltda., Santa Marta, Página 11.

[7] Carreño Jiménez, Gustavo (2022). https://panoramacultural.com.co/artes-escenicas/8994/aquellos-fandangos-y-cumbias-de-navidad-y-ano-nuevo-en-santa-ana-magdalena

[8] Márquez Calle, Germán (2016). Un rio difícil. El Magdalena: Historia ambiental, navegabilidad y desarrollo, Memorias N°28, Páginas 29-59.

 

Sobre el autor

Gustavo A. Carreño Jiménez

Gustavo A. Carreño Jiménez

Desmitificando a la India Catalina

Economista, Universidad de Cartagena. Especialista en Gerencia de Proyectos, Universidad Piloto de Colombia (Bogotá). Magister en Desarrollo y Cultura de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Investigador Cultural. Maestro de Ciencias Sociales Distrito de Cartagena de Indias.

@TavoCarJim

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