Música y folclor
El acordeón como ética del rostro: Máximo Jiménez en clave levinasiana

En el fondo de esta investigación late algo más que una hipótesis: una intuición que se va abriendo paso con fuerza. El vallenato, cuando logra desprenderse de su función meramente festiva, no solo canta: piensa. Y en ese tránsito, la obra de Máximo Jiménez deja de ser únicamente expresión artística para convertirse en una forma de conciencia viva.
El análisis del profesor Eduardo López Vergara, desarrollado a partir de su tesis de Maestría en Filosofía en la Universidad del Atlántico, “La ética como resistencia: la alteridad levinasiana en Máximo Jiménez Hernández”, no se limita a describir una estética musical. Más bien, se adentra en una zona más honda: allí donde la música comienza a rozar lo ético. Su lectura, atravesada por el pensamiento de Emmanuel Levinas, permite entender que en estas canciones no solo hay relatos, sino una manera de responder al mundo y, sobre todo, al otro. La tesis, disponible en el repositorio de la Universidad del Atlántico, ofrece un desarrollo más amplio de estas ideas para quien desee seguir ese camino de lectura.
Desde este enfoque, la ética deja de ocupar un lugar secundario dentro de la filosofía. Ya no es una derivación ni una consecuencia: es el punto de partida. Se trata de una responsabilidad que no elegimos del todo, que aparece incluso antes de cualquier decisión consciente. López Vergara sitúa esta idea en el corazón del vallenato de Máximo Jiménez, mostrando cómo su obra establece un vínculo profundo con aquellos que han sido históricamente relegados.
Es ahí donde el acordeón empieza a decir algo distinto. Deja de ser solo instrumento y se vuelve una auténtica epifanía: una revelación, una irrupción significativa en la que algo oculto se manifiesta con claridad. En este caso, el acordeón no solo acompaña el canto: llega a revelar al otro. En sus notas emergen el campesino, el indígena, las voces que durante mucho tiempo han sido empujadas al margen. No como figuras decorativas, sino como presencias que interpelan y reclaman ser reconocidas.
Por eso el concepto del “Rostro” en clave levinasiana, no aparece aquí como una simple metáfora. En estas canciones, el otro no es una representación lejana: es alguien que irrumpe, que incomoda, que exige una respuesta. La música ya no se limita a contar: llama, convoca, obliga a escuchar de otra manera. Y quien escucha, si realmente lo hace, deja de ser un espectador pasivo.
Hay, casi sin estridencias, una ruptura importante: la música deja de girar en torno al goce y se orienta hacia el otro. Esto no significa que desaparezca lo estético; su centro, más bien, se desplaza. En lugar de cerrar el mundo en una forma acabada, el canto se abre a lo que no puede ser reducido ni explicado del todo: la alteridad. De ahí que este vallenato inquieta más de lo que complace; deja preguntas donde antes había certezas.
Un punto especialmente sugerente del análisis es la idea de “ontocidio”, entendida como esa forma de negación en la que el otro no solo es oprimido, sino borrado simbólicamente. Frente a ello, la canción opera como un gesto contrario: nombra, recuerda, restituye. Al mencionar al niño campesino, al indígena sinuano o al despojado, no solo los visibiliza, también les devuelve un lugar en el mundo compartido. En ese sentido, cantar se acerca mucho a resistir.
Así, la obra de Máximo Jiménez no se limita a sostener una idea de la ética: la encarna. En sus versos no hay distancia cómoda; hay implicación. El cantor no observa desde afuera, responde desde adentro. Y en ese acto, su propia subjetividad se transforma.
La distinción que propone López Vergara entre el vallenato social crítico y el revolucionario ayuda a precisar aún más esta lectura. El primero denuncia, señala la herida; el segundo intenta ir un poco más allá: busca incidir, transformar, impedir que esa herida se normalice en el silencio. No se trata únicamente de una diferencia estética, revela una forma distinta de asumir el compromiso.
También resulta significativo el recorrido académico del profesor López Vergara: formado en filosofía en la Universidad de Cartagena y posteriormente Magíster por la Universidad del Atlántico, ha orientado su trabajo hacia la ética, la estética y la tecnología, siempre desde una perspectiva formativa y crítica. Su labor como docente y su vínculo con el programa radial Música del Patio en UdeCRadio refuerzan esa conexión entre pensamiento y territorio.
Al final, el llamado “vallenato revolucionario” no es solo una etiqueta: es, en realidad, una manera de estar en el mundo. Una forma de hospitalidad que se expresa en sonidos, una pedagogía silenciosa de la dignidad. El acordeón, en este contexto, deja de ser festivo sin perder su esencia musical: se vuelve conciencia.
Y quizá ahí reside su fuerza más profunda. En recordarnos que hay cantos que no se agotan en lo que dicen, sino en lo que nos exigen. Porque cuando el arte logra nombrar al otro, ya no es tan fácil volver intactos a la indiferencia.
Ramiro Elías Álvarez Mercado
Sobre el autor
Ramiro Elías Álvarez Mercado
Una copa de folclor
Nacido en Planeta Rica, Córdoba, el 14 de octubre de 1974, radicado en Bogotá hace casi tres décadas. Amante de la lectura, los deportes, la escritura, investigador nato de las tradiciones, costumbres, cultura, música, folclor y gastronomía del Caribe colombiano.
Estudió coctelería, bar, etiqueta y protocolo con dos diplomados en vinos y certificación de sommelier, campo profesional en el que tiene más de 20 años de experiencia.
Escribe de manera empírica, sobre fútbol y otros deportes, vinos y todo lo relacionado con el tema, así como publicaciones en distintos medios sobre cultores de la música vallenata y de otras expresiones musicales que se dan en el Caribe colombiano. Sus escritos han sido publicados en distintos medios virtuales.
Desde temprana edad le ha gustado escribir, sin embargo, fue en Bogotá, muy lejos de su terruño, que se le despertó ese deseo incesante de recrear las semblanzas de personajes que han hecho un aporte significativo al vallenato y otras expresiones musicales de la Costa Atlántica de Colombia.
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