Música y folclor

Rúgero Suárez, el juglar sabanero al que no le tembló la voz ante Enrique Díaz y Miguel Durán

Ramiro Elías Álvarez Mercado

26/10/2026 - 06:50

 

Rúgero Suárez, el juglar sabanero al que no le tembló la voz ante Enrique Díaz y Miguel Durán
Muchos recuerdan a Rúgero Suárez por la contienda musical que sostuvo con Enrique Díaz Tovar / Foto: archivo del autor

 

"El folclor no se sostiene por los aplausos del presente, sino por la memoria de quienes se atrevieron a defender su palabra" (Ramiro Álvarez Mercado)

 

En la música sabanera hubo un tiempo en que las canciones no solo se cantaban: también se peleaban. Un tiempo en el que un verso podía convertirse en una estocada, una puya en una declaración de guerra artística y un disco en un campo de batalla donde la inteligencia, la creatividad, la picardía y el talento se enfrentaban sin más armas que la palabra. En aquella época de acordeonistas bravos, cantores aguerridos y repentistas de imaginación desbordante, surgió un hombre de voz clara, humor contagioso y lengua afilada que jamás le bajó la mirada a nadie: Rúgero Suárez Gamarra.

Hablar de Rúgero Suárez es adentrarse en un capítulo fundamental de la historia musical de la región sabanera del Caribe colombiano. Su nombre suele aparecer asociado a la célebre contienda musical que sostuvo con los maestros Enrique Díaz Tovar y Miguel Durán Olaya, pero reducir su legado únicamente a aquella confrontación sería desconocer la amplitud de una obra que trascendió el enfrentamiento artístico para convertirse en parte esencial de la memoria cultural de toda una región.

Rúgero Suárez Gamarra nació el 2 de diciembre de 1944 en Corneta. Conviene hacer una precisión histórica y geográfica. Para la época de su nacimiento, Corneta pertenecía al municipio de Corozal. Con el paso de los años y las transformaciones administrativas del territorio, pasó a formar parte del municipio de El Roble, en el departamento de Sucre, al norte del territorio colombiano.

Aquella tierra de vocación agrícola y ganadera, donde la vida transcurre entre sembradíos, corrales, caminos de polvo y extensas sabanas, moldeó el carácter y la sensibilidad del futuro compositor. Los grandes autores suelen nacer primero como observadores. Antes de escribir aprenden a mirar. Antes de cantar aprenden a escuchar. Y Rúgero aprendió ambas cosas entre amaneceres campesinos, conversaciones de patio, jornadas de trabajo rural y ese universo humano que más tarde transformaría en canciones.

No resulta difícil imaginarlo contemplando el movimiento cotidiano de la vida sabanera, escuchando las historias de los mayores y absorbiendo las enseñanzas que solo el campo sabe transmitir. Todo aquello fue construyendo una mirada crítica, pícara y profundamente humana que terminaría reflejada en muchas de sus composiciones.

La música le llegó por herencia. Su padre era acordeonista y sembró en él la semilla del folclor. Estudió hasta cuarto año de bachillerato en el Colegio Carmelo Percy de Corozal, pero la vocación musical terminó imponiéndose sobre cualquier otra aspiración. A los diez años ya tocaba el bombo. Más adelante, cuando su hermano Antonio "Toño" Suárez comenzó a ejecutar el acordeón, Rúgero encontró el complemento perfecto para desarrollar sus inquietudes artísticas. Entre ensayos, cajas, cantos y versos nació su primer merengue, titulado "Yolanda", una composición que nunca fue grabada, pero que representó el inicio de una trayectoria destinada a dejar huella en la música sabanera.

Como cantante y cajero realizó sus primeras grabaciones desde muy joven. En trabajos para el Sello Andino de Medellín junto a su hermano Toño, experiencia con la que el grupo se dio a conocerse y así abrirse camino en el folclor.

Posteriormente, grabó para el sello Metrópoli y más adelante integró agrupaciones dirigidas por figuras fundamentales de la música de acordeón, entre ellas Julio de la Ossa, Lisandro Meza y Alfredo Gutiérrez. Aquellas experiencias le permitieron fortalecer su formación artística y consolidar un nombre propio dentro del panorama musical de la región.

En 1963, Discos Fuentes le grabó su primer LP titulado “Noche de Guararé”, junto al conjunto Los Llaneros de Corozal. Dos años después, Discos Tropical de Barranquilla produjo Fiestas en Sincelejo, ampliando así una discografía que hoy forma parte de la historia musical del Caribe colombiano.

Ese mismo año contrajo matrimonio en Corneta con Yolanda , compañera de vida con quien formó un hogar y tuvo cuatro hijos.

En 1969, llegó a Sahagún para cumplir un compromiso musical. Lo que parecía una visita temporal terminó convirtiéndose en una decisión definitiva. Algunos amigos le hablaron de la hospitalidad de sus habitantes, de la convivencia tranquila y de las oportunidades que ofrecía aquella tierra cordobesa. La idea comenzó a crecer hasta que, pocos días después, organizó la mudanza junto a su familia. Desde entonces, Sahagún lo acogió como uno de sus hijos adoptivos y él correspondió entregándole buena parte de su talento, de su obra y de su vida.

La libertad creativa que siempre defendió y una personalidad marcada por la espontaneidad terminaron convirtiéndolo en una figura entrañable dentro de los círculos folclóricos. Era un hombre sencillo, luchador y alegre. Poseía un extraordinario sentido del humor y una capacidad poco común para improvisar versos, contar anécdotas, hacer reír y convertir cualquier reunión en una auténtica fiesta de la palabra.

Quienes compartieron con él recuerdan que en sus parrandas nunca faltaban la ocurrencia ingeniosa, la respuesta rápida ni el comentario agudo. Su voz clara y pegajosa encontraba siempre el camino para ganarse la atención de quienes lo escuchaban.

Sin embargo, sería su talento para los versos y el repentismo lo que terminaría inmortalizando su nombre dentro de la historia del folclor.

Muchos recuerdan a Rúgero Suárez por la célebre controversia y contienda musical que sostuvo con Enrique Díaz Tovar, conocido como El Tigre de Marialabaja, y con Miguel Durán Olaya, recordado como El Pollo Caucano. Aquella confrontación artística encendió emisoras, tocadiscos y conversaciones en todo la Costa Atlántica durante la década de los setenta.

Según la tradición oral de la región, el origen de aquella disputa se remonta a una parranda realizada en Planeta Rica, Córdoba. Allí, la habilidad verseadora de Rúgero llamó poderosamente la atención por la contundencia de sus respuestas y la agilidad de su improvisación. Lo que parecía una simple confrontación de ingenios terminaría convirtiéndose en uno de los episodios más recordados de la música sabanera.

La piqueria adquirió nuevas dimensiones cuando Enrique Díaz grabó el tema "Mi fama está en la calle". Posteriormente llegó la respuesta de Rúgero con "El diccionario", dando inicio a una cadena de composiciones que alimentó una rivalidad artística seguida con entusiasmo por los amantes del folclor.

Con el paso del tiempo, muchos compararon aquella confrontación con las legendarias disputas musicales que forman parte del imaginario popular del Caribe colombiano. Más allá de quién tuvo la mejor respuesta o el verso más afilado, lo cierto es que aquellos enfrentamientos demostraron la riqueza literaria de una tradición donde la palabra improvisada alcanzó la categoría de arte.

Pero sería injusto pensar que la obra de Rúgero Suárez se limitó a aquella célebre contienda musical.

Su repertorio incluye composiciones que reflejan distintas facetas de la experiencia humana. Canciones como María Luisa, La sigo molestando, El decepcionado, Puya sabanera, Divino Niño, Los amigos y Perdieron el equilibrio, muestran a un compositor capaz de transitar por el amor, la amistad, la fe, el humor y las realidades cotidianas de su entorno.

Por supuesto, dentro de su catálogo ocupan un lugar destacado las obras nacidas al calor de la controversia, entre ellas, El diccionario, El bruto es bruto, Cuchareta, El pobre hacendado y El pollo bobo, piezas que aún hoy son recordadas como parte del patrimonio musical y oral de la Sabanas costeña.

La importancia de Rúgero Suárez no radica únicamente en haberse enfrentado a dos figuras de enorme reconocimiento dentro del folclor. Su verdadera grandeza consiste en haber construido una obra propia, una voz auténtica y una personalidad artística capaz de sostenerse por sí misma. La piqueria fue apenas una página de su historia; el legado musical que dejó es mucho más amplio y profundo.

El 1 de octubre de 2009 falleció a los 65 años de edad, luego de enfrentar durante varios años una enfermedad que soportó con admirable fortaleza y estoicismo. Su partida dejó un vacío difícil de llenar en Sahagún, en Sucre y en toda la región Caribe.

Sin embargo, como ocurre con los verdaderos juglares, la muerte solo alcanzó al hombre. La obra permaneció intacta.

Siguen vivos sus versos, sus canciones, sus ocurrencias y su manera particular de entender el folclor. Siguen sonando sus grabaciones, continúan contándose sus anécdotas y todavía resuenan en la memoria colectiva aquellas controversias que ayudaron a enriquecer la tradición musical de las sabanas cordobesas y sucreñas.

Los auténticos maestros nunca terminan de marcharse. Permanecen habitando los pueblos que los vieron cantar, las canciones que dejaron sembradas y la memoria de quienes continúan encontrando en su obra una parte de la identidad cultural del Caribe colombiano.

Y allí permanece Rúgero Suárez Gamarra: cantante, compositor, cajero verseador y hombre de pueblo; el sabanero que convirtió el verso en desafío y que jamás permitió que le temblara la voz ante El Tigre de Marialabaja ni ante Pollo Caucano. Un artista que entendió que la palabra, cuando nace del folclor, también puede convertirse en eternidad.

 

Ramiro Elías Álvarez Mercado

Sobre el autor

Ramiro Elías Álvarez Mercado

Ramiro Elías Álvarez Mercado

Una copa de folclor

Nacido en Planeta Rica, Córdoba, el 14 de octubre de 1974, radicado en Bogotá hace casi tres décadas. Amante de la lectura, los deportes, la escritura, investigador nato de las tradiciones, costumbres, cultura, música, folclor y gastronomía del Caribe colombiano. 

Estudió coctelería, bar, etiqueta y protocolo con dos diplomados en vinos y certificación de sommelier, campo profesional en el que tiene más de 20 años de experiencia. 

Escribe de manera empírica, sobre fútbol y otros deportes, vinos y todo lo relacionado con el tema, así como publicaciones en distintos medios sobre cultores de la música vallenata y de otras expresiones musicales que se dan en el Caribe colombiano. Sus escritos han sido publicados en distintos medios virtuales.

Desde temprana edad le ha gustado escribir, sin embargo, fue en Bogotá, muy lejos de su terruño, que se le despertó ese deseo incesante de recrear las semblanzas de personajes que han hecho un aporte significativo al vallenato y otras expresiones musicales de la Costa Atlántica de Colombia.

@RamiroEAM

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