Música y folclor
El vallenato epistolar

La relación entre el vallenato y la correspondencia es amplia y, por fortuna, bien conocida. En el albor de los juglares, estos acostumbraban a narrar las noticias de pueblo en pueblo, en la amalgama más temprana e insospechada entre información y entretenimiento. Caso también el de Tomarrazón, pequeño poblado que junto a Galán y Machobayo se disputa ser la cuna de Francisco el Hombre y que recibe su nombre de la costumbre que tenían de enviar y recibir “razones”, es decir, misivas y encargos, a través de una compañía de treinta soldados.
No es esta vicisitud, documentada hasta el cansancio, el objeto de este escrito. Sea más bien la antesala de la propuesta de algo que viene dándome vueltas en la cabeza y cuya naturaleza incisiva se acrecienta con los versos de ciertos vallenatos que, creo con firmeza, tienen en común algo que los distingue del resto, más allá de las taxonomías del aire vallenato (merengue, paseo, puya y son), y de la procedencia (vallenato-vallenato, vallenato sabanero y vallenato bajero), de las que en realidad no soy un fuerte entusiasta. Me presto, pues, a explicar.
Hablar de ‘vallenato epistolar’ es hablar de cartas, pero no en stricto sensu. Refiere más a la intención de carta, a lo que denominara John Austin —un británico filósofo del lenguaje nacido en 1911, el mismo año que Buenaventura Díaz Ospino, y que probablemente nunca conoció el vallenato— un enunciado performativo. Así pues, lo que en el argot coloquial conocemos como mandar una razón es, en sí mismo, un acto performativo. En el vallenato epistolar se performa, se actúa una carta a través del canto vallenato. Valga entonces hacer hincapié en que en este caso lo epistolar no refiere rigurosamente a cartas escritas, sino a las razones que en lugar de papel hallaron ocasión en cantos, en voces, en versos. Hernando Marín, por ejemplo, le dio a su tema Dos Flores ese hermoso tono de carta.
Compadre José Barliza
le voy a pedir un favor
pa' que le lleve a mi amor
estas dos flores bonitas
Incluso, cuidó que tuviese ese registro formal característico de la correspondencia.
De antemano le agradezco
su interés por este amor
que lo quiero con dolor
y pasión al mismo tiempo
Existen entonces no pocos temas del vallenato que traen consigo esa función performativa del mensaje, de la misiva con remitente y destinatario explícitos; dicho de otra forma, la carta cantada, la carta performada. José Hernández Maestre fue más allá, y se atrevió a la carta dentro de la carta en El Encargo.
Fello Fuentes, tú que viajas
de Río Seco a Patillal,
tú me le vas a llevar
un regalo a María Esther
me le vas a hacer saber
que voy el fin de semana
sábado por la mañana
o en la tarde puede ser
Para Gustavo Gutiérrez, la carta debía entregarse a través de sus allegados, así, en plural, como lo plasma en Amores que van y vienen.
Díganle a Poncho Zuleta
que aquí le manda Gustavo su despedida
porque no me queda nada
ya regalé mis canciones
se calla una voz herida
se aleja con sus pasiones
Rafael Escalona en La mala suerte, refirió su misiva a varios destinatarios.
Díganle a Chema Maestre
también a Arturo Molina
que yo me voy pa la Guajira
porque aquí tengo mala suerte
Luis Enrique Martínez hace uso de ambos recursos: oral y escrito, a través de la carta propiamente dicha, y la “razón”, es decir, el mensaje hablado.
Si fueres para El Difícil
y vas a llegar a Plato
llévame este papelito
que le mando a Castro Peña
Y de boca me le dices
que muy pronto el vallenato
lo visitara de nuevo
en esa querida tierra
Roberto Calderón utiliza la carta como un medio para solicitar el consejo de su amigo, Carlos Gámez.
Ay compadre Carlos Gámez hágame el favor
sé que es hombre parrandero y sabe de mujeres
yo que la quiero bastante pero ahora sucede
que mi novia me ha dejado sin tener razón
También, como se acostumbra en las cartas, comparte un poco de las cuitas de su cotidianidad.
Compadre Patico vaya allá
llévele de mí un ramo de flores
dígale que enfermo estoy de amor
que Beto está mejor
que ya puede cantar
Juan ‘Chuchita’ Fernández expresó su despecho de María Inés de Ávila a través del paseo La Pensión Ocaña. Su amigo Andrés Landero le ofreció consuelo en una contestación titulada de la misma manera, en donde trata de confortarle.
Juancho Fernández, ya no sufras de guayabo
vive tranquilizado de todo lo que sentías
he salido a pasear y los amigos me contaron
que en la pensión Ocaña te está esperando María
Dos piezas que capturan de forma prístina la esencia del vallenato epistolar, con —o sin— la indulgencia de la ortodoxia vallenata, bien podrían ser Qué Diera y La Receta, de la autoría de Carlos Vives. En Qué Diera, toda la forma del tema versa sobre las congojas narradas a la mujer amada a través de la carta. Óscar Azula, director del videoclip de la canción, puso a Vives a “escribirla” a máquina a lo largo del video.
También te cuento que en las noches llueve mucho
que la luna no sale de su descontento
te mandó saludos Rafa y tía Consuelo
que Inocencia triste te mandó recuerdos
En La Receta, se narra el intercambio epistolar entre el autor y un hombre llamado “Juancito”, a quien se le pide consejo para hacer un buen merengue.
Le escribí a Juancito que yo no encontraba la inspiración
pa' hacer un merengue que lleve el sabor que hay en la provincia
Le pedí a Juancito que mande contestación
y que lo más pronto me escriba ese merenguito
y le di las gracias por toda su educación
y quedé esperando tranquilo ese favorcito
Las epístolas, a través de la historia, han abarcado mucho más que lo familiar y lo doméstico. En ese sentido la piquería, definida por José Atuesta Mindiola como “la confrontación o duelo musical entre dos cantantes o repentistas”, cuando no ocurre in situ sino donde los agravios viajan a través de las canciones y los territorios de forma diacrónica, bien podría constituir una forma de correspondencia. Lo hizo Emiliano Zuleta para poner en su sitio a su medio hermano, Toño Salas.
Díganmele a Toño
a Toño mi hermano
que él está muy pollo, ay
y yo soy muy gallo
También Lorenzo Morales, quien no halló un lugar correspondiente a su altura en el género de la piquería dada la amplia difusión de La Gota Fría —piquería que le dedicara también Emiliano Zuleta—, y el menosprecio de su también magistral respuesta, que valga resaltar, lleva por título La carta escrita. La carta como preludio de la carta.
Ay, le manda decir a Emiliano Zuleta
que para los carnavales me espere
él quiere tocar conmigo la tecla
y así como yo le digo él no puede
Emiliano está inocente, compadre
que ya Moralito vino a su tierra
le tengo una carta escrita en el valle
pa′ mandársela a Emiliano a la sierra
Las celebridades tampoco escaparon a las epístolas vallenatas. Christiaan Barnard, cardiólogo sudafricano quién efectuó el primer trasplante de corazón, recibió al menos dos de parte de sendos juglares: Máximo Movil y Camilo Namén Rapalino. Ambos expresaron la misma petición a su estilo y modo. Los versos de Máximo Movil, celebérrimos en la interpretación de Los Betos, gozaron de altísima popularidad.
Christiaan Barnard haga el favor
de cambiarme el corazón
por uno que sea más fuerte
ay, lo quiero bien indolente
para no volver a quererle
ni a acordarme de su amor
“El Trasplante”, como se denomina la canción de Camilo Namén, fue interpretada por el eminente Armando Zabaleta.
Veo que la ciencia médica ha adelantado bastante
por eso al doctor Barnard este favor le pido
que busque un corazón pa que me haga un trasplante
porque este que yo tengo verdad que está sufrido
El vallenato epistolar existe como una muestra de la forma en que el folclor y la juglaría supieron apropiarse del lenguaje íntimo de la correspondencia. Nos recuerda que, como seres creadores, los humanos hemos sabido trascender del papel para enviar mensajes, en esa época añorada donde la comunicación no se restringía a dispositivos digitales. A fin de cuentas, ¿qué es un vallenato sino una carta abierta al corazón?
Jorge Ignacio Garnica
@_nachodeloyola
Acerca del autor: Jorge Ignacio Garnica nació en Tabio (Cundinamarca) en 1985. Es Licenciado en Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas (Bogotá) y Máster en Literatura Comparada y Crítica Cultural de la Universidad de Valencia (España). Ha publicado tres novelas con Calixta Editores: «Antes del Juglar» (2019), «Pájaros Negros» (2022), y «Juaica» (2025). Fue seleccionado como uno de los 6 autores jóvenes destacados de la FilBo 2023 por la Revista Credencial. Su estilo literario se distingue por su fuerza expresiva y el uso de elementos del realismo mágico y la ficción histórica.
Discografía
Calderón, Roberto (1980). El Romancero [Canción]. En Para Mi Fanaticada, Diomedes Díaz & Colacho Mendoza. CBS.
Escalona, Rafael (1974). Mala Suerte [Canción]. En Fuera De Concurso, Hnos López. CBS.
Gutiérrez Cabello, Gustavo (1984). Amores Que Van Y Vienen [Canción]. En 039, Los Hermanos Zuleta. CBS.
Hernández Maestre, José (1982). El Encargo [Canción]. En Por Ella, Los Hermanos Zuleta. CBS.
Landero, Andrés (1973). La Pensión Ocaña [Canción]. En El Solterón, Andrés Landero y Su Conjunto. Discos Fuentes.
Marín, Hernando (1973). Dos Flores [Canción]. En En la cumbre!, Jorge Oñate & Colacho Mendoza. CBS.
Martínez, Luis Enrique (1974). Saludo Cordial [Canción]. En Vía Libre Al Vallenato, Luis Enrique Martínez y Su Conjunto. CBS.
Mobil, Máximo (1976). Aunque Sufriendo Te Olvido [Canción]. En Recordaciones, Emilio Oviedo y Su Conjunto. Codiscos.
Morales, Lorenzo (1987). La Carta Escrita [Canción]. En Su Nuevo Estilo, Los Cañaguateros. Fonoson.
Namén, Camilo (1967). El Trasplante [Canción]. En Vallenato Protesta (El Chupaflor), Armando Zabaleta y Su Conjunto. Discos Perla.
Vives, Carlos (1997). Qué Diera [Canción]. En Tengo Fe, Carlos Vives. Sonolux.
Vives, Carlos (1999). La Receta [Canción]. En El Amor De Mi Tierra, Carlos Vives. Sonolux.
Zuleta Baquero, Emiliano (1980). El Gallo Viejo [Canción]. En Pa Toda La Vida, Los Hermanos Zuleta. CBS.
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