Música y folclor
¿Quién fue el padre del acordeón en la música comercial del Caribe colombiano?

"La historia no se construye con repeticiones: se sostiene sobre las huellas que dejan los documentos" (Ramiro Álvarez Mercado)
Hoy quiero detenerme a presentar, con la seriedad y el respeto que merece el trabajo comprometido con nuestra memoria cultural, un nuevo aporte investigativo que nos regala el doctor Ángel Massiris Cabeza. Me refiero a su más reciente estudio titulado: “El “Padre del acordeón” en la música comercial de Caribe colombiano: de primacía construida a paternidad abierta”.
No estamos ante un escrito más sobre música. Estamos frente a una investigación de largo aliento, donde el autor, con rigor académico y con pruebas en la mano, se atreve a examinar uno de los temas más sensibles, debatidos y a veces más mitificados de nuestra historia musical: ¿a quién le corresponde realmente la primacía y la paternidad de la música de acordeón comercial del Caribe colombiano?
El doctor Massiris no habla desde la especulación. Habla desde la evidencia documental, discográfica e historiográfica. Y es ahí donde radica el valor fundamental de este aporte.
La música del Caribe colombiano ha sido construida por voces, acordeones, compositores e investigadores que se han negado a dejar que el tiempo borre las huellas de quienes forjaron nuestra identidad. Con la paciencia del investigador y el compromiso de quien entiende que la cultura también se preserva en los archivos, Massiris reúne materiales que permiten revisar, contrastar y enriquecer muchas ideas que durante décadas fueron aceptadas como verdades definitivas.
Entre las evidencias que sustentan su análisis, el lector encontrará joyas que hasta ahora eran desconocidas para el gran público: marbetes y audios inéditos de Abel Antonio Villa y de José Miguel Cuesta con el Conjunto Alacrán; registros autorales de grabaciones de Guillermo Buitrago con Alejandro Barros realizadas en Argentina; documentos historiográficos inéditos de Foto Velasco y del sello Odeón de Argentina y Chile, entre otros aportes que dan sólido soporte a sus conclusiones.
Uno de los mayores méritos de este trabajo consiste en invitarnos a repensar lo que creíamos saber, a dejar a un lado la historia contada de oídas y a acercarnos a la historia comprobada con fuentes. Porque la memoria cultural no se honra cuando se inmoviliza; se honra cuando se investiga, se confronta y se enriquece con nuevos hallazgos.
Como amante de la cultura y la música Caribe colombiano, celebro este tipo de esfuerzos. Un pueblo que no revisa su pasado con honestidad corre el riesgo de convertir las leyendas en certezas y las repeticiones en historia.
En tiempos donde abundan las opiniones rápidas y las conclusiones apresuradas, resulta reconfortante encontrar investigaciones que apuestan por la profundidad, el rigor académico y la búsqueda responsable de la verdad histórica. Este nuevo aporte del doctor Ángel Massiris Cabeza constituye una lectura obligada para investigadores, músicos, gestores culturales, melómanos y para todos aquellos que sienten pasión por las raíces de nuestra música.
Por ello, extiendo la invitación a leer, comentar y divulgar este importante estudio. Más allá de las conclusiones a las que llegue cada lector, la investigación aporta elementos fundamentales para seguir construyendo una comprensión más amplia y documentada de nuestro patrimonio musical.
Hay una vieja lección que nos deja la investigación cultural: la historia de la música no pertenece a quien más la repite, sino a quien tiene el valor de buscarla entre los documentos que el tiempo dejó dispersos.
Felicitaciones, doctor Ángel Massiris Cabeza, por seguir alumbrando con investigación seria y rigurosa los caminos de la memoria musical del Caribe colombiano. Pueden leerlo el texto completo aquí.
Ramiro Elías Álvarez Mercado






