Música y folclor
El vallenato como modelo educativo popular: Calixto Ochoa, Rafael Escalona y Diomedes Díaz

En la siguiente composición, Calixto Ochoa convierte la cartilla de abecedario en símbolo de redención social. El niño que aún no nace ya exige libros, como si la educación fuera un derecho que se reclama desde el vientre. La exageración no es burla: es esperanza cantada.
El Niño Inteligente
Ya yo compré la cartilla de abecedario,
porque muy pronto voy a tener un niño,
y ya he sabido que va a ser un abogado,
que antes que nazca yo ya estoy prevenido. (Bis)
Porque ese niño todavía no ha nacido
y está muy resentido,
pidiéndole a la madre que lo tire pa’ fuera,
y a mí me dice que le compre los libros,
que no lo eche al olvido,
porque él apenas nazca se va para la escuela.(Bis)
Cuando ese niño tenga la edad de un año,
ya ha recibido el diploma de bachiller,
porque es tan sabio que él, antes de nacer,
ya deletreaba cartilla de abecedario. (Bis)
Apenas nazca ese niño inteligente,
hay que tener presente
de darle todos los gustos al hijo de nosotros,
que con el tiempo será hasta el presidente
de todo el continente,
porque su inteligencia se presta para todo.(Bis)
La educación como sueño social
El padre compra la cartilla antes de que el niño nazca.
Eso no es solo chiste: es reflejo de una aspiración profunda del campesino colombiano.
En el campo, estudiar significaba:
- Progreso
- Movilidad social
- Superar la pobreza
- “Ser alguien en la vida”
Cuando el compositor dice que el niño será abogado o presidente, está proyectando el anhelo colectivo de superación.
La exageración como recurso literario
El niño:
- No ha nacido y ya está “resentido”.
- Pide libros desde el vientre.
- Al año ya es bachiller.
- Antes de nacer deletrea.
Eso es hipérbole, una exageración intencional para provocar risa y admiración.
Pero detrás del humor hay un mensaje: la educación es tan importante que se desea desde antes de la vida misma.
El niño como símbolo de futuro
Ese niño representa:
- Esperanza
- Cambio generacional
- Modernidad frente a tradición
Es el paso del campo tradicional al campo ilustrado.
El vallenato como cartilla popular
Aquí está lo más interesante, el vallenato funciona como “cartilla oral”.
No enseña letras del abecedario, pero sí valores:
- Responsabilidad paterna
- Amor por el hijo
- Importancia del estudio
- Sueño de progreso
Mientras la escuela enseñaba con libros, el pueblo enseñaba con canciones.
Si hablamos de canciones vallenatas que, como la de la cartilla de abecedario, usan humor, exageración, enseñanza moral o crítica social, hay varios compositores que trabajaron ese estilo narrativo–pedagógico.
Rafael Escalona
La casa en el aire (el sueño paternal y la ternura hacia la hija).
Voy a hacerte una casa en el aire
solamente pa’ que vivas tú.
Después le pongo un letrero bien grande
de nube blanca que diga: “Daluz”.
Porque cuando Ada Luz sea señorita
y alguno le quiera hablar de amor,
el tipo tiene que ser aviador
para que pueda hacerle una visita
El que no vuela no sube
a ver a Ada Luz en la nube.
Voy a hacer mi casa en el aire
pa’ que no la moleste nadie.
El que no vuela no llega allá
a ver a Daluz en la inmensidad…
Más que analizarla literariamente, uno la siente como el pensamiento de un padre que quiere proteger a su hija del mundo. La “casa en el aire” no es una fantasía absurda; es el deseo profundo de mantenerla a salvo, de que nadie la lastime, de que solo quien esté dispuesto a volar alto —es decir, a esforzarse, a superarse— pueda acercarse a ella.
Hay algo muy humano en esa exageración. Los padres siempre quieren poner a sus hijos en un lugar elevado, lejos de peligros, lejos de sufrimientos. La canción habla de ese amor que protege sin encerrar, que sueña en grande para los hijos, que los ve especiales.
También transmite orgullo. No es solo una niña; es una hija tan valiosa que merece vivir en las nubes. Y el mensaje implícito es hermoso: quien quiera algo valioso, debe prepararse, debe volar, debe crecer.
Diomedes Díaz
Mi muchacho (consejo de padre a hijo)
Ese muchacho que yo quiero tanto,
ese que yo regaño a cada rato,
me hizo acordar ayer
que así era yo también cuando muchacho,
que solo me aquietaban dos pengazos
del viejo Rafael.
Y se parece tanto a papá,
hombre del alma buena;
y se parece tanto a papá,
hombre del alma buena.
Se ponía triste al verme llorar
y me daba un pedazo de panela,
y entraba en discusión con mi vieja
porque la pobre le reclamaba
que por qué diablos me maltrataba,
que dejara al muchacho tranquilo.
Y hoy veo en Rafael Santos, mi hijo,
todavía las costumbres aquellas;
Recuerdo la cartilla de abecedario,
el primer día que al pueblo me mandaron,
porque era día de fiesta.
Recuerdo que iba tan entusiasmado,
porque desde que me habían bautizado
no llegaba a la iglesia.
El 16 de julio es la fiesta
de la Virgen del Carmen;
Ese fue el día que le escuché al padre
que Dios a todos nos tiene en cuenta,
y con deseos también de quedarme
pa’ allá en la noche de la caseta;
y me tocó quedarme en la puerta,
no tenía plata para pagarles.
Por eso es que la vida es un baile
que con el tiempo damos la vuelta;
pero el tiempo acaba la fiesta
y me voy solito pa’l valle.
Yo aprendí a trabajar desde pela’o,
por eso es que yo estoy acostumbrado
siempre a vivir con plata;
y con toda la plata que he ganado,
cuántos problemas no he solucionado,
pero nunca me alcanza
pa’ pagarle a mi viejo la crianza
que me dio con esmero;
Porque en la vida hay cosas del alma
que valen mucho más que el dinero;
porque en la vida hay cosas del alma
que valen mucho más que el dinero.
Por eso, Rafael Santos, yo quiero
dejarte dicho en esta canción
que si te inspira ser zapatero,
solo quiero que seas el mejor;
porque de nada sirve el doctor
si es el ejemplo malo del pueblo.
Y el ejemplo mío es mi viejo,
y el ejemplo tuyo yo soy;
y el ejemplo mío es mi viejo,
y el ejemplo tuyo yo soy;
Vallenato como “cartilla social”
Muchos compositores tradicionales hicieron del vallenato una escuela cantada:
- Enseñaban respeto.
- Advertían sobre el alcohol o la traición.
- Exaltaban la educación.
- Promovían valores familiares.
En el fondo, el vallenato clásico fue: crónica, consejo, sátira y/o enseñanza. Es una de esas piezas que no se cantan solo con la voz, sino con el corazón de padre.
Más que una canción, es un consejo abierto. No habla desde la autoridad dura, sino desde la experiencia. Es el testimonio de alguien que ha vivido, que ha cometido errores, que ha conocido la gloria y también las caídas, y que no quiere que su hijo tropiece en las mismas piedras.
En “Mi muchacho” se siente:
- El deseo de orientar sin imponer.
- El miedo natural de todo padre ante el mundo que espera a su hijo.
- La esperanza de que el muchacho sea mejor que él.
Hay una frase implícita que atraviesa toda la canción:
“Aprende de mí, pero no repitas mis fallas.”
Eso la convierte en una canción profundamente humana. No es moralista, es confesional. No regaña, aconseja. No presume perfección, reconoce fragilidad.
También hay un mensaje muy fuerte sobre el ejemplo. El padre entiende que no basta con hablar; el comportamiento es la verdadera enseñanza. Y eso conecta con esa idea que tanto se repite en el vallenato tradicional: la herencia más grande no es el dinero, sino los valores.
En el fondo, “Mi muchacho” nos recuerda que:
- Ser padre es también tener miedo.
- Aconsejar es un acto de amor.
- El mayor triunfo es que el hijo camine derecho.
En la obra de estos tres juglares se revela una misma raíz: el vallenato como escuela de vida.
Calixto nos enseñó desde el humor y la exageración, convirtiendo la cartilla y el campo en símbolos de superación y esperanza.
Rafael Escalona soñó en grande por sus hijos, levantando una casa en el aire como metáfora del amor que protege y eleva.
Diomedes Díaz, con la voz de la experiencia, aconsejó a su muchacho con la sinceridad de quien ha vivido intensamente y quiere evitarle tropiezos al hijo.
Tres estilos distintos, pero un mismo propósito: formar, orientar y transmitir valores a través de la canción. El vallenato, más que música, fue palabra que educa, consejo que acompaña y memoria que guía. Porque al final, estos compositores no solo cantaron historias; sembraron principios.
Luis Carlos Guerra Avila
Tachi Guerra
Sobre el autor
Luis Carlos Guerra Ávila
Magiriaimo Literario
Luis Carlos "El tachi" Guerra Avila nació en Codazzi, Cesar, un 09-04-62. Escritor, compositor y poeta. Entre sus obras tiene dos producciones musicales: "Auténtico", comercial, y "Misa vallenata", cristiana. Un poemario: "Nadie sabe que soy poeta". Varios ensayos y crónicas: "Origen de la música de acordeón”, “El ultimo juglar”, y análisis literarios de Juancho Polo Valencia, Doña Petra, Hijo de José Camilo, Hígado encebollado, entre otros. Actualmente se dedica a defender el río Magiriamo en Codazzi, como presidente de la Fundación Somos Codazzi y reside en Valledupar (Cesar).
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