Música y folclor
Nelson Pinedo, la voz de oro de Colombia

Una de las mejores voces colombianas de los últimos tiempos enalteció en la década de los años cincuenta del siglo pasado el nombre de nuestro país al hacer parte, en calidad de cantante principal de la majestuosa Sonora Matancera: ese legendario conjunto de música tropical fundado en 1924 en Matanzas (Cuba) por Valentín Cané (quien fuera su director inicial) y Pablo Vázquez Gobín, Bubú, con una época de oro a cuestas entre las décadas de los años 40 y 50 de la mano del sello discográfico Seeco Records y que por las filas de aquella orquesta de vieja data pasaron, pues, los más grandes solistas cubanos e internacionales de la talla de La Guarachera de Cuba o La Reina de la Salsa (Celia Cruz); El Mustacho (Bienvenido Granda); El Inquieto Anacobero o El Jefe (Daniel Santos); el célebre cantor de la oda, a manera de bolero, Cien mil cosas, Celio González (El Satanás de la Salsa) y otros grandes intérpretes de la canción latina como el argentino, Leo Marini; el puertorriqueño, Bobby Capó; el cubano, Vicentico Valdés y el dominicano, Alberto Beltrán.
Pero dentro de ese grupo de grandes surgió la, __dicen por ahí__, imponentísima presencia física y carismática de Napoleón Nelson Pinedo Fedullo (1928-2016): el nativo de La Puerta de Oro de Colombia (Barranquilla), célebre no solo por ser el primer y único colombiano que caminó por la alfombra roja de La Sonora sino por graduarse como uno de los primeros internacionalistas de los ritmos más representativos de nuestra música en el exterior.
Así, este afamado intérprete de boleros y música tropical que, logró trascender fronteras, nació para cantar. Sobre esto no hay ninguna clase de objeciones.
Se inició en la locución de radio (desde la estación La Voz de la Patria); arte que, de seguro, dominó, desde allí, a la perfección para encaminarse por la senda del canto e, incluso, hasta las instancias del séptimo arte al hacer parte con Celia Cruz y el grupo de La Sonora; Las Mulatas de Fuego; Trío Taicuba; El Mariachi de Miguel Díaz y la Orquesta América de La Habana de la película cubana Una gallega en La Habana dirigida en 1955 por René Cardona con el siguiente reparto principal a su mando: Niní Marshall; el afamado intérprete mexicano de rancheras, Antonio Aguilar; Ana Bertha Lepe; Ramón Rivero; Federico Piñero; Luis de Tejada; Armando Bringuier; Juan José Martínez Casado y Rogelio Hernández.
Porque esa era otra de sus conquistas: incursionar en el cine.
Reitero: ese, __dicen por ahí__, gran atractivo físico que tenía, también lo hizo ser considerado como una estrella naciente en el mundo de las cintas; razón por la cual, al retirarse de manera voluntaria de La Sonora, partió a México, en búsqueda de ese sueño, sin imaginar que un gravísimo accidente automovilístico le truncaría para siempre su carrera en los espacios de las luces, las cámaras y el ¡acción!
Adicional a esto, apartes de este suceso dan cuenta que Pinedo no iba solo en el carro sino en compañía de Irma Dorantes: viuda del icónico cantante y actor mexicano, Pedro Infante, y con quien se rumoraba tenía un romance.
“…Dicen las malas lenguas, Nelson nunca lo negó, pero tampoco lo confirmó…”, asentó hace un buen tiempo atrás su biógrafo personal, Fausto Pérez, mientras el hijo del cantante, Carlos Julio, comentó: “…No sé si hubo amorío. El viejo nunca lo decía…”.
Conocido como El Almirante del Ritmo o El Pollo Barranquillero, Pinedo tuvo su primera experiencia musical en la agrupación de Julio Lastra con la interpretación del bolero Mi cariño.
Históricamente célebre en la música tropical, fue el conjunto musical en Barranquilla que le dio su primera oportunidad profesional ante la ausencia inesperada de su cantante principal; lo que marcó el inicio de su exitosa carrera musical, antes de unirse a La Sonora y a la orquesta de Pacho Galán, sin obviar que Mi cariño, publicado a mediados del año 1948, era todo un éxito internacional, en primera medida, impuesto originalmente por el intérprete Leo Marini al interior de la orquesta de don Américo Belloto Varoni en épocas de la razón musical Don Américo y sus Caribes que, asimismo, contó con la participación de Pinedo (antes de que partiera a Cuba) a efecto de grabar bajo un disco sencillo (en formato de 78 R.P.M.) las canciones del maestro Antonio María Peñaloza ¿Qué es la cosa? y Cumbia del Caribe.
Antes de dar el gran salto internacional hacia Cuba con La Sonora, a finales de los años cuarenta grabó con el conjunto de los hermanos Rodríguez Moreno la versión en bolero del tema Mucho, mucho, mucho: canción popularizada primeramente por el cantante norteamericano, Andy Rusell, y, tras su regreso de Venezuela (luego de grabar Mucho, mucho, mucho), contactó a Antonio María Peñaloza para unirse a su orquesta con el fin de trabajar en las fiestas de los carnavales del año 1951.
Considerando a Peñaloza como uno de los mentores que primero creyó en su talento y le ayudó a impulsarse hacia el éxito masivo, fue en esta orquesta donde Pinedo explotó su máxima versatilidad al combinar sus cánticos o ritmos tropicales con la interpretación de temas norteamericanos e internacionales cantados en inglés, francés, italiano y portugués; al mismo tiempo que estuvo presente en el estreno inicial de los borradores y arreglos del famoso himno del Carnaval de Barranquilla Te olvidé de la autoría de Peñaloza e interpretado formalmente por Alberto Fernández con la orquesta de Curro Fuentes.
Años más tarde el propio Pinedo grabaría e inmortalizaría su propia y célebre versión de este clásico acompañado por La Sonora.
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Pinedo con La Sonora Matancera
La antesala a La Sonora fue con La Casino de Sevilla o Serenata Española durante un viaje a La Habana y en cuyo periplo de seis meses por esos lados grabó para el sello discográfico Panart el chotis madrileño convertido en un gran éxito de radio Monísima, la romanza Entre tus brazos y las baladas Yo te diré y Volverán, volverán.
Y cuando Serenata Española terminó sus contratos en Cuba, Pinedo decidió quedarse. Olfateaba, quizás, un golpe de suerte, tal como sucedió cuando el representante Tito Garrote lo recomendó a La Sonora quienes buscaban con urgencia un reemplazo para El Inquieto Anacobero o El Jefe (Daniel Santos).
En palabras de Fernando Quintero, experto en música tropical, “…La Sonora Matancera era la más importante orquesta del momento. Pegaba en México, en Centroamérica, en Colombia; el sueño de muchos cantantes era ser el vocalista y Nelson Pinedo logró ese sueño…”.
Fue el 9 de octubre de 1953 que Pinedo tuvo su gran debut con la famosa agrupación cubana que nació hace ya 102 años.
Allí, estuvo por espacio de cinco años y medio, hallándose, dentro de sus grabaciones esenciales, las recopilaciones de Canta Nelson Pinedo (Nelson Pinedo Sings) producido por Seeco, en 1958, que contiene las clásicas del maestro José Barros Estás delirando y Momposina, Bésame morenita de Álvaro Dalmar y Me voy pa’ La Habana de Jesús María Peñaranda.
Hecho éste que no solo lo catalogó como el primer intérprete de origen colombiano en La Sonora sino como el precursor de nuestros sonidos en el exterior.
Ejemplo claro de esto es lo afirmado por Jorge Rincón, periodista y documentalista de la vida del cantante, al evocar que en ese entonces “Pinedo se llevó esas partituras e hizo sonar el porro, la cumbia y los vallenatos cuando ni siquiera sonaban acá…”.
En línea con El ermitaño de Rafael Escalona, de la cual el hijo de Pinedo señaló que un grande (como el maestro Escalona) “…tenía mucho agradecimiento por mi padre al haberle llevado su música y su canción nada más y nada menos que a La Habana con La Sonora Matancera…”, aparecen otros registros de música colombiana en El rítmico Nelson (Seeco, 1958) como los porros El barquito marinero de Juan Bautista Galán y El vaquero de José Barros y la guaracha porro El mochilón de Rafael Campo Miranda o la aparición en el LP ¿Quién será? (Seeco, 1962), título del recordable bolero de Pablo Ruiz, en la voz de Pinedo, de El ermitaño y la guaracha porro Mujer celosa de Pacho Galán.
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En continuación con su vida musical, Pinedo fue socio del maestro Galán: creador de un nuevo ritmo musical que denominó merecumbé, un híbrido del merengue de las regiones del norte de Colombia y la cumbia; su primer merecumbé fue Ay cosita linda, que ha sido una de las canciones que traspasó fronteras, y contemplaron llevar a cabo la propuesta El chipichipi (Seeco, 1958), fusionando la orquesta de Galán con La Sonora Caracas: número musical adornado en la voz de Pinedo y que cuenta, entre otras, con los ritmos Si volvieras (baión merecumbé de César Acosta); A mi tierra (guaracha merecumbé de Pinedo); Ven mi vidita (gaita de Pacho Galán); Dame tu cariño (merecumbé de Pacho Galán) y El chipichipi de Gabriel Rodríguez.
En suma, Pinedo fue todo un versátil: de La Sonora a la orquesta de Pacho Galán y de la orquesta de Galán a combinar su extraordinario talento musical con Jesús Chucho Sanoja y su orquesta de solistas; con el Conjunto de La Habana de Alejandro Sosa; en el Tito Rodríguez presents a Nelson Pinedo desde A Latin In America; en la fusión con Nelson Henríquez y su combo o su integración en La Super Orquesta de Venezuela conformada por Nelson Ariza y Nelson Pinedo con el show especial de Vitin Aviles.
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Si ya no es un secreto a voces sostener que El Almirante del Ritmo fue uno de los primeros visionarios en comprender que nuestra música colombiana podía sonar en casi todos los rincones del planeta, sin temor, no tengo ningún tipo de reparos en adherir a la acertada conclusión que Umberto Valverde, autor del libro Memoria de la Sonora Matancera, anotó en el perfil de Pinedo para Salserísimo Perú: “…Nelson con Joe Arroyo son los dos cantantes colombianos de mayor trascendencia internacional, con una trayectoria difícil de igualar…”. (Valverde, s.f.).
En tributo a Napoleón Nelson Pinedo Fedullo (Barranquilla, 10 de febrero de 1928 – Valencia (Venezuela), 27 de octubre de 2016).
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Antonio Navarro Wolff
Ha muerto uno de los principales firmantes, negociadores y líderes del M-19 que sellaron a buen término el Acuerdo de Paz del 9 de marzo de 1990, el último de los tres presidentes de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y, además, uno de los padres de nuestra actual Constitución Nacional.
Aquel hombre no de Pax Bellica sino Verdadera en cuya proclama permanentemente insistía en lo siguiente: “…La Paz es necesaria, pero no es suficiente. Se necesita pedir perdón, dar perdón, y entonces reconciliarse…”.
¡Palabra que sí, Antonio!
Paz en su tumba.
Nicolás Fernando Ceballos Galvis






