Música y folclor

Carlos Atencia Palencia: el bodeguero de la palabra y el verso infinito de la décima

Alfonso Osorio Simahán

29/06/2026 - 06:15

 

Carlos Atencia Palencia: el bodeguero de la palabra y el verso infinito de la décima
Carlos Atencia Palencia / Foto: Alcaldía de Sincé

 

Se va a cumplir una década desde aquella noche en que la Casa de la Cultura, en plena Semana de la Sinceanidad, honró a varios cultores populares. Fue allí, entre el murmullo de la plaza y el brillo de los reconocimientos, donde conocí a uno de esos personajes vernáculos que destilan no solo poesía, sino encantamiento y arte en las primeras de cambio.

Se presentó como un humilde e inquieto "Bodeguero", haciendo alusión no a un oficio, sino al Barrio La Bodega: ese territorio sagrado de San Luis de Sincé donde nació, creció y se alimentó de las manifestaciones que habrían de ser su tiquete sin regreso hacia los altares del folclor caribeño.

Crónica

Transparentar a Carlos Enrique Atencia Palencia es convocar la memoria misma de las sabanas de Sucre, Bolívar y Córdoba. Su historia es la confirmación de que la poesía, en el Caribe, no se aprende únicamente en los manuales de literatura; se hereda en la sangre y se amamanta con los arrullos de la infancia.

El alma decimera de Carlos Enrique no es un accidente. Nació el 27 de junio de 1960 en un hogar humilde de escasez material, pero de una inmensa riqueza espiritual. Él mismo, con la cadencia de su verso, suele recordar sus orígenes:
Nací en San Luis de Sincé
un veintisiete de junio,
de junio lo trajeron al mundo,
mi madre Tulia Palencia
si le preguntan, comenta
que allá en el año sesenta
rodeado de un gran cariño..."

Su padre fue un buen campesino, Abraham Atencia, un hombre de la tierra que buscó para su hijo el amparo de un padrino inolvidable, don Héctor Gamarra. Su madre, doña Tulia Palencia Aldana, intuyendo la fragilidad y la sensibilidad de su niño, le buscó por madrina a doña Josefina Ramírez. Fueron los cantos de cuna y los arrullos de doña Tulia los que influyeron en su temprana sensibilidad, dándole a su ser, desde la cuna, "más espíritu que cuerpo".

Pero la vena poética venía marchando desde atrás. Su abuelo materno, Luis Carlos Palencia Severiche, fue un destacado cantador de décimas y cuentero de quien Carlos escuchó los primeros romances de la sabana. Y más atrás, en la raíz del árbol genealógico, habitaba el recuerdo de su bisabuelo Ignacio Palencia, otrora decimero, cantador y compositor.

Aquella infancia transcurrió entre las aulas y la libertad del juego callejero. Sus primeros años escolares los cursó bajo la tutela del eminente pedagogo don Luis Gabriel Meza. Luego, el instinto y la vida lo llevaron al Colegio San Juan Bautista de La Salle, donde terminó su primaria y se hizo bachiller. Allí, durante la secundaria, Carlos Atencia no fue un testigo silencioso; fue un activo dirigente estudiantil, consecuente con la causa proletaria, una convicción humana y generosa que marcaría su poética para siempre: “Que el pueblo nunca la calle...”, repetía con rebeldía juvenil.

La escuela formal avanzaba, pero la verdadera academia del repentismo corría por las ondas hertzianas. A través de la mítica emisora La Voz de Montería, el joven Carlos quedó impactado por la cadencia y el certero matiz musical del maestro Rafael Pérez López. Tiempo después, sintonizando Radio Libertad de Barranquilla, se contagiaría de la honda lírica de don Gabriel Segura Miranda.

Sin embargo, el verdadero crisol donde se forja un decimero es la tarima pública. Ese espacio de aprendizaje áspero y hermoso de los festivales del Caribe fue dándole el bagaje necesario para desarrollar su instinto de repentista. Así, la geografía caribeña vio pasar su figura trigueña y delgada por el Festival Riberas del Río San Jorge en San Benito Abad, las calles tejidas de Galeras, los aromas del Festival de la Yuca en Betulia, el Festival del Corozo en Corozal, el ritmo del Pito Atravesao en Morroa y las plazas de San Jacinto, Ovejas, Soledad, Arjona y Malambo, extendiéndose incluso hasta Medellín, Bogotá y las tierras de Cuba.

Fue en esas plazas donde se batió a versos con los gigantes de la época: Alejandro Martelo, Rafael Pérez García, Ricardo Olea, Yamil Sandoval, Gustavo Lara, Jorge Eliécer Garizabalo, Miguel García Ortega, Eduardo Páez, Mery Suescun, Pedro Nel Rodríguez y el legendario Julio Cárdenas Guerrero.

En el camino del repentista, el ingenio se mide en segundos. En 1996, durante la semifinal del Concurso Nacional de Decimeros en Ovejas, a Carlos le tocó en suerte piquerear con Miguel García Ortega, de San Cayetano. Miguel subió a la tarima un poco alicorado por los efectos del aguardiente. Carlos, sereno y punzante, le soltó una estocada en su primera décima:
Miguel, tu conducta tacho
con este cantar sereno,
tanto decimero bueno,
y me ha tocado un borracho.

La plaza estalló. Pero Miguel se despertó de la "pea" con el golpe del verso y, aunque ronco y mal medido, le clavó tres décimas memorables con un remate en "doble pie forzao" que rozó la genialidad:
Tú creyéndote tan bueno,
y hoy te elimina un borracho.

El público deliraba. A Carlos Enrique le tocó hilar muy fino e "irse por las ramas" con maestría técnica para evitar que el revés popular lo eliminara de verdad. Al final de la jornada, la corona de ese año 1996 fue suya.

Un año antes, en 1995, la historia había sido distinta en Caucasia, Antioquia. La final concluyó en un glorioso empate entre Carlos Atencia y su entrañable amigo y colega docente, Ricardo Olea Hernández. El jurado los obligó a desempatar con un pie forzao, luego con una obra elaborada, y el público los ovacionaba por igual. Al bajarse de la tarima, exhausto, Ricardo le confesó en secreto a su compadre Carlos: "Si nos vuelven a llamar, yo no subo, porque ya no tengo más nada que responder". Carlos sonrió aliviado; él iba a proponerle exactamente lo mismo. Por fortuna, el jurado falló a favor del sinceano, coronándolo triunfador nacional.

Carlos Atencia Palencia demostró que el decimero no es solo un bohemio de plaza. Con un esfuerzo familiar enorme, se graduó como Licenciado en Español y Literatura de la Corporación Universitaria del Caribe, se hizo Técnico en Idioma Inglés en Santa Marta y se especializó en Telemática e Informática en la Fundación Universitaria del Área Andina.

Su mente brillante llevó la décima sabanera a los escenarios más encopetados del país, como el Salón Rojo del Hotel Tequendama en Bogotá, durante un homenaje a su paisano, el entonces Ministro de Agricultura Antonio Hernández Gamarra. Entre 1995 y 2004, como director de la Casa de la Cultura de Sincé, sembró el futuro creando las Escuelas de Formación Artística. Además, sus cumbias inéditas como "América India" y "Herencia India" se coronaron en Cereté y Sincé.
Dentro de sus logros y aplausos se destaca : representar a Since en el Primer Encuentro Sub regional de Cultura Crea, clasifica al Encuentro Departamental en Sincelejo y de allí pasa al Encuentro Regional en Magangué donde clasifica al Encuentro Nacional de Cultura "Crea" al lado de los maestros Gabriel Segura Miranda, Gustavo Lara Zambrano y Yamil Sandoval.

* En 1994 al lado del maestro Rafael Pérez López representa a Colombia en el Segundo Encuentro Internacional de Decimeros en Medellín.
* Posteriormente al lado del maestro Gabriel Segura Miranda representa a Colombia en el Tercer Encuentro Internacional de Decimeros repentistas en la Universidad Ciego de Ávila en Cuba.

Reconocimientos por parte de la Alcaldía de Since, Embajada española por la preservación de la décima espinela.
*Como compositor de música folclórica fue ganador del Concurso de la Canción Inédita en Since, en el Festival Violinato.
* Ganador del Festival Nacional en la Canción Inédita con la cumbia "América India"
* Ganador del Concurso Nacional de la Cumbiamba en Cereté con la cumbia "Herencia India".
* Tercer puesto en el Concurso Rey de Reyes de la Canción Inédita en Since con la cumbia "Mi Ancestro Indio".

Hoy, mientras proyecta la publicación de su esperado libro "Entre un Canto Decimero", Carlos continúa laborando como docente de inglés en la Institución Educativa San Andrés, en Galeras. Allí lidera la escuela de tradición oral "Voces Inesanistas", usando obras de su autoría —como El sueño de un mariscal o su recorrido decimero por las subregiones de Sucre— como herramientas pedagógicas dentro del aula.

La mayor satisfacción para este maestro, que hoy recorre los festivales como jurado y panelista respetado, no son los trofeos que adornan su sala en Sincé. Su verdadero triunfo es saber que la cantera inagotable de su tierra sigue viva. Nombres como Dilson Hernández, Miguel Pérez, Juan Month, Libardo Pérez, Mario Bohórquez y Sebastián Casas —la nueva y brillante generación de decimeros sinceanos— declaran con orgullo que tuvieron como norte y referente a ese humilde servidor del Barrio La Bodega.

Fue una tarde de esas en que el Caribe no da tregua, cuando el sol de las sabanas parece derretir el asfalto y obliga a buscar el amparo de cualquier sombra amiga. Buscando sacarle el quite al calor sofocante, llegué hasta el cambuche de mi entrañable amigo, el cantautor Demetrio Muñoz, en pleno corazón del Barrio La Bodega. El lugar, un refugio humilde impregnado del aroma del café fresco y la madera reseca, albergaba esa tarde un encuentro fortuito: allí, sentado con la parsimonia de los hombres que miden el tiempo en versos, estaba Carlos Atencia Palencia.

Bastaron escasos veinte minutos de tertulia para que el aire pesado de la tarde se transformara en una atmósfera de absoluto encantamiento. En ese breve lapso, al calor de las palabras compartidas, logré dimensionar la estatura real de sus convicciones y el temperamento inquebrantable que gobierna su espíritu. Frente a mí no estaba simplemente un declamador laureado o un docente que cumple un horario; estaba un hombre habitado por una fe inamovible en su propia estirpe.

Aquel encuentro en el vivero de Demetrio me permite hoy testificar con absoluta firmeza que en Carlos Atencia no habita el afán mezquino de los reconocimientos efímeros, ni la urgencia del aplauso que se desvanece cuando se apagan las luces de la tarima. Por encima de cualquier corona festivalera, lo que verdaderamente sostiene su andar y enciende su genialidad es un amor visceral y un respeto sagrado por su tierra sinceana. Es ese cordón umbilical el que lo empuja a luchar sin tregua, el que actúa como el combustible secreto que lo motiva a parir poesía desde las entrañas y a moldear esas canciones costumbristas que rescatan del olvido las estampas de nuestro pueblo.

Mientras la tarde caía sobre La Bodega, quedó claro que su noble empeño es inmune al desaliento y ajeno a cualquier claudicación. Carlos Atencia camina con la certeza absoluta de quien sabe que pisa suelo santo, plenamente convencido de que San Luis de Sincé no es un pueblo cualquiera perdido en la geografía, sino un verdadero emporio de compositores y poetas, un manantial inagotable de talento donde la palabra siempre encuentra una garganta dispuesta a transformarla en inmortalidad.

Carlos Atencia Palencia, el hombre que le dio más espíritu que cuerpo a la palabra, mira hacia atrás y sabe que la espinela en la sabana tiene garantizada su eternidad.

Epílogo

Esta simbiosis entre la academia y la tarima popular sitúa a Carlos Atencia Palencia en una dimensión esquiva para el creador común: la del intelectual orgánico que no reniega de su origen, sino que lo codifica. Su formación como Licenciado en Español y Literatura, complementada con su especialización en Telemática y su dominio de una lengua extranjera, no operó en él como un factor de distanciamiento burgués o alienación cultural; por el contrario, dotó a su innata pulsión decimera de una rigurosidad arquitectónica. El maestro Atencia comprende que la décima  —esa estructura perfecta de diez versos octasílabos con su estricta rima consonante rítmica— es, en sí misma, una pieza de alta ingeniería verbal. Al mirarla a través del prisma de la filología y la pedagogía, transformó el repentismo sabanero, tradicionalmente visto como un rapto de genialidad empírica, en un hecho estético consciente, un diálogo vivo entre la herencia oral del Barrio La Bodega y las estructuras formales de la literatura universal.

De este modo, el arte decimero que pregona el maestro se convierte en una trinchera de resistencia cultural y en una propuesta metodológica revolucionaria. Al llevar la tradición oral al aula de clases mediante su escuela "Voces Inesanistas" y utilizar sus propios recorridos decimeros como cartografía didáctica, Atencia subvierte el orden pedagógico tradicional, demostrando que la identidad caribeña es un vehículo idóneo para el desarrollo del pensamiento crítico y la sensibilidad estética en las nuevas generaciones.

 

Alfonso Osorio Simahán

Sobre el autor

Alfonso Osorio Simahán

Alfonso Osorio Simahán

Memorias de Berrequeque

Abogado en ejercicio, profesión que alterna con la de gestor cultural. Folclorista a tiempo completo y compositor de aires autóctonos del Caribe.

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