Música y folclor

De la cumbia 20 de Enero al Golpe Evitalero: la vida musical del cantador Rafael Ospino

Álvaro Rojano Osorio

26/05/2026 - 06:40

 

De la cumbia 20 de Enero al Golpe Evitalero: la vida musical del cantador Rafael Ospino
Rafael Ospino, el cantador de la tradicional agrupación 20 de enero / Foto: archivo particular del autor

 

—Hoy soy el músico más viejo del grupo de cumbia que llamamos Golpe Evitalero, el que antes se conocía como 20 de enero. Cuando ingresé al grupo debía tener entre 15 y 16 años. Me escapaba de la casa cada vez que escuchaba a la agrupación tocando, especialmente el 20 de enero, en la plaza, frente a la iglesia.

Quien lo cuenta es Rafael Ospino, cantante de esta agrupación musical, quien, además señala: “Ahí amanecía y me ponía a cancanear con el llamador y las maracas. Cuando cumplí 16 años, mi primo Juan Ospino Jiménez, que tocaba el llamador y las maracas simultáneamente, se enfermó. Como se iban a presentar en un festival en Palenque, me buscaron para reemplazarlo. A partir de ese momento participé como ejecutante de las maracas y canté, en algunas oportunidades, los temas que me sabía”.

—Así se fueron dando las cosas.

Rafael, corista de la Niña Emilia

Ya con veintidós años, lo llamó la cantadora Emilia Herrera, más conocida como La niña Emilia, para que hiciera parte de su agrupación.  Esto sucedió después de que ella disgustara con su guacharaquero y corista.

—Era el año 1985 y fuimos contratados para las fiestas de Cartagena, pero solo alcanzamos a intervenir en una noche de caseta, porque la programación fue cancelada, pues hacía pocos meses que había sucedido lo de la toma al Palacio de Justicia y otras actividades terroristas que mantenían intimidada a la gente.

Después, se fueron para Barranquilla y anduvo con Emilia hasta diciembre. En ese mes casi no hubo día en el que no trabajaran amenizando fiestas, para entonces la cantadora y su agrupación Los cumbiamberos de Gamero, estaban posesionados en el gusto musical del caribe colombiano con temas como Cundé cundé, Periquito con arroz, Coroncoro, Curruuchú, Congo E.

Sin embargo, pese al éxito y a la cantidad de trabajo, el dos de enero Rafael le dijo a La niña Emilia que no seguía en su grupo.

Ella, Emilia, dijo: —Muchachos, nos vamos para Evitar.

Entonces le respondí: —Emilia, yo no voy para allá.

Ella insistió: —Tú te vas con nosotros, no me puedes abandonar.

—Ella me rogó para que continuara a su lado, porque hacíamos una buena pareja musical. Pues, para entonces, yo era su mano derecha musical.

—No, Emilia, yo no continúo con usted.

—Rafa, pero no hay plata para darte.

—Emilia, no se preocupe por eso.

Ella no sabía que, como yo no tomaba ron, tenía guardada toda la plata que había ganado en las presentaciones.

Al final me dijo: —Bueno, quédate, pero no te busco más.

La renuncia se debía al cansancio acumulado por el fuerte control que Emilia ejercía sobre Rafael. Ella seguía las indicaciones de los padres de este, quienes le exigían que lo cuidara a cambio de dejarlo estar en su agrupación. Eso lo aburría, porque ya sentía mayor de edad.

—Hoy me doy cuenta que no existía razón para estar molesto: Emilia lo único que hacía era cuidarme, protegerme, pero en ese entonces yo no la entendía. 

Después de lo sucedido Emilia lo mandó a llamar a través de su hijo Reinaldo para que la acompañara en algunas presentaciones. Desconfiado, le dijo que hacía contrato, pero con él.

—Participé en algunos bailes y renuncié definitivamente para volver a la cumbia 20 de enero.

Estuvo con la cumbia hasta que un día dijo: “Voy es a caminar” y se fue para Valledupar, donde vivía un hermano al que hacía muchos años no veía.

—Pero luego, me entró esa nostalgia y regresé a Evitar.

Rafael, corista y cantador al Petrona Martínez

Fue en ese regreso cuando organizaron un festival en el que se presentó la cantadora Petrona Martínez acompañada de un conjunto musical que, según Rafael, no estaba a la altura de su talento.

—Eso me motivó a decirle Ascanio Pimentel: — Primo, esa señora de San Cayetano canta. Lo que no tiene es un buen respaldo musical. Vamos a conformarle un grupo.

—¿Será? ¿Y cómo lo vamos a hacer si ella no nos ha dicho nada? — No se preocupe, yo averiguo.

Rafael no conocía al entonces representante musical de ella, Marceliano Orozco, hasta un día que fue a vender pescado junto con a su mamá en Malagana y lo abordó, haciéndole la propuesta. —Él aceptó porque estaba necesitando buenos músicos. De Evitar fuimos Ascanio, Joselito y yo a reunimos en la casa de Petrona. Practicamos, nos acoplamos y así nació la agrupación Tambores de Malagana, en la que yo tocaba el guache y hacía coros.

Junto a Petrona, en 1989, produjeron para Felito Récord un disco de larga duración en el que Rafael interpretó canciones de su autoría: La esfaratá, La mascá y Baila baila. Por eso aparece su nombre en la caratula. Además, participó en Tungue-Tungue, de la que hay una historia. —Ya habíamos grabado once canciones cuando Petrona me indagó qué otra podíamos incluir. Me acordé de ese tema que es de la autoría de ella y comencé a silbarlo.

—Eduardo Dávila, el ingeniero de sonido, dijo: “Eso va”. Además, dispuso que mi silbido reemplazara el pito. Sin embargo, casi fracasamos porque en una parte todos teníamos que silbar imitando el sonido de una rana y uno de los músicos no sabía. Eso provocó un estallido de risas. En medio de las carcajadas, la cabina donde grabábamos se vino al suelo y casi se daña.

A pesar del esfuerzo de los músicos, el trabajo no tuvo los resultados esperados. Esa fusión de música folclórica y comercial, como la hicieron Emilia y Marta Herrera, Irene Martínez, no les funcionó.

—Continué con Petrona un tiempo, pero las presentaciones eran escasas y mal pagadas. Fue cuando decidí irme de Evitar para Santa Marta donde vivía una hermana. Lo hice después de grabar un trabajo discográfico con Nelly Echenique, la hija de la Niña Emilia, y de renunciar a un contrato por dos años que había firmado con Felito Récord para ser el cantante de planta.

Me fui porque me di cuenta de que ya no estaba enamorado de la mujer con la que me casé.

Cumbia “El golpe vitalero”

Rafael regresó a Evitar veinte años después de haber partido con su desamor a cuesta. Volvió a la agricultura, a la pesca, pero, sobre todo a la cumbia 20 de enero. Y cuando lo hizo aún Santiago Ospino era el millero y Ascanio Pimentel el tamborero, además estaban Néstor Rodríguez Arrieta, y Juan Carlos Hernández Arrieta, que eran percusionistas Y aún se mantenían la tradición de tocar el 20 de enero en la puerta de la iglesia.

Sin embargo, un hecho, la muerte de Santiago Ospino fue determinante en la existencia de la agrupación que había comenzado en los albores del siglo XX, cuando familias de distintos puntos del Caribe colombiano llegaron a ubicarse en torno al complejo azucarero Central Bolívar. Entre los que arribaron y levantaron sus viviendas en un terreno cercano a una ciénaga que les garantizaba agua y comida, estuvieron Santiago Ospino Caraballo, José del Carmen Pimentel, Manuel Pimentel, Ángel Ospino, Marcelino Medina, quienes crearon la cumbia que llamaron 20 de enero.

Pero la agrupación no podía desaparecer. En efecto, producto de la enseñanza del millero y gestor cultural Marlon de la Peña, surgió un nuevo millero: Dairo Enrique Arrieta Polo, quien heredó la vocación musical de las familias Ospino y Pimentel. 

Entonces volvieron a reunirse los nuevos y algunos viejos músicos, y con los instrumentos en la mano reiniciaron el proceso histórico musical, aunque utilizando un nuevo nombre cumbia Golpe Evitalero. Hoy, además de Dairo y Rafael, hacen parte de la cumbia Marco Andrés y Néstor Rodríguez, Juan Carlos Hernández, Fermín Mariano Herrera, Manuel Salvador Sánchez, Hernando Hernández. Ellos, salvo Fermín, están relacionados familiarmente con los creadores del 20 de enero.

En 2021, esta agrupación, grabó un trabajo musical auspiciado por Chaco Music House y en el que Rafael es el cantador. Compilación musical que aparece a nombre de la tradicional agrupación 20 de enero. 

 

Álvaro Rojano Osorio

Sobre el autor

Álvaro Rojano Osorio

Álvaro Rojano Osorio

El telégrafo del río

Autor de  los libros “Municipio de Pedraza, aproximaciones historicas" (Barranquilla, 2002), “La Tambora viva, música de la depresion momposina” (Barranquilla, 2013), “La música del Bajo Magdalena, subregión río” (Barranquilla, 2017), libro ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el portafolio de estímulos 2017, “El río Magdalena y el Canal del Dique: poblamiento y desarrollo en el Bajo Magdalena” (Santa Marta, 2019), “Bandas de viento, fiestas, porros y orquestas en Bajo Magdalena” (Barranquilla, 2019), “Pedraza: fundación, poblamiento y vida cultural” (Santa Marta, 2021).

Coautor de los libros: “Cuentos de la Bahía dos” (Santa Marta, 2017). “Magdalena, territorio de paz” (Santa Marta 2018). Investigador y escritor del libro “El travestismo en el Caribe colombiano, danzas, disfraces y expresiones religiosas”, puiblicado por la editorial La Iguana Ciega de Barranquilla. Ganador de la beca del Ministerio de Cultura para la publicación de autores colombianos en el Portafolio de Estímulos 2020 con la obra “Abel Antonio Villa, el padre del acordeón” (Santa Marta, 2021).

Ganador en 2021 del estímulo “Narraciones sobre el río Magdalena”, otorgado por el Ministerio de Cultura.

@o_rojano

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