Música y folclor
Indalecio Rangel Flórez: memoria viva de la cumbia y las bandas de la Depresión Momposina

En los pueblos ribereños del río Magdalena, la música ha sido durante décadas una forma de narrar la vida colectiva. En las fiestas patronales, en las procesiones religiosas o en los bailes populares, las bandas y conjuntos musicales han acompañado la vida y han contribuido a salvaguardar la memoria de las comunidades. Dentro de esa tradición se inscribe la trayectoria del maestro Indalecio Rangel Flórez, músico, compositor y formador nacido en el corregimiento de Murillo, jurisdicción del municipio de Guamal, Magdalena, quien a lo largo de más de medio siglo ha contribuido a mantener vivas las sonoridades de la cumbia y de las bandas del Caribe colombiano.
Nació el 10 de diciembre de 1941 en el hogar de Faustino Rangel Zambrano y Ana María Flórez Berrueco, ambos murilleros. Nieto de Faustino Rangel Berrueco, director de la banda Armonía vespertina o La Rangelana. Forma parte de la familia musical más importante del municipio, cuya actividad se extiende por cinco generaciones activas.
Yeyo, como cariñosa y artísticamente se le conoce, creció en un contexto donde la música se aprendía principalmente de manera empírica, mediante la práctica colectiva y la transmisión entre generaciones. Como muchos músicos de su época, su formación fue inicialmente tradicional y comunitaria, aunque con el tiempo desarrolló también habilidades de lectoescritura musical que le permitieron desempeñarse con solvencia tanto en bandas como en agrupaciones populares.
En ese escenario, su labor como compositor, instrumentista y formador resultó determinante para la continuidad del repertorio festivo, bailable y procesional en el municipio de Guamal (Magdalena) y en la subregión de la Isla de Mompox. A lo largo de varias décadas ha desempeñado un papel estructural dentro del ecosistema musical local, no solo por la circulación de sus composiciones, sino por su función como garante de la transmisión intergeneracional de saberes musicales tradicionales.
Trayectoria musical y producción discográfica
Su carrera musical se desarrolló en un periodo particularmente dinámico para las músicas del Caribe colombiano. Fue director e integrante de la Banda 11 de Enero de Murillo -conformada en su mayoría por miembros de su familia-, la más importante institución musical del municipio, con la cual realizó grabaciones discográficas entre 1969 y 1974, contribuyendo a la proyección regional de la música de banda.
Los álbumes grabados con la murillera fueron: Éxitos calientes (LCS 153-025), en el año 1969. Trabajo en el cual sobresalieron los temas: Guayabo de la Y, Enamorada y La raya. En el álbum Feliz cumpleaños (LCS 153-043), destacaron Dr. José Ricaurte, Sabor murillero, Matilde Lina y Nostalgia campesina. En el trabajo Llegó la pesada (LCS 153-065) resaltaron: Lucero espiritual, La vaca vieja, Ledys, Pola Betté, Dale Junior y La perra mocha. En el disco de larga duración Banda 11 de Enero de Murillo (LCS 153-092), grabado en 1974, descollaron: La cachona, La fiesta de la patrona, Este bello porro y La ninfa morena.
Durante varias décadas participó como instrumentista en distintas agrupaciones, entre ellas el Conjunto Internacional de Chico Cervantes, con el cual participó en grabaciones emblemáticas de la música popular colombiana, entre ellas el reconocido solo instrumental de la canción Tienes que quererme. Integró, también, el conjunto vallenato dirigido por el mismo Cervantes, Los Corraleros de Majagual y Los Caporales del Magdalena bajo la dirección de Alfredo Gutiérrez y en procesos orquestales vinculados a la música sabanera y tropical como Los tremendos de Magangué, Los caporales del Magdalena, Pipe guarín y sus Sabaneros y Manrique y su grupos selección. Estas experiencias le permitieron recorrer distintos circuitos musicales de la región y consolidar una trayectoria vinculada a la interpretación, la composición y la dirección musical.
Posteriormente, fundó el grupo Los Playeros, luego denominado Yeyo y sus Playeros, con el que realizó diversas producciones discográficas. La agrupación grabó cinco discos de larga duración en su primera etapa, durante la década de 1980. Con el sello Codiscos grabaron su primer álbum, Tremendo verano (1980), en el cual destacaron las canciones: Por ti, Tremendo verano, Payaso de carnaval y Bartel Klaus. Con Industrias Fonográficas Victoria grabaron cuatro trabajos: Tenemos que amanecé (1982), en el cual sobresalieron los temas Ven pa´ puyate, Me voy pal Carnaval y Volvió mi amor; Amaneciendo en carnaval (1984), en el cual despuntaron las canciones: El compa´e Franco, Mala mujer y Tambó, flauta y Maracas; Si me das te doy (1985), el cual incluyó los éxitos: Nos queremos, Muchachas Zaragozanas, El dominó y La Magdalena y La cosquillita (1986), en el cual destacaron: Tu llorarás, La cosquillita y Los mellos de Isaac.
Luego, grabaron Vuelve con más fuerza en 1993 y La morrocolla en 2017. Varias de sus composiciones alcanzaron circulación y reconocimiento a nivel subregional y en espacios festivos como los Carnavales de Barranquilla, consolidándose dentro del repertorio bailable del Caribe colombiano.
Además de su trabajo como intérprete, Rangel ha sido compositor de diversas piezas que forman parte del repertorio popular de la región. Dentro de su obra se encuentran cumbias, marchas procesionales, tamboreras y paseaitos. Algunas de estas composiciones fueron grabadas por agrupaciones reconocidas de la música tropical y vallenata.
Entre sus piezas se destacan cumbias como “El cañamillero” y “Pájaros del monte”, incluidas en el álbum La cumbia del río Magdalena, producción que fue nominada al Latin Grammy en 2016 dentro de la categoría de mejor álbum de cumbia/vallenato. También se cuentan en su repertorio composiciones como “Tambó flauta y maracas”, grabada por la agrupación Yeyo y sus Playeros en 1984, y “La cachona”, registrada por la Banda 11 de Enero de Murillo en 1974.
A estas obras se suman piezas de otros géneros populares, como la tamborera “Dicha y felicidad”, interpretada por Chico Cervantes y su Conjunto Internacional en 1971, así como los paseaitos “Para qué sufrir” y “Muchachita leal”, grabados en 1976 por el conjunto vallenato dirigido por Cervantes junto al cantante Pastor López.
Una parte significativa de la obra musical de Rangel está ligada a la vida cultural y religiosa de Guamal. Dentro de ese ámbito destacan las marchas procesionales “Ana María”, “Plegaria” y “Viernes Santo”, piezas interpretadas tradicionalmente durante las procesiones de Semana Santa del municipio manifestación declarada Patrimonio Cultural Inmaterial del municipio mediante el Acuerdo No. 008 del 16 de junio de 2009. Estas composiciones forman parte de una tradición musical que acompaña los rituales religiosos y que, al mismo tiempo, constituye un patrimonio sonoro de las comunidades ribereñas del Magdalena.
La trayectoria del maestro también se inscribe dentro de un contexto cultural más amplio, relacionado con la tradición de la cumbia. En el ámbito de la cumbia tradicional del Caribe colombiano —manifestación incluida en la Lista Representativa de Patrimonio Cultural Inmaterial del ámbito nacional (LRPCI) en 2024—, el maestro ha sido reconocido como compositor y portador. Dos de sus obras, El cañamillero y Pájaros del monte, fueron incluidas en el álbum La cumbia del Río Magdalena del músico Juventino Ojito (2016), producción nominada en 2017 a los Premios Grammy Latino en la categoría Cumbia/Vallenato. Estas composiciones, junto a otras como La cachona (1974) y Tambó flauta y maracas (1984), evidencian su estrecha relación con el entorno cultural de la Depresión Momposina y su capacidad para traducir prácticas cotidianas y sonoridades tradicionales en lenguaje compositivo.
Labor pedagógica y formativa
Junto a su trabajo como compositor e intérprete, el maestro Indalecio Rangel ha desempeñado un papel importante como formador de músicos. La dimensión formativa constituye el núcleo estructural de su trayectoria.
Ejerció como instructor de música en El Banco (Magdalena) en 1990, en el municipio de San Martín de Loba (Bolívar) entre 1992 y 2000 y en Altos del Rosario (Bolívar) en el 2011.
Entre el 2000 y el 2015 estuvo vinculado como instructor en la Casa de la Cultura de Guamal, donde contribuyó a la enseñanza musical de jóvenes del municipio. Durante la administración municipal de Robert Ramírez Blanco, el Concejo Municipal creó mediante acuerdo la Escuela de Música Indalecio Rangel Flórez, adscrita a la Casa de la Cultura, donde el propio maestro se desempeñó como docente de instrumentos de viento. Desde este proceso se formaron músicos que integrarían la Banda Juvenil de Guamal (2004), antecedente de la Gran Banda de Guamal (2018), agrupación ganadora de festivales nacionales, así como otros procesos regionales como la Banda La Valerosa de Mompox.
Su labor pedagógica se ha caracterizado por la transmisión de saberes musicales tradicionales, especialmente aquellos relacionados con la práctica de las bandas y la interpretación de repertorios propios de las festividades religiosas y populares.
A esta experiencia se suma la fundación de la Banda Once de Noviembre en el municipio de San Martín de Loba, Bolívar, agrupación que contribuyó a fortalecer la práctica musical en esa localidad. A través de estos procesos formativos, numerosos jóvenes han tenido la oportunidad de iniciarse en la música y continuar la tradición de las bandas en la región.
El impacto de esta labor se refleja en la continuidad generacional de músicos que hoy participan en distintos proyectos culturales de Guamal y sus alrededores. Agrupaciones como la Banda Juvenil de Guamal, posteriormente llamada Gran Banda de Guamal, es fruto de los procesos formativos impulsados por maestros de trayectoria como Rangel, quienes han contribuido a preservar y renovar estas prácticas musicales.
Incidencia social y comunitaria
La labor del maestro Indalecio Rangel Flórez ha tenido una incidencia directa en la configuración del tejido cultural y social del municipio de Guamal y de la subregión de la Depresión Momposina. Su trabajo formativo no se ha limitado a la enseñanza técnica de instrumentos de viento, sino que ha operado como mecanismo de cohesión comunitaria, construcción de identidad territorial y generación de oportunidades culturales para niños y jóvenes en contextos rurales.
En un entorno históricamente caracterizado por limitadas ofertas institucionales de formación artística, su acompañamiento permanente permitió que múltiples generaciones encontraran en la música de banda un espacio de participación colectiva, disciplina compartida y reconocimiento social. Las bandas municipales y juveniles en las que intervino no solo cumplen funciones festivas o rituales, sino que constituyen escenarios de encuentro intergeneracional y transmisión de valores comunitarios.
La permanencia anual de las marchas procesionales en la Semana Santa de Guamal, así como la continuidad de agrupaciones activas formadas directa o indirectamente por él, evidencian que su incidencia trasciende la creación musical individual para convertirse en un proceso sostenido de fortalecimiento del patrimonio cultural inmaterial y de consolidación de procesos culturales locales.
Impacto territorial y legado cultural
La trayectoria del maestro Indalecio Rangel Flórez constituye un ejemplo representativo de cómo el patrimonio cultural inmaterial se sostiene y renueva a través de procesos comunitarios de transmisión de saberes. Su acción como compositor, intérprete y formador ha incidido de manera estructural en la configuración del ecosistema musical de Guamal y su entorno subregional.
En ese sentido, la vida y obra de Indalecio Rangel Flórez representan el testimonio de una generación de músicos que, desde los pueblos ribereños del Magdalena, han contribuido a la circulación, transformación y permanencia de estas músicas a lo largo del tiempo.
Más que una trayectoria individual, su trabajo refleja una historia colectiva en la que la música ha servido para fortalecer los vínculos comunitarios, acompañar las celebraciones religiosas y mantener vivas las tradiciones culturales del Caribe colombiano.
En Guamal y en otras localidades de la Depresión Momposina, el nombre de Indalecio Rangel continúa asociado a esa memoria musical que atraviesa generaciones. Su legado no se limita a las composiciones o a las grabaciones en las que participó, sino también a los músicos que formó y a las prácticas culturales que ayudó a sostener a lo largo de su vida.
Luis Carlos Ramírez Lascarro
Sobre el autor
Luis Carlos Ramirez Lascarro
A tres tabacos
Luis Carlos Ramírez Lascarro (Guamal, Magdalena, Colombia, 1984). Historiador y gestor patrimonial, egresado de la Universidad del Magdalena y Maestrante en Escrituras audiovisuales en la misma universidad.
Autor de los libros: Confidencia: Cantos de dolor y de muerte (2025); Evolución y tensiones de las marchas procesionales de los pueblos de la Depresión Momposina: Guamal y Mompox (en coautoría con Xavier Ávila, 2024), La cumbia en Guamal, Magdalena (en coautoría con David Ramírez, 2023), El acordeón de Juancho (2020) y Semana Santa de Guamal, Magdalena, una reseña histórica (en coautoría con Alberto Ávila Bagarozza, 2020).
Ha escrito las obras teatrales Flores de María (2020), montada por el colectivo Maderos Teatro de Valledupar, y Cruselfa (2020), monólogo coescrito con Luis Mario Jiménez, quien también lo representa. Su trabajo poético ha sido incluido en antologías como: Quemarlo todo (2021), Contagio poesía (2020), Antología Nacional de Relata (2013), Tocando el viento (2012), Con otra voz y Poemas inolvidables (2011), Polen para fecundar manantiales (2008) y Poesía social sin banderas (2005), y en narrativa, figura en Elipsis internacional y Diez años no son tanto (2021).
Como articulista y editor ha colaborado con las revistas Hojalata, María mulata (2020), Heterotopías (2022) y Atarraya cultural (2023), y ha participado en todos los números de la revista La gota fría (No. 1, 2018; No. 2, 2020; No. 3, 2021; No. 4, 2022; No. 5, 2023; No. 6, 2024 y No.7, 2025).
Entre los eventos en los que ha sido conferencista invitado se destacan: Ciclo de conferencias “Hablando del Magdalena” de Cajamag (2024), con el conversatorio Conversando nuestra historia guamalera; Conversatorio Aproximaciones históricas a las marchas procesionales de los pueblos de la Depresión Momposina: Guamal y Mompox (2024); Primer Congreso de Historia y Patrimonio Universidad del Magdalena (2023), con la ponencia: La instrumentalización de las fuentes históricas en la construcción del discurso hegemónico de la vallenatología; el VI Encuentro Nacional de Investigadores de la Música Vallenata (2017), con Julio Erazo Cuevas, el juglar guamalero; y el Foro Vallenato Clásico (2016), en el marco del 49º Festival de la Leyenda Vallenata, con Zuletazos clásicos.
Ha ejercido como corrector estilístico y ortotipográfico en El vallenato en Bogotá, su redención y popularidad (2021) y Poesía romántica en el canto vallenato: Rosendo Romero Ospino, el poeta del camino (2020), donde además participó como prologuista.
Realizó la postulación del maestro cañamillero Aurelio Fernández Guerrero a la convocatoria Trayectorias 2024 del Ministerio de Cultura, en la cual resultó ganador; participó como Asesor externo en la elaboración del PES de la Cumbia tradicional del Caribe colombiano (2023) y lideró la postulación de las Procesiones de semana santa de Guamal, Magdalena a la LRPCI del ámbito departamental (2021), obteniendo la aprobación para la realización del PES en 2023, el cual está en proceso.
Sus artículos han sido citados en estudios académicos como la tesis Rafael Manjarrez: el vínculo entre la tradición y la modernidad (2021); el libro Poesía romántica en el canto vallenato: Rosendo Romero Ospino, el poeta del camino (2020) y la tesis El vallenato de “protesta”: La obra musical de Máximo Jiménez (2017).
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