Música y folclor
Totó La Momposina: tambores y cantos del Caribe colombiano para el mundo

Sonia Bazanta Vides, conocida universalmente como Totó La Momposina, es como un tambor que nunca dejó de sonar: cada golpe trae memoria, resistencia, fiesta e identidad. Su nombre artístico, Totó, evoca el repicar de los tambores. Nació el 15 de agosto de 1948 en plena depresión momposina, sobre el brazo de Mompox, en el corregimiento de Talaigua Nuevo (Mompox), cuna de ritmos tradicionales como el bullerengue, chandé, pajarito, cumbia, mapalé, fandango, etc. Su madre, Livia Vides, le transmitió aquellos cantos prohibidos de bogas y pescadores —mismos que inspiraron Candelario Obeso, paisano suyo—, mientras su padre, Daniel Bazanta, le legó el pulso del tambor. Desde niña comprendió que defender la música del Caribe era defender la identidad misma.
Cuando la familia sale desplazada huyendo de la violencia de mediados del siglo XX, finalmente se radican en Bogotá, doña Livia convirtió el patio de su casa en el barrio Restrepo en una verdadera escuela de folclor: gaitas, tambores y millos sonaban sin descanso, aunque los vecinos protestaran. Totó aprendió pronto que la música popular debía sostenerse con terquedad. Más tarde recorrió pueblos y riberas en busca de las grandes cantadoras —Miguelina Epalsa, Venancia Buenosbarrios y Agripina Echeverri— y con ellas comprendió que el bullerengue, la cumbia o el mapalé no se estudian: se viven.
Luego de recorrer “la tierra del olvido”, de vivenciar y recoger la ancestralidad, oralidad y riqueza musical y dancística de los pueblos sometidos a más de “cien años de soledad”, como la subregión de las Lobas y el Chicagua, las sábanas y el sur de Bolívar, la Mojana, las zonas ribereñas de los ríos Magdalena, Sinú, San Jorge, Cauca, Cesar, como también la herencia cultural del litoral pacífico, decanta y sintetiza su propuesta artística con sello propio: rescatar lo tradicional, pero también renovar, modernizar la instrumentalización para llevar a nuevas audiencias los cantos ancestrales.
La influencia de García Márquez fue decisiva en su proyección internacional. La invitación a Estocolmo en 1982 para la entrega del Nobel abrió las puertas de Europa y marcó un antes y un después en su carrera. En discos como Pacantó mezcló champeta con porros sabaneros; en otros se atrevió con sextetos palenqueros, currulao del Pacífico e incluso boleros. Para Totó, la pureza estaba en la honestidad, no en la rigidez. Por eso su música dialogó con la electrónica sin perder raíz.
La discografía de Totó La Momposina es un mapa sonoro del Caribe colombiano. Desde La Candela Viva (1993), producido por Phil Ramone en Real World Records, hasta trabajos como Carmelina, Pacantó y Gaitas y tambores, cada álbum explora ritmos que van del bullerengue al chandé, pasando por la champeta y el porro sabanero. Su música no se quedó en la nostalgia: supo dialogar con lo contemporáneo, como lo demuestra el remix de Michel Cleis que llevó sus tambores a las pistas de baile internacionales.
Los reconocimientos confirmaron su legado: el WOMEX a la Trayectoria (2006), el Premio Nacional de Vida y Obra (2011) otorgado por el Ministerio de Cultura de Colombia, el Grammy Latino a la Excelencia Musical (2013), y en 2014 la nominación a los Latín Grammy por su trabajo “El Asunto” como mejor disco de música tradicional. En 2017 recibió el título de Doctora Honoris Causa en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional. Ese último reconocimiento fue un triunfo simbólico: los cantos que alguna vez fueron prohibidos se convirtieron en materia de honor académico.
En 2022 se retiró de los escenarios, pero la música siguió viva en su familia. Su hijo Marco Vinicio Oyaga lidera Los Tambores de Totó, y sus nietas ya cantan en los coros. La tradición continúa como un río que nunca se detiene. Su gran enseñanza es sencilla y poderosa: defender lo propio no es quedarse en el pasado, sino hacer que el pasado baile en el presente.
En la cumbia, Totó fue guardiana y renovadora. La defendió como raíz cultural, pero también la expandió al mundo, mostrando que no era un género folclórico congelado, sino un lenguaje vivo capaz de reinventarse. Su voz y sus tambores hicieron que la cumbia dejara de ser vista como música “de pueblo” para convertirse en símbolo de identidad nacional y patrimonio universal. Sin lugar a dudas Totó es la mejor interprete del compositor más prolífico de Colombia, autor de cumbias hermosas (El Pescador, La Piragua, etc,), de José Benito Barros Palomino, quién siempre reclamó la paternidad de los Pocabuyes del Banco (Magdalena) sobre su más distinguida hija folclórica: La Cumbia, por eso, creo que las cantó con el alma.
Con el decurso de los años, Totó se convirtió en embajadora cultural de Colombia, llevando el Caribe a escenarios globales. Hoy, ese legado sigue vivo en Los Tambores de Totó, dirigidos por sus hijos y nietas. La tradición no se detuvo con su retiro ni con su partida en Celaya (México), el domingo 17 de mayo de 2026, en vísperas del Día de la Afrocolombianidad. Su legado sigue corriendo como río que nunca se seca, como nuestro glorioso río Magdalena.
Gustavo A. Carreño Jiménez
Sobre el autor
Gustavo A. Carreño Jiménez
Desmitificando a la India Catalina
Economista, Universidad de Cartagena. Especialista en Gerencia de Proyectos, Universidad Piloto de Colombia (Bogotá). Magister en Desarrollo y Cultura de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Investigador Cultural. Maestro de Ciencias Sociales Distrito de Cartagena de Indias.
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