Música y folclor
Entre fogatas y canciones: en la búsqueda de Rosendo Romero

“Aquel cuaderno donde estaban mis canciones un día “La Nuñe” lo quemó con la basura…”
(Mi Primera Canción: Rosendo Romero; “Los Betos”, 1.980)
Corría el año 1978, en la cantina de Pedro Restrepo —hoy casa de mi buen amigo, el profesor Hugo Miranda—, aledaña a la alcaldía de Tenerife, resonaba en la madrugada una y otra vez la canción “El enfermo” de Hernando Marín, interpretada por Los Betos.
En el solar del frente, amigos entrañables departíamos alrededor de una improvisada fogata. Inesperadamente, uno de ellos, Argemiro Herrera, emprendió veloz carrera hacia su casa donde funcionaba un surtido granero; los optimistas anunciaron: “mínimo trae un garrafón…”, otros, escépticos: “que va…no trae nada, toda esa vaina está bajo llave…”. La expectativa se quebró cuando, aún jadeante, Argemiro regresó con un maltrecho cuaderno “Norma”, donde tenía compiladas sus composiciones, y sin mayores aspavientos, lo arrojó a la hoguera sentenciando: “nosotros no somos compositores ni somos na…”
Rápidamente las llamas se tragaron sus sueños, y la parranda siguió, como si el silencio también pudiera cantarse.
En 1980, el LP Orgullo Guajiro de “Los Betos” incluyó “Mi primera canción” del ya reconocido compositor Rosendo Romero, en la cual narra un episodio con algunas similitudes, y la cual cantamos erróneamente durante años: “aquel cuaderno donde estaban mis canciones un día “la muñe” lo quemó con la basura”, error aún presente en varias compilaciones de música vallenata[1],[2],[3] ,el cual debe corregirse, siendo la forma correcta “La Nuñe” lo quemó con la basura, en referencia a Ana Antonia Ospino Campo (Q.E.P.D), madre del compositor.
Este error en apariencia menor, resulta significativo, pues altera la referencia familiar y descontextualiza el episodio narrado por Rosendo, cuya intención era rendir memoria a la figura materna como agente involuntario de la desaparición de sus primeros escritos musicales.
El propio autor[4], nos brinda una descripción detallada del episodio:
“Fue un hecho fortuito; mi mamá no sabía que yo estaba componiendo. Nadie en mi casa sabía que estaba componiendo, excepto mi hermanito Israel, que me oía cantar las canciones, pero él no asumía eso como algo con seriedad ni nada, sino como cosas mías.”
El compositor cuenta cómo en su juventud, escribía canciones en las páginas sobrantes de un cuaderno escolar que guardaba bajo el colchón de su cama de “Spling”; un día, su madre, sin saber que allí estaban sus composiciones, lo quemó junto con la basura:
“… como mi mamá tenía que erradicar la plaga del “chinche” de la casa, sacó todo lo que había debajo de los colchones de la cama, no solamente de la mía, sino de todas las camas,..”
“El cuaderno mío cayó como una cosa más, ella no se puso a revisar si había canciones, porque no había ningún motivo para hacerlo porque definitivamente nadie sabía que yo estaba componiendo. Entonces ella hace ese “ruple” de basura, lo barre hacia el patio, le echa petróleo y les mete fuego…”
Aunque al descubrirlo sintió la pérdida, confiesa que lo tomó con calma, “Lo asumí como algo irremediable pues podía crear nuevas canciones y recordaba algunos fragmentos de las anteriores”, y de allí nutrió “Mi primera canción” interpretada magistralmente por “Beto” Zabaleta y “Beto” Villa.
En suma: la reiterada confusión de “la Nuñe” por “la muñe” ejemplifica cómo las variantes populares pueden alterar el sentido original de una obra. Este caso subraya la relevancia de la crítica textual aplicada a la música vallenata, pues permite distinguir entre la versión auténtica — enraizada en la biografía del compositor— de las lecturas deformadas difundidas en cancioneros y antologías. La restitución de la forma correcta no solo preserva la fidelidad histórica, sino que también protege la memoria cultural que el vallenato encarna como género narrativo y testimonial.
Así las cosas, mientras los sueños de ser un gran compositor de mi compadre Argemiro Herrera se consumieron bajo las llamas inclementes de una fogata en una calidosa parranda tenerifana, los de Rosendo Romero se transformaron en inspiración para una hermosa canción. Con ella, además, cumplió cabalmente su promesa de llegar a “miles de corazones” a través de sus exitosas y memorables composiciones y convertirse en memoria viva del vallenato.
Enoc Adolfo Guzmán





