Música y folclor
Valledupar, la capital mundial del vallenato

Valledupar es reconocida como la capital mundial del vallenato, identificación en el que ha sido fundamental el Festival de la Leyenda Vallenata. Tal es la simbiosis entre la ciudad y esta música, que sus habitantes han aceptado como gentilicio el de vallenato, cuando antes lo rechazaban, recalcando que era valduparense, y destacando que ballenato era el hijo de la ballena.
Sin lugar a dudas, la aceptación del gentilicio va de la mano con la apropiación de la música vallenata como un producto local. Es la manera de mostrar el sentido de pertenencia por una expresión musical que, aunque es producto de una construcción colectiva regional del Caribe colombiano, hoy está referenciada como identificatoria de esta ciudad.
Proceso de identificación y apropiación del vallenato en el que también contribuyó la comercialización y popularización de esta música. Comercialización en la que incidió la formación de modernas agrupaciones musicales, donde el cantante fue independiente del acordeonero. Además, el interés de las principales casas disqueras por producir música vallenata. También, el enfoque temático que le dieron a la mayoría de las canciones que comenzaron a ser grabadas, especialmente a mediados de los años setenta.
Música grabada en la que abordaron especialmente temas como el amor, la mujer y el despecho, compuestos por autores con formación educativa (otros no), algunos basados en las obras de grandes poetas, tanto que en algunas canciones incluyeron trozos de algunos poemas.
Este tipo de canciones, además del impulso comercial de las casas disqueras, entre otros factores, contribuyó a que el vallenato dejara de ser visto como rural. Entonces, se vistió de citadino y la juventud de las ciudades del Caribe colombiano comenzó a escucharlo; después fue abriendo espacios en el interior del país.
La dinámica que impulsaba al vallenato obligó a las emisoras del Caribe colombiano a incluirlo en sus parrillas musicales habituales, independientemente de los programas especializados en esta música. Incluso, en Barranquilla fue creada una emisora para programar solo este género musical.
Pero mientras la comercialización y popularización del vallenato avanzaba, los juglares perdían espacio en el mercado musical, pues a las casas disqueras dominantes no les interesaba lo que estos producían, porque no les resultaba productivo.
Sin embargo, mientras eran excluidos del círculo comercial, la presencia y competencia de estos en el Festival de la Leyenda Vallenata le daba prestigio a este evento. Porque sin la participación de Durán, Zuleta, Martínez, Landero, Villa, Mendoza, entre los más destacados, este no hubiera tenido la competitividad que impulsó a acordeoneros de otras generaciones a participar en él.
Fueron los juglares, entre ellos, Pacho Rada, Abel Antonio Villa, Luis Enrique Martínez, Alejandro Durán, Andrés Landero, Julio de la Ossa, Emiliano Zuleta, Morales, quienes, a fuerza de su capacidad musical, de su dedicación, abrieron un espacio musical en un universo en el que el vallenato era considerado como marginal, interpretado por corronchos, beodos, campesinos, mujeriegos e irresponsables. Pero especialmente Alejo Durán, Luis Enrique, Abel Antonio, Landero, quienes como nómadas iban por pueblos y veredas, rebuscándose económicamente con su música.
Para entonces, el vallenato carecía de fama y era identificado como un producto cultural del Magdalena Grande. Territorialidad que a los bolivarenses no les importaba, pese a la contribución de sus acordeoneros y músicos en su formación como un género musical.
Para ese tiempo, en ningún lugar existía una narrativa con la que argumentar que esta música era un producto local. Incluso, en Valledupar el vallenato estaba prohibido escucharlo en su principal club social.
Pero hubo un hecho importante para el vallenato: llegó a Valledupar un miembro de la rancia oligarquía bogotana, López Michelsen, y junto a miembros de la alta sociedad valduparense y del maestro Escalona, organizaron el Festival que, apoyado en la comercialización y popularización del vallenato, se convirtió en el evento musical más relevante del Caribe colombiano.
La trascendencia nacional e internacional adquirida con el paso del tiempo por el Festival generó un sentido de pertenencia por la música vallenata, tanto que los habitantes de Valledupar aceptaron que los llamaran vallenatos. Lo que llevó a Consuelo Araujo Noguera a definir en su Lexicón del Valle (1994) el término Vallenato como gentilicio de los naturales del Valle de Upar. 2. Perteneciente o relativo a esta ciudad o a la antigua Provincia de Valledupar y Padilla.
Álvaro Rojano Osorio






