Música y folclor
Piero siempre vivió con su corazón unido a ese querido viejo

Todo sucedió en Fonseca, La Guajira, el 15 de enero de 2020 cuando Piero Antonio Franco de Benedictis, realizó una presentación musical y antes accedió a dialogar sobre diversos aspectos haciendo énfasis en la canción ‘Mi viejo’, que lo catapultó en toda Latinoamérica, la cual grabó en el año 1969, cuya letra pertenece al poeta y periodista José Tcherkaski.
Piero se emocionó relatando la historia porque pintaba de pies a cabeza a su padre Lino de Benedictis, y no le fue difícil adaptarle la música. Era el espacio donde giraba aquel viejo que andaba solo y esperando. El mismo que tenía la tristeza larga de tanto venir andando.
“Me fui volando a la casa para cantársela a mi papá, quien no era viejo sino joven porque tenía 48 años. Al interpretarla y levantar la mirada lo observé llorando, y me hizo llorar a mí. Me apareció un nudo en la garganta. Eso fue como un parto”
Contar ese episodio volvió a producirle nuevas lágrimas de las tantas que se pasearon por su rostro. “Cuando terminé de cantarla, esperé para escuchar su reacción. ¿Vamos a ver qué dice? Ninguno de los dos estábamos preparados para ese momento. Se paró, caminó y se volvió a sentar”.
Al mostrar interés por que Piero siguiera contando su historia, preguntó. ¿Cómo me haces recordar ese instante? Piero elevó su pensamiento nuevamente al ayer, y expresó. “Él, me miró fijo y me dijo, “La que camina lerda es la puta que te parió”. Me quedé sin palabras, pero sabía que le había gustado, como más adelante me lo señaló”.
Ante la acogida de la canción a nivel mundial, Piero anotó: “Nunca termino de sorprenderme de la fuerza de esa canción que tiene algo colonial, porque a todos nos pasó algo con el viejo, y ha sido un placer muy grande tener la conexión con millones de personas, que nos hace ser una sola familia”.
Cuando menos se esperaba, Piero tomó su guitarra y ante pocas personas cantó la canción que también se conoce como ‘Mi querido viejo’. Naturalmente, en la letra unida a la melodía, se encierra el retrato de la vejez, la fragilidad y ternura fijada en esa mudanza lenta de la vida que especialmente se nota en las arrugas y las canas.
Piero sorprendido
Después de que Piero cantara ese tema que sacude el sentimiento, se le dejó escuchar la canción vallenata en aire de merengue ‘Mi gran amigo’, dedicada a un padre recién fallecido, con el atenuante que el compositor en medio del dolor decía: “¿Si Piero le hizo una canción a su viejo querido, yo por qué no le puedo hacer una al mío?”.
Piero escuchó detenidamente la canción de Camilo Namén Rapalino, y antes de concluir los versos dejó escapar varias lágrimas, y dijo: “Esas son las canciones que salen del alma ante un dolor cercano, y que son muy difíciles de hacer, pero cuando uno está comprometido con el sentimiento se facilitan. En la canción se nota que era un súper hombre, muy bien dicho, un gran amigo, un amigo fiel que se jugaba bonito con su hijo”.
Hizo una pequeña parada en su relato y continuó teniendo como referentes a las figuras de esos dos padres. “Puedo decir que un padre está representado en un montón de gestos, de actitudes, de historias de vida, y los hijos se van metiendo en ellas para bien”.
Al encontrar a Camilo Namén, no podía creer que Piero había escuchado su canto, después de tenerlo a él como referente para irse a buscar en el fondo de su corazón la música y la letra precisa. Volvió a dar un repaso por esa canción que la compuso cuando contaba con 26 años. Para él, es el canto del dolor, de la añoranza, de las lágrimas inagotables y del amor hacía un padre que partió hacia la eternidad. Es un merengue con un amigo fiel sentado en el pentagrama del sentimiento donde se marca la más grande nota triste.
Todo sucedió el lunes 19 de enero de 1970, cuando su padre Felipe Namén Fraija contaba con 54 años. Era hijo de Félix Namén e Ignacia Fraija, y se había casado con Concepción ‘Concha’ Rapalino, nacida en El Paso, Cesar, a quien conoció través de su abuela Dolores Rapalino. Ellos tuvieron ocho hijos: Camilo, María, Ignacia, Sandra, Ismael, Felipe, Jesús y Melquisedec.
“Esas vivencias con mi papá dieron para hacer esa canción grabada en 1972 por los Hermanos López, cantada magistralmente por Jorge Oñate”. Calla y sus recuerdos regresan a hilvanar esa narración. “La generosidad de mi padre era inmensa, un hombre integral, y por eso el homenaje cantado que todavía me conmueve el alma, y no solamente a mí, sino a miles de hijos”.
En ese instante no podía escapar a esa remembranza. “Comencé a silbar y la melodía me salió bonita. Enseguida, vino la letra donde lo definí completamente, porque al verlo metido en el féretro me causó más un dolor”.
Se agarra nuevamente de aquel momento triste de su vida y señala: “Cuando se cumplieron las nueve noches de su muerte, después del rezo, y antes de levantar la tumba, canté por primera vez la canción. “Tan bueno y tan noble como era mi padre, pero la muerte infame me lo arrebató. Mi padre fue mi gran amigo, mi padre fue mi amigo fiel. Mi padre se jugaba conmigo y yo me jugaba con él”.
Camilo Namén no aguantó la presión de aquella historia pegada a su corazón. “No sé cómo hice para cantarla, pero las lágrimas fueron colectivas. En ese momento supe que mi viejo sería eterno y no me equivoqué”.
Al despedirse de la vida, quedaron los recuerdos de Piero firmes en el alma, el silencio en el alma, su huella marcada por el tiempo y ese viejo querido al que nunca le pasaran los años, sino que se reflejaban en un canto eterno.
Juan Rincón Vanegas






