Música y folclor

Rafael Escalona: el compositor vallenato que cantó la vida del Caribe

Andrés Morales

13/05/2026 - 06:50

 

Rafael Escalona: el compositor vallenato que cantó la vida del Caribe
Rafael Escalona no solo compuso vallenatos, cantó la vida misma del Caribe / Foto: créditos a su autor

 

Rafael Calixto Escalona Martínez, nacido el 26 de mayo de 1927 en Patillal (Cesar), es uno de los mayores compositores del vallenato y un cronista musical de la región Caribe colombiana. Sin saber tocar acordeón ni leer música, compuso más de cien canciones que retratan amores, parrandas, paisajes y personajes reales con una maestría poética que lo inmortalizó. Su vida, llena de talento, bohemia y conexiones ilustres, está repleta de anécdotas que revelan su genio y su carisma.

A los 15 años, en febrero de 1943, mientras estudiaba en el Colegio Nacional Loperena de Valledupar, compuso su primera canción: El profe Castañeda. El profesor Heriberto Castañeda, querido por los alumnos, fue trasladado a Riohacha. Escalona, sentimental y juglar desde niño, convirtió el duelo en un paseo vallenato. Así nació su vocación: cantar lo que sentía. Temas como El hambre del Liceo, El testamento o El bachiller surgieron de sus años escolares, donde repetía cursos y fue expulsado, según cuenta la leyenda, por besar a una chica en un salón.

Su amistad con el pintor Jaime Molina marcó otra anécdota legendaria. Ambos soñaban con el arte. Escalona quiso pintar, pero Jaime era mejor. En broma pactaron: si uno moría primero, el otro lo inmortalizaría. Cuando Jaime falleció, Escalona cumplió con Elegía a Jaime Molina, uno de sus sones más emotivos: “Recuerdo que Jaime Molina / cuando estaba borracho / ponía esta condición...”. García Márquez lo consideraba uno de sus favoritos.

La gran amistad con Gabriel García Márquez es quizá la más célebre. Se conocieron en 1950 en Barranquilla, en el Café Roma, gracias a un artículo de Gabo en El Heraldo que alababa a Escalona como “el intelectual del vallenato”. Gabo rompió el hielo cantando El hambre del Liceo. Nació una hermandad profunda. Juntos recorrieron pueblos en parrandas interminables entre 1951 y 1953. Escalona invitaba a Gabo a Valledupar; bebían, cantaban y recogían historias.

En una cantina de Manaure, un hombre armado se acercó a Gabo diciendo que su abuelo había matado al suyo. Era una broma orquestada con Escalona. Ese personaje inspiró a Prudencio Aguilar en Cien años de soledad. Gabo inmortalizó a su amigo como “el sobrino del obispo” y heredero de Francisco el Hombre. Escalona acompañó a Gabo a Estocolmo en 1982 para recibir el Nobel, con acordeones y vallenatos sonando en la nieve. En 1983, le compuso El vallenato Nobel, interpretado por Los Hermanos Zuleta.

Gabo silbaba vallenatos de Escalona en sus momentos de nostalgia europea. En Viena, bajo la lluvia, tarareó uno; días después, en un salón de baile, sonó La molinera. En París, cantaba La casa en el aire para combatir la soledad. “La novela es como un vallenato de 400 páginas”, dijo Gabo alguna vez, comparando el realismo mágico con las crónicas cantadas de su amigo.

Otra gran anécdota es el nacimiento del Festival de la Leyenda Vallenata en 1968. Junto a Consuelo Araújo Noguera y Alfonso López Michelsen —con quien era amigo y a quien sirvió como cónsul en Panamá y Agregado Cultural—, Escalona impulsó este evento que elevó el vallenato de parranda rural a patrimonio nacional e internacional (hoy de la UNESCO).

Escalona era un parrandero y mujeriego legendario. Tuvo unos 20 hijos reconocidos con distintas compañeras. Canciones como La Patillalera, La brasilera o Adiós mi Maye (dedicada a su primera esposa) nacieron de amores y desamores reales. Vivió pobre pese a su fama; vendió derechos de sus canciones por poco dinero. Murió en Bogotá el 13 de mayo de 2009, y el presidente Álvaro Uribe decretó un minuto de silencio.

Su vida inspiró la serie Escalona (1992), protagonizada por Carlos Vives, que popularizó aún más el género. Escribió también La casa en el aire (novela autobiográfica) y cuentos. Pintor frustrado, diseñador, gastrónomo y gestor cultural, Escalona fue un hombre renacentista del trópico.

Rafael Escalona no solo compuso vallenatos: cantó la vida misma del Caribe, con sus alegrías, tristezas, amores y locuras. Sus anécdotas, como sus canciones, son crónicas vivas de una Colombia profunda, bohemia y mágica. Hoy, en Valledupar y Patillal, su legado resuena en cada acordeón, recordándonos que el verdadero juglar es aquel que convierte la existencia en verso y melodía eterna.

 

Andrés Morales

Para PanoramaCultural.com.co

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