Música y folclor
Maximio Cuatro Charris en cuatro trazos

Maximio Antonio Charris Acosta nació el 5 de enero de 1954 en Tenerife, Magdalena.
Hijo de Rafael Charris —el famoso cantador— de quien su biznieto Luis Felipe del Portillo Anaya me aclara que el nombre correcto era Gardenio Rafael Charris Reales, y de Ana Leonor Acosta. Cuarto de nueve hermanos. Entre ellos mi compadre Almides José Charris Acosta.
Eximio cantador y compositor de pajaritos, integrante durante largos años de Tacumbé y voz líder de Los Alegres de Tapegua. Baluarte del folclor tenerifano, conocido por su jocosidad y campeón invicto pa’ presentarse.De su extenso anecdotario sintetizo cuatro trazos:
Trazo 1: Del apellido
—¡Larios Trespalacios Osmin, a sus órdenes!
Maximio ni se mosqueó. Se cuadró también y le respondió:
—¡Maximio Cuatro Charris, pa’ servirle!
Estando en Medellín, previo a una presentación en la Feria de las Flores, le presentaron a un empresario antioqueño importante. El hombre estiró la mano y dijo:
—Mucho gusto, Juan Marrón Cañas…
Maximio le estrechó la mano y le devolvió:
—El gusto es mío: Maximio Aguardiente Antioqueño Charris, a sus órdenes……
Trazo 3: Nadando en internet
Cuenta Maximio que un día unos amigos fueron a buscarme, pero yo tenía un chofer atravesado que los despachó:
—El doctor no puede atenderlos porque está nadando en internet.
A lo cual otros amigos, entre ellos “El Yito” le replicaron:
—¡Tú sí eres bruto, hombe! Se dice navegando—
Y mi chofer, sin inmutarse, remató:
—Bueno, nadando o navegando es la misma vaina. Las dos se hacen en el mar…
Trazo 4: Espagueti eterno
Una semana metida en la selva chibolera, aserrando madera, Maximio no veía la hora de que llegara el sábado pa’ cobrar y largarse. Toda la semana fue lo mismo: el administrador de la finca tenía la mano mala. Desayuno: espagueti recalentado. Almuerzo: espagueti sancochado. Comida: espagueti guisado. Puro espagueti eterno.
Sacó cuentas, liquidó, y ya se iba. Pero el administrador lo cogió aparte, y en tono confidencial le dijo:
—Compa, la mano ha estado mala y reconozco que la comida no ha sido lo mejor, pero le agradezco que no vaya a comentar nada… y pa’ ver si se viene la otra semana, que falta madera por aserrar.
—Listo, cuente con eso. ¡Yo soy una tumba!— dijo Maximio.
Pero apenas llegó al portón de salida, con voz altisonante se despidió:
—¡Chao bambino! ¡Hasta nunca!
Cuatro trazos, cuatro risas, y un solo Maximio Cuatro Charris.
Enoc Adolfo Guzmán






