Música y folclor
El Silvestrismo, mecido por las notas de Rolando

Contar una historia desde una perspectiva diferente, algo peculiar, ayuda a entender lo que se esconde detrás de cada evento y cada fenómeno. La maravillosa prestación de Silvestre Dangond en los 463 años de la ciudad de Valledupar es digna de reflejar en una crónica, su magnetismo y su energía se merecen el foco de todas las atenciones, pero en este caso quiero resaltar el trabajo silencioso y elegante de un hombre que fue, finalmente, el artífice de gran parte de una noche en la que el silvestrismo de Valledupar hizo su gran fiesta.
Mucho antes de que Silvestre entrara calentando motores para interpretar el Hit que ya conocemos todos, el gran Rolando –sirva este calificativo para describir su destreza y su tamaño real–, ya se había posicionado en el escenario con su temple tranquilo y seguro, dirigiendo a los espectadores una mirada de agradecimiento.
En sus manos estaba el “muchacho”, ese acordeón Hohner del que pocas veces se separa y con quien interpreta las canciones más conmovedoras de la actualidad. Se lo colocó sobre los hombros, hizo una prueba de sonido, tres notas acariciadas con el toque de un músico virtuoso, esperó unos leves segundos para que el resto de la banda se pusiera en orden y durante ese breve silencio se gestó el terremoto que luego siguió con la llegada del mismísimo Silvestre.
Rolando visualizó ese instante, un suspiro, y de repente, nació de sus manos lo que todo Valledupar había estado escuchando durante un mes en la radio. “El Hit” compuesto por el célebre Calixto estaba ahora sonando a través de Rolando Ochoa, con una poderosa digitación, veloz y confiado, dejando claro que lo que mana de un Cd puede ser tan real como lo que se escucha en el Parque de la Leyenda Vallenata.
Entonces saltaron cohetes en el aire y apareció Silvestre Dangond, impulsado por la melodía envolvente de Rolando. Cada nota que mecía al público, y cada armonía que acompañaba al cantante, eran el fruto del trabajo del acordeonero quien, siempre impasible, observaba cada vaivén del músico.
Y no es que sea fácil acompañar a Silvestre. El hombre de la chaqueta roja –el Revolucionario del Vallenato– es conocido por convertirse en una furia en los escenarios, saltando, brincando y dando vueltas al más puro estilo cherokee (o también al estilo de Michael Jackson).
Hay que saber acomodarse, anticipar y entender cuáles son las intenciones del cantante, responder al segundo y acompañarlo en sus más extravagantes ocurrencias (todas las que permiten al público disfrutar de un espectáculo único). Y en eso, Rolando Ochoa es un experto. Un rey absoluto y silencioso, que se deleita viendo a los espectadores vibrando y cantando.
Su poder es enorme, él lo sabe. Él tiene un protagonismo único en esa revolución. Su elegancia y tranquilidad en el escenario le permiten crear mareas en el parque, levantar cohetes en el cielo y, lo mejor de todo, es que esa fuerza la comparte con todos sin reivindicarla. Porque su firma está en todas partes.
Johari Gautier Carmona
Sobre el autor
Johari Gautier Carmona
Textos caribeños
Periodista y narrador franco-español. De herencia antillana. Dirige PanoramaCultural.com.co desde su fundación en 2012.
Escribe sobre culturas, África, viajes, medio ambiente y literatura. Todo lo que, de alguna forma, está ahí y no se deja ver… Autor de "El hechizo del tren" (Ediciones Universidad Autònoma de Barcelona, 2023), "África: cambio climático y resiliencia" (Ediciones Universidad Autónoma de Barcelona, 2022), "Cuentos históricos del pueblo africano" (Ed. Almuzara, 2010), Del sueño y sus pesadillas (Atmósfera Literaria, 2015) y "El Rey del mambo" (Ed. Irreverentes, 2009).
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