Música y folclor

Un concierto de piano con sabor a Cátedra

Johari Gautier Carmona

23/05/2013 - 14:20

 

Rafael Fernández PadillaEn la Iglesia Inmaculada Concepción, un piano eléctrico de marca Privia espera la hora de una cita pública. No todos los días se le ve frente al altar y, por eso quizás, su expresión se parece a la de un piano con temores.

El pianista invitado para la ocasión es de confianza, asegura el organizador del evento (el director de la Casa de la Cultura de Valledupar) y a las 7 y media, el hombre hace su entrada acompañado de algunos familiares y de un aura que invita al regocijo.

El piano se sonroja. Nadie antes se había acercado a él con semejante arrojo y menos para ser tocado en una Iglesia. Además, el artista es de renombre. Nada más y nada menos que Rafael Fernández Padilla: una autoridad musical en Valledupar. Un emblema de la docencia y la investigación en el folclor vallenato y colombiano.

Tras una serie de comprobaciones, miradas y ajustes. El hombre se sienta. Empiezan entonces los inevitables discursos. Un evento sin discursos no es un evento. Sobre todo en una ocasión como ésta, es decir en una ciudad donde no abundan los conciertos de piano clásico.

Las palabras del director de la Casa de la Cultura, Alberto Muñoz, son elogiosas y eso multiplica la expectación del público ya presente. El piano se concientiza entonces de lo que le espera. El encuentro con Rafael Fernández Padilla –uno de los grandes profesores de piano de la ciudad de Valledupar– es inevitable. No hay marcha atrás.

El concierto será majestuoso, sí o sí. No puede ser de otra manera con un intérprete de tan reconocida trayectoria, y además, en la Casa de Dios. Pero antes de que inicie, Rafael Fernández Padilla se alza y, con un entusiasmo auténtico, lleno de idealismo, comenta que lleva cuatro meses preparando lo que ese día va a presentar. “Es un concierto de carácter folclórico –expresa el músico y luego subraya–: ¡pero de folclor puro! Es la esencia del folclor”.

A continuación, el artista explica que ha escogido cinco países: Colombia, Ecuador, Perú, Argentina y Paraguay, y que de esos cinco países, sólo ha seleccionado obras emblemáticas del folclor. “El folclor no es cualquier cosa. El folclor tiene que reunir unas condiciones especiales, como lo tiene la música selecta”.

A estas alturas, el piano Privia sabe que el músico de esta noche no irá por mil caminos. Es un hombre exigente que interpreta la música con un fino oído. El primer tema que sirve de apertura lo confirma: Minué en sol de Ludwig Van Beethoven, una sinfonía que estuvo en manos de la realeza durante más de un siglo, nos explica Rafael Fernández. “Luis XIV lo disfrutó muchísimo y prohibió que el pueblo lo pudiera emplear”.

Empiezan a sonar las notas y el piano se deja guiar en un milagroso viaje. Un pasillo tronador. Un Pasillo más lento. Folclor de Nariño, argentino, ecuatoriano, peruano, paraguayo y, como no podía ser de otra manera, vallenato. Sí, la interpretación de “Confidencias”, el paseo de Gustavo Gutiérrez Cabello, clausura un evento maravilloso que hubiera sido perfecto de ser por un parlante emocionado que, en una esquina de la Iglesia, vibraba con grandilocuencia cada vez que Rafael Fernández Padilla tocaba las notas más agudas del teclado.

Le preguntamos al piano cuál fue su impresión y su respuesta nos dejó claro que nunca se había sentido tan halagado. Ni siquiera le molestó el parlante. Ni tan solo un segundo, porque, de hecho, fue una excusa para ver al maestro alzarse vehemente –como lo haría cualquier virtuoso–  y expresar sus sentimientos en voz  alta. “Yo no toco la música… ¡Yo la siento!””, dijo Rafael Fernández Padilla antes de preguntar al público si seguir con los parlantes o a cappella. Y el resultado fue a Cappella, para mayor deleite del piano… y del público.

 

Johari Gautier Carmona

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