Música y folclor
La Profecía: la canción que anunció la llegada del desierto de La Guajira al Valle del Cesar

“¡Alerta, Alerta, vallenato! Mira que ahí viene La Guajira, lo comentaba Pedro Castro que el gran desierto se avecina”, cantó el compositor Julio Oñate Martínez en la plaza Alfonso López, de Valledupar, denunciando lo que sucedería tras la destrucción del bosque ubicado en el Valle del Cesar, conocido como el Pajón de Cuestecita o Cordón de Cuestecita. Allí crecían árboles de carreto, cedro, dividivi y guayacán, que constituían una barrera natural contra la brisa del noroeste. Esa brisa que sopla desde el desierto de La Guajira con fuerza de huracán dejando huellas de desolación en Valledupar.
Julio Oñate recuerda que compuso La profecía en 1976 y la cantó un año después en el concurso de canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata, acompañado por el acordeonero Ciro Meza. Entre los finalistas estuvieron los compositores Hernando Marín con La Plegaria del campesino, que cantó a capela, y Santander Durán Escalona, con Ausencia.
Cuando el jurado anunció que La profecía ocupaba el primer puesto, Julio Oñate declaró que donaría los treinta mil pesos del premio a la Casa del Abuelo. La respuesta de Santander Durán fue la de felicitar a Julio, mientras que Hernando Marín, segundo en la clasificación, molesto por el resultado, arremetió contra el jurado: les devolvió el cheque del premio y lanzó una frase grosera, lo que le costó ser vetado por la organización del festival por varios años.
Además, durante años, no volvió a dirigirle la palabra a Julio Oñate. Solo lo hizo en una parranda en casa de los hermanos Dangond, en Ciénaga. Pero esa amistad se renovó de tal manera que Oñate es el padrino de una de las hijas de Marín.
Tiempo después, uno de los jurados sostuvo que Ausencia, la composición de Santander Durán, tenía todos los méritos para ocupar el segundo lugar, por encima de la compuesta por Marín. De hecho, la canción de este último no trascendió, mientras que La Profecía y Ausencia se convirtieron en éxitos musicales.
De su participación, Julio recuerda que, pese a que la canción es una denuncia del deterioro del medio ambiente, una estrofa hizo la conexión con el mundo musical vallenato:
Cuando ya el Valle sea un gran arenal
Lleno de tunas y grandes cardones
Solo se escucharán los acordeones
Porque la música será inmortal
Solo se escucharán los acordeones
Porque la música será inmortal.
Los años setenta, década en que fue compuesta La profecía, fueron también los del impulso de principios normativos para la protección del medio ambiente en Colombia. Influenciaron la Declaración de Estocolmo, de 1972; la ley 23, de 1973, que sentó las bases para la regulación, control y recuperación de recursos naturales; y el Decreto-Ley 2811 de 1974, o Código Nacional de Recursos Naturales Renovables y de Protección al Medio Ambiente. Fue en esta década cuando se fortaleció el Inderena y se crearon numerosas áreas protegidas que consolidaron el Sistema de Parques Nacionales Naturales.
Pero La profecía es, sobre todo, producto de la conciencia ecológica de su autor, un ingeniero agrónomo que trabajaba vendiendo productos agrícolas:
“Yo trabajaba con una multinacional. Vendía matamalezas para potreros, insecticidas, en fin. Otra compañía comercializaba un herbicida que impedía que floreciera la maleza y solo dejaba crecer la planta noble, el algodón. Para que esos herbicidas dieran buenos resultados, había que darle una labranza excesiva al suelo. Normalmente, sin ellos, el agricultor hacía una arada, dos rastrilladas y se trabajaba. Esta gente les inculcó a los algodoneros que debían ser cuatro rastrilladas para que el producto trabajara mejor.
Eso pulverizó el suelo y destruyó prácticamente la capa vegetal, y, en ese momento, no se detectó lo que podemos ver ahora en los alrededores del Valle. Hoy se ve la diferencia: donde no se sembró algodón, la vegetación es exuberante; donde sí lo hicieron, el terreno está empobrecido, apenas sale una paja y unos cuantos arbustos, por el efecto residual en el suelo.
A esa destrucción se sumó la tala irresponsable del bosque que ecológicamente limitaba el Valle del Cesar con La Guajira, en la zona de Cuestecita, al pie de monte. Desde entonces, la vegetación desértica, empujada por la brisa del noroeste, llega sin obstáculo y arrastra las semillas.
Eso, junto a las nubes de arena caliente que se levantaba cuando no había lluvia y estaban preparando el terreno para cultivar algodón, la baja de los precios internacionales y la resistencia de las plagas a los insecticidas, terminó por acabar con el cultivo del algodón.”
Julio no olvida que, en su profecía, también está la visión sobre el tema de Pedro Castro Monsalvo, quien en una tertulia afirmó que algún día La Guajira se metería en el Valle del Cesar.
Y entonces, el pasto verde que hay en tu región
será cambiado por tuna y cardón
y el verde intenso de tu algodonal
no será visto allá en Valledupar
y el verde intenso de tu algodonal
no será visto allá en Valledupar.
Los años setenta fueron los de la influencia de la Revolución cubana que avivó la lucha por la tierra en Latinoamérica, también la de la contrarreforma a la reforma agraria iniciada por Carlos Lleras Restrepo. Fue la década de las canciones vallenatas alegóricas a los campesinos, a su vida y a su lucha por la tierra. Fue cuando fueron grabados temas como: Campesino, de Poncho Zuleta (interpretada por Los Hermanos López); El Hachero, de Nicolás Maestre (ganadora de canción inédita en 1972); Protesta Campesina, cantada por Gilberto Torres; Soy campesino y Hombres de hacha y machete, de Máximo Jiménez; El Marginado, de Freddy Molina, incluida en una producción de Freddy Peralta y Poncho López.
También fue la década de las canciones paisajistas y de los cantos a la naturaleza, como Río Badillo, ganador del concurso de la canción inédita del Festival de la Leyenda Vallenata. Como Confidente y buena, de Adriano Salas, en la que el compositor le pregunta a Caño Lindo ¿qué le sucedió?, ¿dónde está el panorama de sus llanos? Lo hace afirmando que Julio Sierra le destruyó su linda ribera y que el bello paisaje desapareció.
Para entonces, el Festival de la Leyenda Vallenata ejercía una influencia decisiva en la música vallenata: las canciones que ganaban el concurso de canción inédita se convertían con frecuencia en éxitos comerciales. Ese prestigio del certamen contribuyó, entre otros factores, a que Los Hermanos Zuleta grabaran esta composición de Julio Oñate, la primera del vallenato dedicada a denunciar un problema ambiental, sin importar los resultados económicos que pudieran generarse por la inclusión de un tema del que puede indicarse que no es comercial. Sin embargo, La Profecía sigue siendo el referente ambiental de este género musical.
Hoy, cuando el debate ambiental se ha convertido en una prioridad política mundial —especialmente por la crisis del cambio climático—, una canción como la de Julio Oñate resulta casi imposible que encuentre un espacio para ser grabada en el vallenato actual, dominado por la excesiva comercialización, la liviandad y el canto al despecho.
Álvaro Rojano Osorio






