Música y folclor

Isaac “Tijito” Carrillo: memorias de un compositor y su mundo sonoro

Álvaro Rojano Osorio

27/11/2025 - 07:20

 

Isaac “Tijito” Carrillo: memorias de un compositor y su mundo sonoro
El cantautor Tijito Carrillo / Foto: créditos a su autor

 

El compositor Isaac “Tijito” Carrillo nació en San Juan del Cesar, en la calle conocida como “del embudo” o “de la Virgencita”, la misma que, en los inicios de la bonanza algodonera, sirvió como pista de aterrizaje de aviones y avionetas transportando este producto. 

–Yo nací el  jueves 3 de junio de 1937, a las doce del día. Eso lo tenía anotado mi madre en un cuaderno. Señala Isaac –Tijito- Carrillo.

En San Juan del Cesar, trabajó como cantinero en una buchacara cercana a su vivienda, además acompañaba a su padre a cortar leña. A los veintiún años emprendió viaje hacia Venezuela donde se desempeñó como albañil, embobinador de motores y electricista. Además, junto con un grupo de colombianos indocumentados, aprendió a cortar cabellos.

–Allá participé en un programa de televisión denominado Ondas del Lago. Éste era un concurso de interpretación de rancheras, y me lo gané. Es que mis inicios en este género fueron en la adolescencia, cuando comencé a ver las películas de charros mexicanos. Rancheras que canto con tanto entusiasmo que, con el tiempo, he llegado a ser reconocido como un buen intérprete de ellas.

Pero esta presentación no fue la primera puesta en escena de la vocación musical de Tijito, pues en San Juan, siendo aún menor de edad, cantaba rancheras y letanías en el picot de bocina de Lucho Quintana, utilizando un micrófono que conectaban al amplificador.

De su vocación musical, Tijito asegura que la heredó de su familia paterna y materna. En efecto, su padre Víctor Carrillo Pino tocaba el redoblante en las colitas y, además, era poeta y escribía letanías para los carnavales. Mientras que,  su abuelo materno, José Brito Tirado, componía  decimas de diez, de doce y de más palabras.  Además, su tío, Agustín Brito, de quien asegura que quien nadie se lo ganaba improvisando,  hacía versos de cuatro y seis palabras. 

De su relación con el vallenato, Tijito cuenta que comenzó en su niñez escuchando  canciones del maestro Emiliano Zuleta Vaquero:

—Los primeros vallenatos que canté fueron de la autoría del viejo Emiliano. Yo no sé qué le pasa a Mile/ Que todo el mundo lo quiere/ Lo quieres hasta los hombres, hay que queda para las mujeres. Yo lo escuchaba en las fiestas patronales de San Juan Bautista, para la época que ya había compuesto La Pimientica.  

Después, se motivó por la música interpretada por Luis Enrique Martínez, a quien identifica como “el que hacía sonar el acordeón en la forma más bella del mundo”. Lo oyó interpretando La cumbia Cienaguera, La vaciladora, El Mago del Copey, en fin. Pero, antes, conoció a Abel Antonio Villa, esto sucedió en la casa de Escolástico Romero, mientras tocaba La muerte de Abel Antonio y El Ramillete. También tuvo la oportunidad de ver a Samuel Martínez tocando y cantando el merengue Huevos fritos.

—Igualmente, observé y escuché a Chico Bolaño en la procesión de la virgen del Rosario, en Villanueva: interpretando con el acordeón y cantando       El alambique y Santa Marta tiene tren.

También conoció a Rafael Escalona. Esto ocurrió cuando era un niño que vendía almojábanas por las calles de San Juan, y lo escuchó cantar Honda Herida y creando la composición El Chevrolito.

 –Cuando él terminó de interpretar sus canciones, yo dije: “Algún día tengo que cantar y componer como es señor.” Entonces, uno de los que me escuchó comentó: “Díganle a Víctor Carrillo (mi padre) que amarre a Tijito porque está loco.  ¿Cómo va a decir que  será compositor como Rafael Escalona?”.

Escalona y Rafael Romero, al escuchar la burla, preguntaron qué estaba ocurriendo, y el maestro se dirigió a quienes se reían y les dijo: “¿Por qué no? Si él puede hacerlo”. Entonces todo el mundo guardó silencio.

Después, Rafael Romero me preguntó: “¿Qué estas vendiendo?” Almojábanas, le respondí. Compró doce pesos para dárselas a Escalona. Esa venta batió todos los record.

Sus primeras composiciones 

Las primeras composiciones de Tijito las hizo cuando tenía catorce o quince años. Esos versos estuvieron relacionados con un disfraz que Basilio Orta sacaba en los carnavales. Los hacía dictándoselos a Basilio porque él no sabía leer ni escribir. El no saberlo, lo obligó a aprender a leer, lo que logró de la mano de  Aura Vega, y a escribir, tal como  Luisa Ariza le enseñó. Esa fue toda la educación que recibió Tijito.

Mientras que su primera canción relacionada con la música vallenata fue El Monarca. La comenzó a componer a los quince años y la terminó a los diecisiete, ya que, según cuenta Tijito, le resultaba difícil hacer una estrofa al carecer de experiencia para dar con la melodía. Además, a veces suprimía una parte de versos y añadía otros nuevos. El segundo tema fue De Hinojos, y luego La Sal de FrutaLa Guayabalera, así sucesivamente.

––La Guayabalera la compuse cuando era conductor de un camión, un Ford 52 que había comprado un vecino y al que le puso el nombre de “Expreso Manuel María”. Le dio ese nombre porque trasportaba a los pasajeros que iban a consulta donde el indio Manuel María. Este se había mudado para Guayacanal porque los médicos de San Juan, como el Doctor Danies, Gutiérrez y otros, lo atacaban porque tenía más clientela que ellos.

Fue en Guayabal, cerca de Guayacanal, donde Tijito conoció a Ligia Antonia Vega Daza, la musa de esta canción. Ella, según el compositor, era una mujer de tez y pelo clara, fileña y baja de estatura. ­––La vi, la conquisté, nos hicimos novios. Le ofrecí la visita, pero me dijeron que primero debía hablar con su padrastro al que consideraban como un hombre bravo.

­––Yo me dirigí a él y le dije: “Señor Carreño, su hijastra Ligia me gusta y quiero visitarla.” Él me respondió: “Mire mijito, usted me cae bien porque es un muchacho trabajador, pero para aceptar la visita primero tengo que conocer a su familia en San Juan”. Nosotros teníamos una llantería en la casa, y al regresar dijo: “Que Tijito visite a la muchacha.”

Entonces, en Guayabal, algunas personas expresaron: “Oye, Carreño, ¿vas a dejar que es negrito chiquitico, que carga bultos, conquiste a una mujer tan bonita?” ––Duramos cuatro años de romance y nos casamos un 29 de agosto.

Pero antes de Ligia, Tijito tuvo una novia en El Totumo, otra en el Hatico de los Indios,  y estuvo enamorado de Anita Bermúdez, de San Juan, a la que le compuso El Monarca.

Tijito y sus relaciones con Colacho Mendoza

–– Colacho Mendoza me pidió un cupo en el camión mixto que yo manejaba. Él iba del Limoncito para el Hatico de los Indios. Recuerdo que, al montarse, me entregó una cajita que estaba dentro de un saco de fique y me dijo: “Tijito, ten cuidado, que es un acordeón.”

––Cuando íbamos llegando a Corral de Piedras, Eugenio Fragoso le comentó a Colacho que yo tenía unas composiciones. Entonces Colacho me invitó a una parranda en la casa de Rita Fragoso. Eso fue un lunes. Recuerdo que, mientras yo cantaba El Monarca, él cerró el acordeón y me preguntó. ¿Esa canción es de tu autoría?  ¿Cómo hiciste para componerla? Después, cuando escuchó De Hinojos, señaló que era un merengue bonito.

––A Colacho  le debo mi residencia en Valledupar, en lo que también intervinieron Darío Pavajeu, Jaime Akerman, Crispín Villazón, Libardo Cuello. Eso fue en 1965. Ellos ya me conocían porque les cantaba mis canciones en el café La Bolsa, con el acompañamiento musical de Colacho. Allí conocí a Adán Montero y a Diego Jaramillo, gerente de Sonolux.

Fue Diego Jaramillo quien le dio a Tijito la primera oportunidad de grabar, en 1964, junto con Colacho Mendoza.  ––Yo le dije a Diego que yo no sabía cantar vallenato, que lo mío era la ranchera; sin embargo, él insistió indicando que algo se hacía. Grabamos en Disco Atlántico (porque Sonolux no tenía estudios en Barranquilla) tres canciones: El Monarca, La Sal de Fruta y Las Mujeres. Después, hicimos un disco de larga duración que titularon Todo Vallenato.

Los Playoneros del Cesar

Para 1968, cuando Colacho grabó con Poncho  Zuleta, ya Tijito formaba pareja musical  con Ovidio Montero y Los Playoneros.

––Eso pasó cuando Wicho Sánchez y Miguel Yaneth se apartaron del conjunto. Mi unión con Ovidio se produjo porque Emilianito Zuleta, que era mi acordeonero, se fue a estudiar a Tunja.  Los fines de semana Emilianito no se iba para Villanueva, y entonces, junto con Simón Herrera o Cirino Castilla, tocábamos en parrandas. También anduve un tiempo con Florentino Montero, pero Flore era muy embustero y después me injurió.

––Cuando  se dio la separación Wicho Sánchez y Miguel Yaneth, este último, que era medio chocante, le dijo a Ovidio: “Quédate con Tijito”, como si yo fuera alguien insignificante.

Estuve con Los Playoneros hasta una feria en la que el gerente, que era Beto Castro, dijo que no nos iba a pagar completo el dinero que habíamos acordado por nuestra presentación. Me disgusté y me fui a trabajar con Caito Carrillo. Con él laboré durante dos años,  y  todo ese tiempo rechacé cualquier propuesta de volver a un conjunto vallenato mientras no me pagaran lo que realmente valía mi trabajo.

 

Álvaro Rojano Osorio

Sobre el autor

Álvaro Rojano Osorio

Álvaro Rojano Osorio

El telégrafo del río

Autor de  los libros “Municipio de Pedraza, aproximaciones historicas" (Barranquilla, 2002), “La Tambora viva, música de la depresion momposina” (Barranquilla, 2013), “La música del Bajo Magdalena, subregión río” (Barranquilla, 2017), libro ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el portafolio de estímulos 2017, “El río Magdalena y el Canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena” (Santa Marta, 2019), “Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en Bajo Magdalena” (Barranquilla, 2019), “Pedraza: fundación, poblamiento y vida cultural” (Santa Marta, 2021).

Coautor de los libros: “Cuentos de la Bahía dos” (Santa Marta, 2017). “Magdalena, territorio de paz” (Santa Marta 2018). Investigador y escritor del libro “El travestismo en el Caribe colombiano, danzas, disfraces y expresiones religiosas”, puiblicado por la editorial La Iguana Ciega de Barranquilla. Ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el Portafolio de Estímulos 2020 con la obra “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón” (Santa Marta, 2021).

Ganador en 2021 del estímulo “Narraciones sobre el río Magdalena”, otorgado por el Ministerio de Cultura.

@o_rojano

1 Comentarios


Leonardo Fabio Castillo 28-11-2025 07:20 PM

Excelente narración Alvarito que bueno que nos instruyas con tus escritos que son muy importantes y desconocidos por muchos

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