Música y folclor
Camilo Namén a sus 82 años recuerda el canto nostálgico de su niñez

“Bonita es la vida cuando uno está niño, y cuando uno está niño quiere crecer ligero”. Este verso hace parte de la canción ‘Recordando mi niñez’, ganadora del Festival de la Leyenda Vallenata en el año 1972, y grabada por Jorge Oñate con los hermanos López.
Esta joya nostálgica del folclor vallenato contiene la luz que brilla en el corazón extendiéndose a las noches del alma, marcando la huella del tiempo y sintiendo cuando la memoria aplaude en silencio, donde las sombras del ayer no han podido ocultar los sentimientos.
Es así como su larga historia no se puede resumir en una crónica, sino en un libro donde cada capítulo debe encerrar vivencias, alegrías, tristezas y en el centro Chimichagua, esa tierra sagrada que un día lo vió nacer. La misma al que le cantó. “Son sentimiento que me salen del alma, en una forma humana que demuestra querer. Vengo a cantarle a mi tierra Chimichagua, esa tierra sagrada que a mí me vió nacer. Por dentro siento que mi tierra me llama, y mis ojos reflejan su bello amanecer”.
Camilo Namén continúa recalcando que su vida es un espejo donde se mira todos los días y, además, se refleja cómo comenzó todo al recordar a la vieja Concha (Concepción Rapalino), quien lo trajo al mundo, gracias al amor con Felipe Namén Fraija.
En aquella canción recordó cómo trascurrió su niñez, vestido con un pantalón cortico, vendiendo arepas con la tártara en la mano y con aspiraciones de convertirse en pescador. Lo intentó, pero aquella atarraya, la canoa y el canalete, no eran lo suyo, sino que se avecinaba un episodio lleno de versos que al unirlos y ponerles música pescaba canciones.
Sin darse cuenta ingresó por ese camino al lado de historias de vida, amor y folclor, convirtiéndose en compositor teniendo la sapiencia necesaria para contar todo lo que giraba a su alrededor. Por eso, dejó algunos oficios como vendedor de rifas en esos pueblos marcados por el olvido donde la suerte llegaba en carro.
Aquello le cambió la vida y la parranda era su compañera donde obtenía los insumos necesarios para componer canciones narrativas, que se fueron pegando hasta ser grabadas por los más grandes cantantes vallenatos. “Nunca hice una canción por encargo, sino salida de mi corazón. Una vez intenté, pero eso no era lo mío y fracasé. Ahora para componer canciones se cuenta hasta con ayuda de la famosa inteligencia artificial”.
Hizo una parada en su relato, pensó y dijo: “Esa memorable canción ‘Recordando mi niñez’ que tuvo la gracia de grabarla Jorge Oñate, la hice en la soledad de una mañana donde el sol quiso darse unos minutos para salir porque las nubes todavía estaban dormidas. La niñez es un jardín donde nacen los sueños y la imaginación corre rápido”.
Qué belleza de canto donde se encierran cientos de sueños infantiles que trotan a la par con el tiempo que es infalible, sin poderle restar ningún segundo de vida. Es verdad, el tiempo en menos de lo que se imagina dá pasos gigantes llegado a la juventud y luego seguir con la vejez. La imagen es real y hasta una lágrima acompaña el momento.
El mismo Camilo Namén lo bosquejó en un verso: “Me dio una tristeza porque ayer recordé los tiempos aquellos en que volaba papagayo, y ahora que estoy viejo y paso trabajo, quisiera volver a la niñez. Ver aquellos tiempos que han pasado y ahora con tristeza espero la vejez”.
La inspiración viene de Dios
“Dios es el inspirador. Yo digo que la composición es divina, cuando uno tiene la estructuración de entender que el verso debe ser respetuoso y que la melodía sea agradable al oído. A medida que los años fueron pasando el Todopoderoso me regaló el don para componer”, destacó Camilo Namén.
Entonces, hizo la cuenta de las canciones de su autoría sumando 110, de las cuales le han grabado un promedio de 80. En él se encuentra el verdadero juglar porque compone, canta, versea y echa cuentos. Es un excelente parrandero.
Los quebrantos de salud lo han apartado un poco de las parrandas. “A mis 82 años. Nací el 22 de junio de 1944, le doy gracias a Dios por llegar a esta edad. Solamente pido que no me saquen del corazón. Quiero quedarme en el amor de la gente, porque he tenido un sentimiento que es el de cantarle a las realidades para que no me olviden”.
En ese instante, era preciso sentarse en sus cientos de añoranzas, para revivir de cerca los episodios que tuvieron ocurrencia en territorio costeño, con epicentro en Chimichagua, donde él regaló alegrías y recibió esos abrazos que están enredados en un lenguaje sin palabras.
La vida de ‘Camilito’, así lo llama su familia y allegados, se resume en los tiempos del ayer, pero ahora cuenta sus pasos con un bastón, saborea sus palabras, se queda donde lo arropa el cariño, se regresa con su pensamiento a la ceiba del puerto, y jamás olvida cuando se graduó con todos los honores en la escuela del folclor vallenato.
Eso sí, únicamente lo mata la nostalgia cuando pinta en el cuadro del sentimiento a su gran amigo. Ese padre fiel que se jugaba con él, al que le regaló una canción que todavía conmueve el alma a miles de hijos. Si ayer recordó su niñez, ahora le llegó la vejez con su carga pesada de experiencias vividas y los recuerdos al hombro. Un abrazo a la distancia para Camilo Namén y que nunca falten razones para escribir lo que el corazón siente.
Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv





