Música y folclor
Hace 32 años, con el libro "Lexicón del Valle de Upar", resucitó el lenguaje popular vallenato

25 años después de su partida, el Ministerio de Cultura y el Instituto Caro y Cuervo exaltaron la memoria de Consuelo Araújo Noguera e hicieron la presentación reimpresa del libro Lexicón del Valle de Upar: voces, modismos, giros, interjecciones, locuciones, dichos, refranes y coplas del habla popular vallenata.
En este sentido la ministra de Cultura y Patrimonio, Paola Holguín, destacó el valor de la obra como herramienta para preservar la memoria. “Hay libros que se escriben para dejar constancia de un conocimiento; otros, para salvar del olvido fragmentos de la vida, y unos, muy pocos, que consiguen hacer ambas cosas al mismo tiempo. El Lexicón del Valle de Upar, pertenece por derecho propio, a esta última categoría. No se trata meramente de reeditar un texto, sino de abrir de nuevo una puerta hacia una región, hacia una memoria colectiva y, sobre todo, hacia una manera singular de nombrar el mundo”.
El libro de Consuelo Araújo se publicó en el año 1994 por el Instituto Caro y Cuervo, recogiendo el léxico de la región vallenata, entendiéndose como tal esa inmensa zona tanto geográfica como espiritual que arranca en la baja Guajira y se adentra en buena parte del viejo Magdalena Grande.
Al respecto ‘La Cacica’ en aquella ocasión, anotó: “Aquí nació y se mantiene un léxico particular que, al expresarse oralmente, canta con un dejo melodioso la sonoridad y riqueza de su contenido. Es la búsqueda y rescate de ese vocabulario y del cómo y el por qué se conserva pese a la cada vez más notable influencia extranjera sobre el castellano, logramos hacer las apuntaciones que dan origen a este trabajo. Algunas de las voces que hemos recogido son de auténtica estirpe castiza que olvidadas en su mayoría por el habla culta o transformadas por el pueblo a través de una peculiar forma de pronunciarlas, fueron adquiriendo al paso de los años, sus propios timbres, ortografía y significado”.
Este trabajo de varios años la llevó a distintos lugares donde pudo recoger la mayor información y contó con el apoyo de reconocidas personas expertas en la materia como Sara Daza de Acuña, Ruth Ariza Cotes, Jaime Sarmiento, Fabio Hinojosa Daza y Carlos Guevara. También, ella destacó el aporte de su hijo Hernando Molina Araújo. “Ayudante entusiasta y solidario compañero durante el tiempo de la búsqueda y el curucuteo”.
Palabras en el olvido
Darse un paseo por las páginas del libro es un encuentro con palabras escondidas en el baúl de las expresiones y que pocos tienen la “sutileza” de emplearlas para rendirle homenaje a esas personas que fueron prácticas al hablar.
En la búsqueda y rescate de ese vocabulario popular, se encontraron muchas palabras entre las que se cuentan y tienen un sinigual significado, cuyo invento se debe a los habitantes de esta amplia región, teniendo como epicentro el Valle de Upar.
El desfile de palabras es tan largo que hacen posible que el idioma español sonría ante la sapiencia de aquellas personas que, sin quererlo, se dieron a la tarea de decirlas para entenderse y regalarlas hasta llegar al célebre libro.
Intentando escoger algunas palabras con autenticidad natural aparecen. Trenquipe, Faracateo, Arrequiñe, Juriminga, Flequetear, Tucutaca, Afuerano, Aguadija, Ajilar, Ajocho, Añangotarse, Arrequiñe, Atipuzar, Bajará, Bambolla, Batuqueo, Bolloban, Cacharetiar, Cafuco, Cambanba, Cañeña, Carrandanga, Comistrajo, Corota, Escotera, Cositero, Curcusir, Currican, Chirimbolo, Chóroco, Chumbulún, Chungo, Enjarminar, Enjoscarse, Enverijamiento, Eschalandrá, Escaralá, Esculichá, Engañitarse, Esguajaritar, Esguañeñar, Estrilar, Fagarnia, Fatarsioso, Farto, Forasquín y Gafio.
Siguen en el listado: Guacha, Guamacha, Guasabara, Guimba, Gurupera, Huésperes, iguaraya, Imbombo, Jaiba, Jardiar, Jirimiqueo, Jobero, Jopeo, Julepe, Macoquiar, Mampolón, Matúa, Mejengue, Mitaca, Mojoso, Molunga, Muermo, Murmujeo, Ninguneo, Ñiscla, Ñomácaro, Ñoco, Ópale, Palguarata, Papindó, Paranplan, Perano, Pinducho, Pingarria, Pipiolo, Pirulero, Pleque-pleque, Porrocotón, Rebiata, Relancina, Retobo, Revensino, Salcochar, Saranbeco, Sindiguire, Supungufio, Talabartan, Taparo, Taranto, Tiña, Tirabeque, Tiria, Tolete, Topetear, Tremolé, Trenquipe, Trupillal, Turupe, Vaqueta, Viaraza, Zabaliar, Zulimba, Zundungo y ¡tantas más!,
En aquella ocasión al indagarle a ‘La Cacica’ sobre la palabra que más le gustaba en su libro “Lexicón del Valle de Upar”, respondió “Embeleco”, y continuó diciendo: “El Festival de la Leyenda Vallenata fue mi embeleco y vea donde vá. Claro, que le siguen muy de cerca Fundingue y Carrandanga”.
Palabra derrotista
En el Lexicón del Valle de Upar, no aparece la palabra “Hubiera”, porque para Consuelo Araújo Noguera, era la más derrotista del mundo. Así lo definía: “La palabra que más detesto del castellano es Hubiera, porque es derrotista, triste y no debiera existir”. Muy cierto, porque habla de situaciones hipotéticas del pasado, que no pueden cambiarse.
Al final este ejercicio escrito por ‘La Cacica’ fue un extenso ‘Currican’ del habla popular, que ella llevó a ‘Flequetear’ a su máquina de escribir para convertirlas en una ‘Carrandanga’ de letras, las cuales hace 32 años fue todo un suceso. Ahora, no hay derecho a ‘Zabaliarse’ para leer sus 245 páginas.
Juan Rincón Vanegas
@juanrinconv






