Música y folclor
Alberto Mojica: el MP4 de nuestros recuerdos

El río Magdalena pasa lento frente a Tenerife, como un saurio milenario hastiado de escuchar tantas historias, y, en su lánguido tránsito, va engullendo, una a una, sus penas. Mientras tanto, el maestro Alberto Mojica, desde la orilla, rodeado de amigos y entronizado en los vestigios de la Casa del perdón, con su sencillez intacta, voz y guitarra, las arrulla.
Albert, canta "Tenerife, historia y folclor" —de la autoría de Hernán del Portillo Vega— elocuente radiografía musical de nuestra historia y de nuestro folclor, y nos eriza el alma.
—Compa, mándese a buscar otra botella que esto va pa” largo.
Alberto Rafael Mojica Arias, el popular Albert Mojica, nació en Tenerife, un 20 de septiembre de 1963, en una casa de palma y bahareque, a la vera del río, en el hogar de Enrique Antonio Mojica Vargas y Luisa Catalina Arias Moreno. Séptimo entre nueve hermanos, casado con Yomaira Márquez Arrieta; de esa unión nacieron cuatro hijos —Yina Marcela, Ivana Marcela, Lina Marcela y Jesús Alberto— y antes, fruto de una historia primera, Jorge Leonardo Mojica Vega.
De no mediar esas vainas de la vida, al cuarto lo habría llamado Jesús Marcelo, rememorando al médico Gabriel Beltrán y a Beatri con sus Gabrielas y Gabriel Gabriel, mi ahijado.
Estudió primaria en la Escuela María Auxiliadora y el bachillerato en el Simón Bolívar, le agradece a la seño Cecilia Chiquillo y al profesor Pedro Dede, fallecidos, su incentivación en su actividad musical.
Canta, toca guitarra, clarinete, saxofón, adicional nos ilustra: “me conozco el manejo de cada uno y sé cómo se le puede sacar las notas a la trompeta, a los trombones, el bombardino...”.
Su vocación musical le viene de los Vargas, me confirma. Aprendió los primeros acordes de la guitarra con Ever Ordoñez Gutiérrez, Everito, quien estaba asentado en Valledupar y pasaba sus vacaciones en Tenerife, y el resto lo pulió con un método que le facilitó el profesor Martín Barrios.
“Mi primera guitarrita me la regaló mi hermana María Concepción, la popular “Sión”, ya fallecida, y yo andaba todo hazañoso tocando, pero puro vallenato, hasta que fui a tocar una fiesta en el colegio, y el profesor Pedro Dede —que en paz descanse, a él le debo mucho— me dijo que tenía que aprender música para todos los gustos. Seguí sus consejos y aquí estoy y por eso algunos me dicen el MP4 porque yo manejo varios tipos de música, varios géneros.”
En 1996, visitó Tenerife, el excelentísimo Ricardo Melchior Navarro, entonces presidente del Cabildo Insular de Tenerife, España. Deslumbrado por las cualidades artísticas de Albert, le ofreció viajar al País Ibérico para desempeñarse como instructor musical: "Joder, tío, solo tenéis que llevar los calzoncillos, que nosotros corremos con todo". Albert, entusiasmado al principio, declinó a última hora el viaje. "Joda, si yo le cojo la caña a ese man, otra fuese mi historia", se lamenta.
De sus incursiones musicales
De la banda San Luis Beltrán a la Orquesta sabor Caribe
Con el paso del tiempo, la vieja banda de vientos de Tenerife se fue extinguiendo. Para darle continuidad, desde los noventa se gestó una nueva banda, la "San Luis Beltrán", en honor al patrono, fiestas que se celebraban en octubre y luego migraron a enero, a San Sebastián, "La Mamonúa".
“El proceso duró varios unos años porque a aquí en Tenerife, las cosas se pusieron difíciles, y a los interesados nos tocó buscar otras alternativas para subsistir, la pesca y la playa fueron nuestra redención” me cuenta Albert.
“De esa primera camada estuvimos muchos —los Orozco, los Mercado, Edilberto Herrera, Carlitos Bula, entre otros—, pero al final solo quedamos tres: Adolfo Moscote, Javier Hernández y mi persona, que somos la base de la banda y ahí nos reforzamos cuando hay un toque.”
“Con la banda hemos recorrido media Colombia, fuimos hasta Ortega-Tolima, como cuatro años; Barranquilla, Santa Marta, Cartagena, Aguachica, Valledupar y La Jagua de Ibirico, donde en dos ocasiones ocupamos el segundo lugar en el festival de música vallenata de bandas, sin meter todas las fiestas patronales de la región…” “Y ahí estamos ¡Pa” las que sea!”, finaliza con satisfacción.
De esa banda musical se deprendió una orquesta con matices tropicales que se denominó “Sabor Caribe” y la cual persiste exitosamente. “Inicialmente los cantantes éramos Jorge Mario Chamorro Marimón, y yo, recién nos reforzamos con Jorge Luis “El Pitu” Luna y estamos tocando bastante”
Rompiendo el sol
“En los inicios de Ricardito Ramos, nos juntamos en un ejercicio musical. Estaba José Barrios, "El encuero" —fallecido—, hermano de Pablito, en el acordeón. En las voces principales "El Niño" Polo y yo; Alex Herrera hacia la segunda voz. El nombre del grupo fue idea de Alex. Fue una experiencia bonita.” anota con un dejo de nostalgia.
El cuarteto Caribe
Agrupación de música ranchera conformada en 2001 por dos guitarras y dos trompetas: “Pusimos full serenatas y amenizamos un poco de cumpleaños, el padre Simón decía que él era el de las rancheras, quedé a cargo de las guitarras junto a Alvis Munive, las trompetas Julio Mercado y Javier Hernández”. Alvis se fue al exterior y el padre falleció; se reintegraron con Diego Jiménez Barrios, “Diego Mon”, guitarra y Deiber Olivera, trompeta. “A la orden para cualquier serenata” me dice.
Catalogado por los amigos —con esa hipérbole cariñosa de pueblo— como el MP4, por la multiplicidad de canciones que atesora su memoria; durante largos lustros, su guitarra y su voz, han sido la compañía cimera e inefable de nuestras tertulias, serenatas y de incontables parrandas.
Su canto es el vallenato romántico en su estado más puro y raizal; una plegaria a esas musas del pueblo que nos enseñaron a amar y a soñar cuando éramos muchachos.
—Compa, cántese la de nosotros— y Albert entona "La novia del poeta", de Jacinto Leonardi Vega, y en su simbología renace, intacto, el noviazgo que aquella canción eternizó.
Las sombras de una noche parrandera nos devuelven la memoria en oleadas, y ahí está él, en el ayer y en el presente, como un prestidigitador de tiempos buenos.
Fue homenajeado en el Festival de Canción Inédita del Barrio El Carmen (2011), en el cual (2016), obtuvo el primer lugar interpretando “Soy Compositor” de su sobrino Rafael Peña Mojica, y en el Festival de Bandas de Tenerife (10 de marzo 2023), evento apoyado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.
Albert, como tantos artistas de su generación, no cuenta con pensión de jubilación, ni siquiera con el precario subsidio estatal de hacedor cultural. Su día a día depende de su voz y de su guitarra, de sus presentaciones con la banda y la orquesta Sabor Caribe.
Avasallado por los recuerdos, evoco cómo en la terquedad de mis años mozos ignoré los consejos que mi viejo me repetía como una sabia letanía: que al amor, a veces, hay que mirarlo de lejos, porque de cerca nos abre una herida terrible. No fui el único; les pasó igual a varios amigos de adolescencia. Y allí estuvo Albert, con su guitarra y su canto, para curarlas.
El Magdalena persiste en su cauce —sosegado e inmemorial—, ajeno al afán de los hombres, y Albert persevera en su canto, enarbolando su guitarra como un bálsamo antiguo para mitigar las penas de los amigos; pero a veces lo asalta la pesadilla de que aquel mítico saurio que merodea sus orillas, ahora disfrazado de olvido, termine por devorarlo de un solo zarpazo.
Enoc Adolfo Guzmán






