Música y folclor

Roberto Roena, el auténtico showman de la salsa

Nicolás Fernando Ceballos Galvis

08/10/2026 - 03:45

 

Roberto Roena, el auténtico showman de la salsa
Roberto Roena fue, ante todo, un bailarín: El Gran Bailarín, como se le conoció a lo a lo largo de su extensa carrera artística / Foto: créditos a su autor

 

De Mayagüez a Santurce (Puerto Rico) se circunscribe una distancia aproximada entre 148 a 188 kilómetros. ¡Vaya! Lo que quiere decir que en semejanza de los títulos vallenatos Camino largo o Un camino lejano sensacionalmente cantados por Diomedes y Jean Carlos, puede imaginarse que, pese a los prototipos de locomoción del siglo pasado, __por qué no a manera del simbólico El Carretero de Guillermo Portabales cuando hizo alarde de su “…A caballo vamos pa’l monte…”__, esa fue la rúa que tomó la familia Roena Vásquez para asentarse del todo en el para entonces histórico y primer pueblo de Puerto Rico, San Mateo de Cangrejos, hoy barrio-distrito y municipio de Santurce ubicado en inmediaciones de Mi viejo San Juan, en referencia a la canción del compositor boricua, Noel Estrada, donde el niño prodigio, Roberto, y su hermano Cuqui continuaron con sus puestas en escena en demonstración de sus sendos talentos para el baile.

Roberto Roena Vásquez (Mayagüez (Puerto Rico), 16 ene., 1940) antes de ser percusionista, bongosero y director de orquesta, fue, ante todo, un bailarín. El Gran Bailarín como se le conoció a lo a lo largo de su extensa carrera artística. Y de los buenos, según la historia y los registros videográficos que datan de esa época de oro junto a la Fania All Stars y su Apollo Sound.

En suma, usando ese típico argot popular colombiano, el hombre fue todo un maestro para azotar baldosa.

Lo que nos llevaría a preguntarnos, sin problemas ni exabruptos de por medio, ¿cuál de los dos ha sido el mejor bailarín del mundo: Roberto Roena o Michael Jackson?

Tarea para las generaciones que, a plenitud, sí los vieron y disfrutaron en escena, no obstante, fue en el barrio Dulces Labios de su natal Mayagüez que, desde muy chico, comenzó a dar muestras de sus dotes en esas cuestiones del baile montando rutinas de este arte, con su hermano Cuqui, a lo largo y ancho de La Sultana del Oeste como se le conoce a dicho municipio puertorriqueño.

Además, una vez radicado con su familia en Santurce, continuó puliendo sus rutinas, a ritmo de mambo y chachachá, deleitando a los públicos que concurrían a ciertos concursos de talento en los que participaba y en el que tuvo oportunidad de hacerse con un primer contrato televisivo para presentarse semanalmente en el programa La Taberna India del Canal Dos.

Pero su experticia en el baile la combinó con una forma única de hacer música y apostarle a nuevos sonidos que pegaron con fuerza en una Latinoamérica de los cincuenta que ya conocía del bolero y de la salsa gracias a, por nombrar unos cuantos grupos de renombre, la Sonora Matancera, el Sexteto de Joe Cuba y Cortijo y su Combo.

Experimentador de varios instrumentos como el cencerro, la conga, la percusión y el bongó lo que, incluso, también llevó a llamársele El Rey del Bongó, se considera la figura musical de Rafael Cortijo, fundador de Cortijo y su Combo, como su primer maestro y descubridor, quien le otorgó la oportunidad de servir en su orquesta, por espacio de siete años, entre 1956 a 1962, en calidad de bongosero, experto en el cencerro y, de paso, para que exhibiera buena parte de su aptitud en el baile.

Roena, a la postre, compañero del entonces afamado Brujo de Borinquen o Sonero Mayor, Ismael Miranda, por demás, voz líder de Cortijo y su Combo, fue partícipe de la creación de lo que fueron las producciones musicales Encores de Cortijo (Tropical, 1956); Baile con Cortijo y su Combo e Invites You To Dance (producidos en 1958 por la antigua Seeco); las avaladas por la discográfica Gema Cortijo en New York y Quítate de la vía, Perico (1959); Fiesta Boricua y ¿Bueno, y qué…? (1960); Danger (1962) y los especiales Cantan Ismael Rivera y otros (Seeco, 1959), One Night in Puerto Rico (Bronjo, 1961) y Lo último y lo mejor (Gema, 1963).

Después de su paso por Cortijo, tocó por unos cuantos meses para la Orquesta de Mario Ruiz y Los Mulatos del Sabor hasta arribar en 1962 al Gran Combo de Puerto Rico.

Allí estuvo por lapso de siete años (1962 a 1969) con dos novedades: sus primeros pasos para llevar a cabo su propia iniciativa para conformar el conjunto Roberto Roena y sus Megatones bajo el lanzamiento de la propuesta Se pone bueno (It Gets Better) avalada por Alegre Records en 1966 a modo de jazz-latin con algo de guaguancó; descarga; chachachá; bolero; mambo; guajira y guaracha más la puesta en marcha de lanzarse al ruedo como director en propiedad de su recordada invención, La Apollo Sound, surgida en 1969.

Así, con El Gran Combo que, durante su estadía en esta agrupación, compartió escenarios y estudios de grabación con los cantantes principales Chiqui Rivera, Joseíto Mateo, Pellín Rodríguez y Andy Montañez, de igual manera sus capacidades en el cencerro y el bongó tuvieron espacio al interior de los proyectos discográficos avalados por Gema Producciones Menéame los mangos (1962); El Gran Combo de siempre y Acángana (1963); Ojos chinos – Jala Jala (1964); El caballo pelotero (1965); En navidad y El swing del Gran Combo (1966); los lanzados en 1967 Boogaloos con El Gran Combo; ¿Tu querías boogaloo? ¡Toma boogaloo!; Fiesta con El Gran Combo; Maldito callo; Pata-Pata Jala-Jala, boogaloo y Boleros románticos con El Gran Combo y una tanda adicional de interesantes cancioneros surgidos en los años 68 y 69 como fueron Latin power; Tangos; Los nenes psicodélicos; Esos ojitos negros; ¡Este sí que es El Gran Combo! y Smile, It’s El Gran Combo.

 

Roberto Roena y su Apollo Sound

Fue a partir de 1970 que la salsa tuvo una transformación sumamente especial, en parte, gracias a las invenciones que aportaron a favor del género el denominado para la era Roberto Roena y su Apollo Sound con un toque de funk / soul y bomba (en las voces de Dino Gay, Frankie Calderón y Piro Mantilla) y que, para tal lustro, agregó a su primer título promocionado por la Fania International las letras de Catalino Tite Curet Alonso Tu loco, loco y yo tranquilo y El barrio sin guapo acompañadas de la clásica de Bobby Capó Soñando con Puerto Rico.

Misma casa disquera que apoyó el Roberto Roena y su Apollo Sound 2 (1970) que incluyó en su listado de pistas las obras de Tite Chotorro y Yo soy candelón mientras que la International Records (desde el año 72 al 77) produjo las demás propuestas de la naciente Apollo Sound.

Por ejemplo, en la quinta propuesta del 73, la cual contó con las voces de Sammy González y Tito Cruz, encontramos la Oriza eh de Jr. Cepeda, pero fue a través del disco Lucky 7 (1976) que se enmarcó uno de los tantos himnos esenciales que reposa en el largo repertorio de la salsa conocido como Mi desengaño: una bellísima pieza, obra de Julio Merced y Pucho Soufront, que, en ese tiempo, se encargó de exteriorizar el cantante Papo Sánchez.

Aún más: en la propuesta No. 9 del año 77, __netamente salsera con estilos de bomba y bossa-nova incluidos__, en las voces de Papo, Tito y Mario Cora, se registran las afamadas canciones entregadas por Tite Marejada feliz (versionada por este al español) y Que me lo den en vida.

Para el álbum El progreso (International, 1978) cantado por Tito y Carlos Santos, se versionó al español las letras de Erasmo y Roberto Carlos El progreso y Necesito llamar tu atención, pese a que la magia de Tite en la composición no pasó por desapercibida: sus temas Lamento de Concepción y Guaguancó del adiós son el bastión de un álbum que aún mantiene vigencia en la biblioteca de la salsa convencional.

La vigencia de la Apollo se mantuvo firme hasta la década de los años noventa con la publicación de los discos El pueblo pide que te toque (FM, 1995) y, por parte de la Musical Productions, el En Vivo desde Bellas Artes (1995) y Mi música mil noveciento y siete (1996) que trae consigo el famoso solo de salsa romántica Como te hago entender (Pedro Azael) interpretada por el ya fenecido artista boricua Héctor Tempo Alomar.

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Si bien es cierto que se conoce de la existencia de un Super Apollo 47:50 que, lanzado por la Fania Records en el año 82, cuenta con la participación especial del afamado cantautor, Adalberto Santiago, el de La noche más linda del mundo, o de un Charanga Callejera (Gema, 1984) en el que Roena participó tocando las congas, resulta importante subrayar que El Gran Bailarín o El Rey del Bongó hizo parte de la imperiosa Fania All Stars haciendo sus veces de bongosero y showman principal, y que, en palabras de la misma Fania Records que vi por ahí, “…recordado por sus electrizantes solos de percusión y sus pases de baile que enloquecían al público…”.

Entre las ediciones en vivo más icónicas de aquella All Stars participó en Live At The Cheetah (1 y 2) (1971), Live At Yankee Stadium (1973), Live in Africa (1974) y marcó huella en los discos de estudio destacados Tribute To Tito Rodríguez (1976), Rhythm Machine (1977) y Latin Connection del año 1981 recordado por las canciones Semilla de amor en la voz del Jibarito de Ponce, Héctor Lavoe, y El caminante de Ismael Miranda.

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Por ser un autodidacta, eso no le fue impedimento para sacar a flote su don en el baile; su interés por los ritmos de la salsa; su experimento en el cencerro, la conga, la percusión y el bongó; salir avante con una Apollo Sound en pleno auge y dejarnos como legado un Mi desengaño; un Marejada feliz; un Guaguancó del adiós; un Como te hago entender y un Que me lo den en vida, sin duda, las 5 mejores canciones que Roena haya podido hacer realidad durante su fastuosa vida musical.

Que el cielo continúe alegrándose con los sonidos del bongó y que los ángeles le cojan el paso a El Gran Bailarín.

In memoriam de Roberto Roena Vásquez (Mayagüez (Puerto Rico), 16 ene., 1940; Carolina (Puerto Rico), 23 sep., 2021).

P.D: Ya que he dedicado este espacio a Roena y su música, le recomiendo a los melómanos de Panorama Cultural la playlist que ha venido consolidando con sumo esfuerzo el interesantísimo canal de YouTube, Audiófilos de Colombia, en recuperación de miles de archivos de audio que, prácticamente, son un tesoro. Revísenla. Les aseguro que se sorprenderán.

 

Nicolás Fernando Ceballos Galvis

Sobre el autor

Nicolás Fernando Ceballos Galvis

Nicolás Fernando Ceballos Galvis

Comunicación sin fronteras

Comunicador social y redactor web con más de 7 años de experiencia en la creación de contenidos periodísticos, especializado en crónica, análisis y narrativa digital.

Columnista activo en el blog periodístico independiente, Comunicación Sin Fronteras, y en PanoramaCultural.com.co, el periódico cultural de la costa Caribe de Colombia, con artículos destacados desde su arribo, en 2024, a este medio de comunicación alternativo de alcance regional y nacional.

Ganador del primer puesto en el concurso de crónica corta “La realidad de nuestro territorio a través de tus ojos”, promovido, en 2022, por la Secretaría de Mujer y Juventud de Funza (Cundinamarca) al postular el texto de su autoría, “Diario de ‘Villa Imperial’”, y acreditado, desde 2025, en el Registro Único Nacional de Agentes Culturales – Soy Cultura del Ministerio de las Culturas.

Posee una sólida capacidad de investigación, redacción clara y enfoque editorial, orientado a la producción de contenidos de alto impacto informativo y cultural.

 

@NicolasFCG1

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