Música y folclor

Así canta el vallenato: la historia de Gilberto Estor Lara

Álvaro Rojano Osorio

04/05/2026 - 06:50

 

Así canta el vallenato: la historia de Gilberto Estor Lara

 

A Gilberto Estor Lara le bastó ser escuchado por  el propietario de  la emisora Hondas del Río, de Magangué, para que le propusiera que se vinculara como locutor en este medio radial. Tenía entonces 19 años y había sido invitado por un grupo de estudiantes del Colegio Liceo Joaquín F. Vélez a participar, leyendo un texto de su autoría, en un programa cultural Arte, Música y Poesía,  difundido los domingos por esa radiodifusora.

De lo que fue el inicio de su exitosa carrera como locutor, programador y director de su programa radial Así canta el vallenato, Gilberto recuerda: —Después de haber participado en el programa, el gerente de la emisora llamó por teléfono preguntando quién era el estudiante que había hablado. Le respondieron que era yo, él aseguró conocerme y además pidió que no me fuera. Me puse nervioso, porque pensé que había sido imprudente al leer mis palabras, pero lo esperé. Al llegar, me propuso la vinculación a ese medio de comunicación haciendo turnos como locutor en las noches. Yo le respondí: ¡Claro, me encantaría!

Sin embargo, su vinculación generó malestar en uno de los locutores con licencia —de la que Gilberto carecía—, quien reclamó porque recibía un salario menor que el recién llegado. La respuesta del gerente y director de Hondas del Río fue: “Me estás pidiendo una explicación sobre la diferencia salarial, y yo te lo voy a dar, pero no quiero que te molestes con la respuesta. Él tiene mejor voz y dicción que tú.”

Pero, pese a que era su primera experiencia en la radio, Gilberto se desempeñó con soltura, en gran parte porque desde niño arrastraba una afición por este medio. Era un asiduo oyente de las emisoras de Cartagena, Barranquilla, Santa Marta y Bogotá, que sintonizaba en el transistor de su familia, en Magangué.  A partir de la escucha de la radio, nació en él el deseo de ser locutor.

Del turno nocturno pasó a conducir un programa de cinco a seis de la mañana,  llamado Alborada campesina, donde comenzó a programar canciones de las grandes figuras del vallenato de la época: Abel Antonio Villa, Alejo Durán, Andrés Landero, Luis Enrique Martínez, Julio De la Osa, Alfredo Gutiérrez, Pacho Rada, quien ya empezaba a despuntar.

—Como en Alborada Musical lo que se escuchaba era música de acordeón, en Magangué y la región circundante, río abajo y arriba, el programa comenzó a tener gran acogida. Empezaron a llegar mensajes de felicitaciones de cumpleaños, encargos de saludos para familiares y amigos y otro tipo de servicio social. Además, la gente mostraba su gratitud con detalles: unos llevaban tres gallinas, otros una canasta de huevos o productos del campo. En fin, eran gestos de aprecio. Pero, sobre todo, puedo decir que fue al frente de ese programa donde nació mi amor por la música de acordeón.

Entonces, impulsado por estas circunstancias y por la influencia de un programa radial llamado Acordeones del Magdalena que escuchaba en Magangué a través de La Voz de Santa Marta, optó por crear, en 1966,  un  espacio radial que llamó Así Canta el Vallenato

—Inicialmente, se transmitía por Ondas del Río, pero, posteriormente, a través de Radio Magangué, después de que quien era gerente y director de la primera emisora me contrató. Desde entonces comenzó la vida del programa, cuyo nombre tengo registrado. Por eso, a veces, estando al aire advierto: no copien el nombre, porque está debidamente inscrito ante la entidad que corresponde.

En 1969, gracias a su éxito como locutor y programador, a Gilberto le ofrecieron la oportunidad de vincularse a la radio en Cartagena o Barranquilla, y optó por  esta última. Justificó su decisión señalando que los magangueleños se parecían a los barranquilleros en el entusiasmo y la alegría por la música. Además, para entonces, en Magangué se escuchaban todas las emisoras de Barranquilla, al punto de que lo que sonaba en esa ciudad se reflejaba inmediatamente en su localidad.

—A Barranquilla llegué en 1968. El locutor Gustavo Castillo García, mi paisano, me recomendó con Leónidas Otálora Gómez, gerente y director de Emisoras Ríomar de Todelar, la más escuchada en la ciudad, quien además era el propietario de Emisoras ABC. Me vinculé a ambas, ya que funcionaban en el mismo edificio. Para entonces, el vallenato no tenía acogida en los medios radiales; en ABC lo que se escuchaba  baladas, tanto que fue  pionera en programar este tipo de música.

Sin embargo, su arribo —después de una Semana Santa— coincidió, en el mes de abril, con la celebración del Festival de la Leyenda Vallenata. Este hecho, junto a la  modernización y comercialización de este género musical, en los años setenta le permitió volver a programar música vallenata y desempolvar Así Canta el Vallenato.

—En la ciudad, cuando me radiqué, se escuchaban algunos vallenatos y el éxito era Alicia Adorada, interpretada por Alejo Durán, quien había ganado el Festival Vallenato. También gustaban temas como: Joselina Daza, Cejas encontradas, Camino triste, entre otras, del mismo acordeonero. Además, sonaba lo de Alfredo Gutiérrez con los Corraleros de Majagual.

Para 1969, Gilberto, con apenas 20 años, comenzaba a posesionarse en el medio radial, tanto que, a través de Abel González Chávez,  se vinculó a Radio Olímpica AM, donde permaneció por dos meses, antes de regresar a Todelar. Luego ocurriría lo que tanto había querido desde sus días en Magangué. En noviembre de ese año llegó, como locutor a Radio Libertad, el medio radial en el que anhelaba trabajar, pues en su lugar natal y la región circunvecina se escuchaba como si fuera local. Para entonces, en esa estación laboraban figuras como Abel González Chávez, Gustavo Castillo García, Ventura Díaz, Marcos Pérez Caicedo, Efraín Peñate, entre otras destacadas voces de la radio.

—En Radio Libertad, un día Cecil Alfonso Pardo me preguntó cómo era para el vallenato. Le respondí contándole lo que hacía en Magangué: entonces me dijo que crearía un programa llamado Rapsodia Vallenata y dispuso que yo fuera su primer animador.

Eso fue en el 1970, y para entonces el vallenato apenas comenzaba a tener espacio en la radio barranquillera. En Radio Piloto, el Loquillo Colina dirigía un programa con música de este género, mientras que en La Voz de la Patria transmitía Acordeón, solo Acordeón, bajo la dirección de Cheo Feliciano.  Este proceso radial fue de la mano con lo grabado por Alfredo Gutiérrez y con el surgimiento de conjuntos como el de Los Hermanos López y Jorge Oñate, Los Hermanos Zuleta, entre otros.

En Radio Libertad permaneció hasta 1973, cuando pasó a formar parte de La Voz de la Patria. Allí propuso hacer su programa Así canta el Vallenato, que comenzó a emitirse de lunes a viernes, de 9:00 a 10:00 de la mañana. Después, el horario cambió a la franja de 3:00 a 4:00 de la tarde.

—Cuando comenzó a difundirse el programa, yo pedía a los oyentes que llamaran y solicitaran canciones vallenatas. Sonaba el teléfono y,  con esa ansiedad, lo contestaba; pero lo que escuchaba era: “Quita esa porquería de música”.  

Pero las cosas fueron cambiando para el vallenato. Con la construcción del puente Pumarejo y el de Calamar, comenzaron a llegar a Barranquilla grupos de estudiantes y familias de distintos lugares del Caribe, que asumían esta música como su  favorita. El impulso que recibió el género musical fue tan significativo que, en La Voz de la Patria —la emisora de la tonalidad perfecta—, además del programa de Gilberto, crearon un espacio, en horario nocturno, dedicado a su difusión, dirigido por Álvaro Ariza, llamado Acordeón, solo Acordeón.

—Eso fue cuando los conjuntos vallenatos comenzaron a destacarse comercialmente. Entonces resultaba usual que cantantes como Poncho Zuleta, Jorge Oñate, Rafael Orozco, Daniel Celedón, Silvio Brito, Beto Zabaleta, Alfredo Gutiérrez, entre otros, visitaran los programas para promover sus trabajos discográficos. También lo hacían algunos compositores y acordeoneros como Israel Romero, quien vivía a la vuelta de la emisora, en la Carrera 44 con calle Murillo. A ellos se sumaban los promotores musicales de las casas disqueras y compositores.

El vallenato se fue posesionando en el gusto de los barranquilleros, tanto que, en 1977 y 1978, Miguel  “Mike” Char comenzó a llamar insistentemente a Gilberto para que se vinculara con la Organización Radial Olímpica.

—Arreglamos y me fui para Olímpica con unas buenas condiciones laborales, tanto así que duré 28 años vinculados a esa organización radial.  En esa emisora no solo dirigía Así canta el Vallenato,  sino también el programa creado por ellos y llamado Vía libre al Vallenato, cuyo horario era de 11:00 de la mañana a 1:00 de la tarde. Era una manta total: tú ibas al centro y podías recorrerlo de punta a punta sin dejar de escucharlo, sintonizado en los radios de los vendedores ambulantes.

—Para entonces, el vallenato romántico ya había ganado espacio en el gusto de los barranquilleros, desplazando al narrativo, al costumbrista  como el interpretado por  Alejandro Durán, Andrés Landero, Julio de la Ossa, Luis Enrique Martínez, Abel Antonio Villa. Se trataba de un nuevo estilo  en la interpretación del acordeón, con las bases especialmente de Luis Enrique Martínez, en los arreglos musicales que, en definitiva, marcó un cambio en la acogida de este género musical acá en Barranquilla.

—A finales de la década del setenta  apareció Diomedes Díaz, con quien tuve unas buenas relaciones  y una larga diferencia. Todo comenzó por una entrevista que me  prometió y que, cuando fui a buscarlo al hotel en Barranquilla, se negó a conceder alegando que estaba indispuesto. Molesto por el desplante, dejé de programar su música hasta 1984, cuando finalmente hizo presencia en el programa. De ese encuentro aún tengo la entrevista.

Gilberto aún conserva su programa de música vallenata de 8:00 a 10:00 de la mañana. Lo transmite  a través de la web online por buenísimaestereo.com. Sale en Facebook en vivo y por su canal de YouTube@ si canta el vallenato, además de emisoras que se encadenan. 

—Hoy en día me llaman desde Alaska, desde Canadá, desde España. Lo hacen para que los complazca con canciones. Lejos queda el tiempo en que recibía llamadas al teléfono de la emisora para decirme que quitara esa música corroncha.  Sin embargo, esa y otras frases de ese tipo nunca me amilanaron, porque  yo iba con el machete en la mano, abriendo trochas en un monte cerrado.

Yo abrí ese camino por el que observo pasar a muchos, en camionetas de último modelo, rumbo a sus fincas, con ganado, producto de lo que cobran por promocionar agrupaciones musicales o canciones; pero yo jamás recibiré una dádiva o prebenda para programar una canción.

 

Álvaro Rojano Osorio

Sobre el autor

Álvaro Rojano Osorio

Álvaro Rojano Osorio

El telégrafo del río

Autor de  los libros “Municipio de Pedraza, aproximaciones historicas" (Barranquilla, 2002), “La Tambora viva, música de la depresion momposina” (Barranquilla, 2013), “La música del Bajo Magdalena, subregión río” (Barranquilla, 2017), libro ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el portafolio de estímulos 2017, “El río Magdalena y el Canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena” (Santa Marta, 2019), “Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en Bajo Magdalena” (Barranquilla, 2019), “Pedraza: fundación, poblamiento y vida cultural” (Santa Marta, 2021).

Coautor de los libros: “Cuentos de la Bahía dos” (Santa Marta, 2017). “Magdalena, territorio de paz” (Santa Marta 2018). Investigador y escritor del libro “El travestismo en el Caribe colombiano, danzas, disfraces y expresiones religiosas”, puiblicado por la editorial La Iguana Ciega de Barranquilla. Ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el Portafolio de Estímulos 2020 con la obra “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón” (Santa Marta, 2021).

Ganador en 2021 del estímulo “Narraciones sobre el río Magdalena”, otorgado por el Ministerio de Cultura.

@o_rojano

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