Música y folclor

Aniceto Molina, el Tigre sabanero que llevó la Cumbia colombiana por el mundo

Verónica Salas

30/03/2026 - 06:10

 

Aniceto Molina, el Tigre sabanero que llevó la Cumbia colombiana por el mundo
Aniceto Molina, el Tigre Sabanero de la Cumbia / Foto: Diario Las Américas

 

Aniceto de Jesús Molina Aguirre, más conocido como Aniceto Molina, es uno de esos artistas ejemplares que destacan por haber llevado el patrimonio colombiano, y en especial la Cumbia colombiana, por el mundo.

Falleció  a los 75 años en San Antonio, Texas, el 30 de marzo de 2015. Con el acordeón como inseparable compañero y un sombrero vueltiao que nunca se quitaba, Aniceto de Jesús Molina Aguirre se convirtió en uno de los símbolos más alegres y representativos de la cumbia tropical colombiana. Conocido artísticamente como “El Tigre Sabanero” o “El Garrobero”, el músico cordobés murió este lunes en un hospital de San Antonio, Texas, a causa de complicaciones pulmonares, según informó su hijo Johnny Molina. 

Nacido el 17 de abril de 1939 en El Campano, un pequeño caserío del municipio de Pueblo Nuevo, en el departamento de Córdoba, Aniceto creció en medio de la pobreza rural. Hijo de Miguel Antonio Molina y Aurora María Aguirre, desde niño trabajó en el campo sembrando yuca, maíz y cuidando ganado. Su primer contacto con la música llegó a los 12 años, cuando su hermano mayor Anastasio le acercó un acordeón. A los 18 años tomó la decisión que cambiaría su vida: dejó la finca familiar, se fue a Cartagena y grabó su primer disco con el grupo que formó, Aniceto Molina y su Conjunto.

Su primer gran éxito llegó alrededor de 1969 con el tema “Así soy yo”, que lo dio a conocer a nivel nacional en Colombia. Pero fue en las décadas siguientes cuando su carrera se internacionalizó. Vivió varios años en El Salvador, donde adquirió gran popularidad y el apodo de “El Garrobero” (muchos salvadoreños aún lo consideran casi propio). En 1973 se trasladó a México, donde residió hasta 1984 y grabó algunos de sus mayores éxitos junto a agrupaciones como La Luz Roja de San Marcos. Finalmente, en 1984 se estableció en San Antonio, Texas, ciudad donde vivió el resto de su vida y desde donde continuó produciendo música para la diáspora latina.

A lo largo de más de 50 años de carrera y decenas de producciones discográficas, Molina se consolidó como uno de los máximos exponentes de la cumbia sabanera, el porro y los aires vallenatos, al lado de figuras como Alfredo Gutiérrez y Aníbal Velásquez. Su estilo se caracterizaba por ritmos alegres, bailables y festivos, con letras que hablaban de amor, fiesta, borracheras, costumbres costeñas y la vida en la sabana. Siempre orgulloso de sus raíces, solía interpretar con su característico sombrero sabanero y un tono jocoso que lo hacía cercano al público popular.

 

Un legado de éxitos que aún hacen bailar

Entre sus canciones más emblemáticas y que siguen sonando en fiestas, verbenas y bailes populares de Colombia, Centroamérica y Estados Unidos destacan:

  • Cumbia Cienaguera
  • Cumbia Sampuesana
  • El Peluquero
  • La Gorra
  • El Diario de un Borracho
  • La Burrita (o La Burra Tuerta)
  • El Garrobero
  • Josefina
  • La Negra Caderona
  • El Campanero
  • El Tigre Sabanero
  • Casi Nada
  • La Cleptómana (a dueto con Lisandro Meza), entre muchas otras.

Álbumes como El Tigre Sabanero, Puro Cumbión y diversas compilaciones de “Grandes Éxitos” forman parte de una discografía extensa que lo convirtió en el “Embajador de la Cumbia”. Su música conectó fuertemente con públicos de diferentes países y generaciones, llevando el sabor de la Costa Caribe colombiana a escenarios internacionales.

Sus restos fueron repatriados a El Campano, su pueblo natal en Córdoba, donde reposan como símbolo del regreso a las raíces de quien nunca olvidó de dónde venía. Aunque su voz y su acordeón ya no suenan en vivo, las cumbias de Aniceto Molina continúan animando fiestas y recordando que, como él mismo cantaba, “ya llegó el hombre de la sabana… ya llegó el tigre sabanero”. Un ícono de la música tropical colombiana se fue, pero su legado ruge todavía en cada acordeón que interpreta sus temas.

 

Verónica Salas

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