Música y folclor

Grandes canciones vallenatas: “Fortuna y desdicha”

Eddie José Dániels García

14/09/2026 - 06:15

 

Grandes canciones vallenatas: “Fortuna y desdicha”
El paseo Fortuna y desdicha ocupa un lugar privilegiado en el elepé “Una voz y un acordeón”

 

“Ese disco era cuando Poncho Zuleta cantaba”, oí que expresó un transeúnte casual que pasó por el frente de mi residencia en el momento en que yo escuchaba “Fortuna y desdicha”, la célebre canción de Sergio Moya Molina, grabada por Poncho Zuleta y Colacho Mendoza en el elepé “Una voz y un acordeón”, publicado en abril de 1975. Atraído por la expresión, me arrimé al balcón para apreciar al personaje y vi cuando se detuvo unos pasos más adelante para escuchar la totalidad de la canción. Alcancé a ver el movimiento de los labios entonando la letra y también aprecié los ligeros movimientos de la cabeza siguiendo la hermosa melodía que arrobaba el ambiente musical. Y casi sucedía lo mismo con todas las personas que pasaron, justo, cuando sonaba “Fortuna y desdicha”. Algunas se detenían disimuladamente y otras caminaban más despacio, al compás de las notas de Colacho Mendoza, rogando, tal vez, que la canción no terminara nunca. Este es el mismo episodio que se repite cada vez que por curiosidad, o más bien por placer, me dedico escuchar las hermosas canciones grabadas por Poncho Zuleta y Jorge Oñate en los años setenta, los dos grandes cantantes que llenaron de orgullo al folclor vallenato.

Como caso curioso y, puede decirse, único en la historia de la música de la región Caribe, la década del setenta vio nacer los más grandes conjuntos o agrupaciones que colmaron de placer al mundo vallenato. Desde 1971, cuando comenzaron a grabar los Hermanos López con Jorge Oñate y los hermanos Zuleta: Emilianito y Poncho, la fanaticada vallenata tuvo el privilegio de oír, gozar, parrandear y bailar con las canciones más bellas que se han grabado en este género musical. Los nueve álbumes que, entre 1971 y 1975, grabaron los Hermanos López y los siete que grabaron los Hermanos Zuleta, guardan un repertorio de canciones que después de más de medio siglo siguen conservando la misma lozanía y hermosura de sus mejores años. Y para gloria del folclor, en 1975 se une a estos grandes conjuntos Colacho Mendoza, primero con Poncho, y luego con Jorge Oñate, quien, también, tuvo una unión fugaz de Emilianito Zuleta. Por esa misma época, los Hermanos López quisieron proyectar la voz del cantante Freddy Peralta, pero, tras haber grabado dos álbumes, los resultados no fueron halagüeños y la agrupación desapareció. Desde entonces los Hermanos López se mantuvieron al margen del ambiente musical.

El año 1976 también fue fructífero para el universo vallenato, el cual ve nacer otras grandes agrupaciones que hicieron historia y entraron por la puerta grande. Surgió el conjunto de Emilio Oviedo con Beto Zabaleta, quien, dos años más tarde, se une con Beto Villa y fundan el grupo “Los Betos”, que perduró por muchos años. También, a mediados de ese año, el acontecimiento musical estuvo a cargo del extraordinario conjunto “El Binomio de Oro”, formado por la agrupación del celebérrimo cantante Rafael Orozco y el consagrado acordeonista Israel Romero. Desde su nacimiento, este grupo musical, caracterizado por la disciplina y la elegancia, irradió una simpatía inmensa que lo respaldó hasta 1992, cuando se produjo el trágico asesinato del cantante. En 1977, la gloria de la música vallenata la encarna la aparición de Diomedes Díaz, considerado el mejor cantante por un inmenso sector de la fanaticada vallenata. Su agrupación inicial la hizo con el acordeonista Elberto López, y durante su trayectoria artística, que perduró hasta el 2012, alcanzó a grabar 33 álbumes, acompañado con los acordeones de Colacho Mendoza, Juancho Rois, Gonzalo “El Cocha” Molina, Iván Zuleta, Franco Arguelles, Álvaro López y otros, menos reconocidos.                 

La primera vez que escuché “Fortuna y desdicha” sentí un inmenso placer que me llenó de un profundo deleite emocional y me paralizó momentáneamente para apreciar la hermosa melodía que embrujaba la canción. Corría el año 1975, y me encontraba en Tunja cursando mis estudios de licenciatura en la muy renombrada universidad de esa ciudad. En esos tiempos, la música vallenata no había alcanzado a entronizarse ampliamente en el sentimiento colectivo del interior de la república, y apenas mostraba los primeros asomos de una simpatía popular que alcanzó, algunos años después, a extenderse por todo el país. Inclusive, en el sur de Colombia, donde los amores y las pasiones musicales estaban arraigados en los aires folclóricos autóctonos de esa región, muy pronto las canciones vallenatas comenzaron a escucharse y lograron cautivar los afectos musicales de las comunidades rurales y citadinas. En Tunja, por ejemplo, en esa época, la música vallenata arrancó con pie derecho y logró posicionarse en una escala de honor aplaudida por sus habitantes. Tal vez, influyó en ello la cantidad de estudiantes costeños, que se ubicaron en esta ciudad, atraídos por la facilidad para cursar sus estudios universitarios.

El paseo “Fortuna y desdicha” ocupa un lugar privilegiado en el relicario de canciones que figuraron en el elepé “Una voz y un acordeón”, titulado con esta metáfora para destacar la magistral unión de Poncho Zuleta, glorificado por el portento de su voz, y Colacho Mendoza, magnificado por el manejo del acordeón. En aquella época, cuando la tranquilidad reinaba en todo el país, la unión de estos dos personajes, aunque fue efímera, constituyó una dupleta estelar que penetró con entusiasmo en los gustos y sentimientos de la fanaticada vallenata, orientada siempre por el entusiasmo y el placer que producen las nuevas canciones, las cuales son evaluadas y catalogadas, apenas comienzan su difusión popular. Y, también, algo llamativo en esos tiempos, fueron los infinitos aplausos que recibieron todos los integrantes de la agrupación, respetados en los diferentes instrumentos que ejecutaban. Con mucho rigor se comentaban maravillas de Rodolfo Castilla en la caja, Adán Montero en la guacharaca, Rangel Torres en el bajo, Wilson Peña en la tumbadora, Rafael Zuleta en el cencerro y Ángel Fontanilla y Gabriel Chamorro en los coros. Fueron personajes que hicieron historia en los diferentes conjuntos de esos años.     

Como era obvio, “Fortuna y desdicha”, el bellísimo paseo de Sergio Moya Molina que iluminó el álbum “Una voz y un acordeón” del “Pulmón de oro” y del “Tronco de acordeón”, como eran llamados Poncho y Colacho en el ambiente musical, apareció acompañado de otras joyas clásicas que hoy son patrimonio inmaterial de la música vallenata. Entre ellas, figuraban “Promesas de amor” de Julio Oñate Martínez, “Herida de mi alma” de Mario Zuleta Díaz, “Invitación parrandera” de Enrique Pertuz, “Muero con mi arte” de Poncho Zuleta, “Quejas lastimeras” de Juvenal Daza, “Norfidia” de Calixto Ochoa, “Despertar de un acordeón” de Antonio Serrano Zúñiga, “Con la misma fuerza” de Emiliano Zuleta Baquero, “Recuerdos de mi pueblo” de Camilo Namén Rapalino y “El villanuevero” de Armando Zabaleta. Un fulgurante mosaico de excelentes canciones, autorías de reconocidos compositores, cuyos nombres quedaron tallados con letras de oro en las páginas del folclor, sobre todo, por la prolijidad de sus plumas en el arte de la composición musical. Unos compositores consagrados, que enardecían el entusiasmo de la fanaticada, la cual se solazaba y alcanzaba el clímax de la satisfacción escuchando las canciones.

No obstante, lo más atractivo de “Fortuna y desdicha” es el lirismo de su temática, la cual presenta dos momentos, podemos decir opuestos, vividos por cualquier hombre, relacionados con los sentimientos amorosos. “La fortuna” que disfruta un hombre cuando logra conquistar a una mujer de la que ha vivido enamorado, y “la desdicha” que lo maltrata cuando es despreciado por una mujer. En la primera parte, el autor utiliza la polisemia de la palabra “fortuna” para relacionarla con la felicidad que siente al conquistar a la mujer. La introducción, acompañada con las notas sensibles de Colacho, dice: “Que fortuna la del hombre enamorado / cuando vive apasionado de un amor correspondido. / Es dichoso entre amigos y parrandas, / tiene música en el alma y alegría en el corazón”. Un coro de dos versos repetidos en pares, anima la felicidad del autor: “Vive momentos de gran emoción / que no se pueden echar al olvido. / Vive momentos de gran emoción / que no se pueden echar al olvido”. Ahora, dos versos en pares, vocalizados por el cantante, complementan el coro: “Porque se quedan del alma prendidos / y el sentimiento se vuelve canción. / Porque se quedan del alma prendidos / y el sentimiento se vuelve canción”.

Tras un hermoso concierto de notas arrobadoras, que causan un profundo deleite emocional y producen una sensación cautivante, sigue la segunda estrofa, en la cual el autor expone los sufrimientos que padece un determinado personaje, cuando lo abandona una mujer de la que ha vivido tragado, como se dice en el lenguaje coloquial: “Que desdicha la del hombre enamorado, / cuando ha sido despreciado / de un amor que ha perseguido. / Siempre sueña una dicha que no alcanza, / abrigando una esperanza que ilumine su pasión”. Dos versos cantados en pares, a manera de coro, continúan exponiendo los sufrimientos del personaje despreciado: “Vive sufriendo una gran decepción, / todos sus sueños se quedan perdidos. / Vive sufriendo una gran decepción, / todos sus sueños se quedan perdidos”. Continúa el cantante, con dos versos en pares, que complementan el sentido y exponen las consecuencias que causan en el personaje, el desprecio o abandono de la mujer: “Se entrega al vicio buscando el olvido / y solo consigue aumentar su dolor. / Se entrega al vicio buscando el olvido / y solo consigue aumentar su dolor”.

La tercera estrofa está cantada en primera persona, lo que significa que se refiere al autor, quien presenta una reflexión sobre su comportamiento y lo que él hace cuando es víctima de algún quebranto amoroso: En ella hace alarde de la paciencia y la experiencia que le ha dado la vida a través de su recorrido personal. También, por supuesto, hace mención placer que siempre le ha brindado la composición: “Es por eso que yo vivo con paciencia / a través de la experiencia que la vida me ha enseñado. / Hago versos pa expresar mis sentimientos / sin dejar que el sufrimiento me lastime el corazón”. Nuevamente, dos versos pares cantados en coro, armonizan y complementan el argumento de la canción: “Y cuando llega una desilusión, / es preferible sufrirla callado. / Y cuando llega una desilusión, / es preferible sufrirla callado”. A continuación, entra el cantante con dos versos dobles, que expresan un complemento a manera de conclusión, el cual satisface plenamente el contenido de la composición: “A veces uno se siente inspirado / y el sentimiento se vuelve canción. / A veces uno se siente inspirado / y el sentimiento se vuelve canción”.

Cuando la agrupación de Poncho Zuleta y Colacho Mendoza grabaron el paseo “Fortuna y desdicha” en 1975, ya la estrella musical de Sergio Moya Molina era ampliamente admirada, respetada y valorada en la música vallenata. Su debut musical había sido dos años antes con el paseo “El contrabandista”, cantado por los hermanos López y Jorge Oñate en el álbum “El cantor de Fonseca”, publicado en 1973, y también lo habían laureado con las canciones “El compositor”, “Secretos del alma” y “Tu enamorado”, que figuraron en los elepés “Fuera de concurso”, “Rosa jardinera” y “Canto a mi tierra”, respectivamente, los tres últimos álbumes de los Hermanos López, lanzados entre 1974 y 1975. Asimismo, en 1974, los Hermanos Zuleta lo habían glorificado con el paseo “La celosa”, incluido en el álbum “Río crecido”, considerado por la plenaria vallenata como el mejor elepé de esta histórica y venerada agrupación. Años más tarde, “La celosa” fue grabada por Carlos Vives. Y como el excelente compositor que es, después de la aparición de “Fortuna y desdicha”, las creaciones musicales de Sergio Moya Molina siguieron iluminando los álbumes publicados por los Hermanos Zuleta y Jorge Oñate con Colacho Mendoza. Sin embargo, considero que, después de haber transcurrido varias décadas desde su aparición, el paseo “Fortuna y desdicha”, es la canción más escuchada y más representativa de este renombrado y muy querido compositor vallenato.

 

Eddie José Daniels García

Sobre el autor

Eddie José Dániels García

Eddie José Dániels García

Reflejos cotidianos

Eddie José Daniels García, Talaigua, Bolívar. Licenciado en Español y Literatura, UPTC, Tunja, Docente del Simón Araújo, Sincelejo y Catedrático, ensayista e Investigador universitario. Cultiva y ejerce pedagogía en la poesía clásica española, la historia de Colombia y regional, la pureza del lenguaje; es columnista, prologuista, conferencista y habitual líder en debates y charlas didácticas sobre la Literatura en la prensa, revistas y encuentros literarios y culturales en toda la Costa del caribe colombiano. Los escritos de Dániels García llaman la atención por la abundancia de hechos y apuntes históricos, políticos y literarios que plantea, sin complejidades innecesarias en su lenguaje claro y didáctico bien reconocido por la crítica estilística costeña, por su esencialidad en la acción y en la descripción de una humanidad y ambiente que destaca la propia vida regional.

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