Música y folclor
La sociología de la melodía y la palabra en el Caribe colombiano

Es la música la voz del pueblo y es el pueblo la voz de Dios. En las tierras del caribe colombiano, la música es nuestro primer aliado desde la misma concepción de esta sociedad, cuando nuestros ancestros los indígenas zenúes, arhuacos, chimilas y wayúus adoraban a sus dioses paganos con las melodías de kuisi (gaita) y las maracas primitivas. Desde entonces la música nos cuenta historias y nos relaciona entre sí como un enlace histórico que se narra en un mismo idioma. Se completa la tri-etnia tantas veces mencionada con las manifestaciones foráneas de las culturas europeas y africanas, que le dejan al litoral un legado imperecedero.
Llegan a mitad del siglo XVI los aires modernos que se conjugan con los africanos y los indígenas, para conformar una simbiosis musical entorno a la nueva manifestación, pero aparte, dejan cada una de ellas una impronta narrativa en sus letras variando las formas y los mensajes de acuerdo a sus intereses particulares. Es por eso que, en la musicalia de nuestra región, encontramos gran diversidad melódica y letrista.
A partir de todo eso, entre tanto se funcionaban las nuevas manifestaciones musicales, se tejía una manera novedosa (para la época) de contar los aconteceres. Es la escritura la forma más común de narrar la vida en sociedad, la cual permite una extensión amplia para narrar específicamente cuanto se ha vivido y dejar por sentado un legado testimonial. Pues bien, la fusión atractiva de la música y la narración nos ha acompañado en el trasegar de tantos años y ha propendido por la constitución de lo que somos como sociedad. Esto explica porqué los grandes intelectos del caribe se han preocupado por contar nuestra historia y cantar nuestras inquietudes, hecho que entre otras cosas, nos hace sentir aludidos y eso se Ilama identidad. AI remitirnos a la pruebas, en una época más contemporánea encontramos al vallenato en su carácter narrativo, que nos cuenta historias de amor, dolor y epopeyas connotadas, sobretodo en el magdalena grande (Magdalena y Cesar) y en la antigua provincia de Padilla (la guajira).
Por otro Iado, la cumbia, el son de negros, los fandangos de lengua, los bulleguerengues, cuentan las desgracias y las lamentaciones de los pueblos aborígenes y africanos del Bolívar grande y la depresión momposina, moradores a orillas de los ríos. No obstante, la música ha servido para solidificar nuestra sociedad como un mecanismo de control social reforzado por nuestro carácter comunicativo. Pero también la prosa nos permite divisar que el comportamiento de nuestros ancestros en poco o en nada difiere con el nuestro, de tal manera que leer a los autores especializados en temas cotidianos del caribe, es leer a nosotros mismos y seguir un patrón de comportamiento, no solo por este testimonio escrito, sino también por la misma intuición de ser lo que somos.
Vernos las caras y querer contar y cantar lo que pasa entre nosotros es una cuestión apenas natural del hombre caribe, de ahí que han ido emergiendo a lo largo de la historia vernáculos exponentes inquietos y llamados a no dejar morir el legado, precisamente porque nacimos con vocación narradora, tanto cantada como escrita o hablada, lo que hace parte activa primordial de nuestro distintivo social ante el resto de regiones del país.
Hernán de la Ossa
Sobre el autor
Hernán De La Ossa Benítez
La bitácora del naufrago
Hernán Duley De La Ossa Benítez, nacido en Sincé, departamento de Sucre el 7 de agosto del 2000. Actual estudiante de la facultad de Ciencias jurídicas de la Universidad del Sinú, sede Montería. Escritor por vocación desde sus primeros años. Autor del libro “¿A dónde van las gaviotas?”, publicado por la editorial Torcaza en 2021. Asiduo lector de prensa, literatura contemporánea y amante de la poesía clásica. Poeta y columnista, refiere en sus líneas inquietudes sociales y exalta la cultura de la región sabanera con un ambiente raizal y espontáneo, sencillo y atrapante para el lector. Cursó bachillerato en el Liceo Panamericano campestre de la ciudad de Sincelejo, donde reafirmó su vocación de escritor.
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